Ser un avatar en Second Life
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Una de las primeras cosas que hacer al entrar en Second Life es volar. La
gravedad es más benévola en los mundos virtuales, y basta con pulsar la tecla E
para desplazarse por los aires a cualquier parte.
Los recién llegados reciben un cuerpo estándar, masculino o femenino. Por
medio de una opción del menú se accede al editor de aspecto, donde se pueden
pasar horas ajustando cientos detalles físicos, desde el color de la camiseta
hasta la longitud de las orejas, pasando por la forma de la cabeza, las manos, o
el pelo. Los usuarios registrados pueden crear o comprar avatares más complejos,
como dragones, orcos o extraños alienígenas.
Cuando se acaban los retoques, es hora de salir de compras. Con la opción 'Find'
(encontrar) es posible teletransportarse a alguna de las muchas tiendas de
Second Life. Allí, por unos pocos 'dólares Linden' hay chaquetas, sombreros,
gafas o, por qué no, alas de ángel o motocicletas Harley Davidson.
Una vez contentos con su aspecto, los ciudadanos del mundo Linden pueden
buscar dónde vivir. La tierra libre es barata, y en principio, con un poco de
paciencia cualquiera puede construir su propia casa. Dentro de Second Life se
incorpora un completo programa de modelado 3D con el que crear cualquier clase
de objeto. Se pueden aplicar texturas a los objetos, para que tengan aspecto de
madera, piedra, metal o cristal, por ejemplo.
Además, hay un lenguaje de programación llamado LSL para que los objetos
interactúen entre sí y con los otros jugadores. Así se define qué ocurre cuando
alguien toca el objeto, choca con él, o se lo pone, si se trata de una prenda de
ropa. Mediante otro programa llamado
Avimator se pueden crear animaciones para que los personajes saluden,
bailen, o den volteretas en el aire.
Abriéndose camino en el mundo
Nada de lo anterior es fácil. Hace falta tener conocimientos de diseño,
tratamiento de imágenes y programación. Pero esto es lo que hace posible que
algunas personas se ganen la vida en Second Life creando objetos o animaciones.
Algunos de los residentes llegan a ganar 8.000 dólares reales al mes con sus
actividades virtuales.
Second Life también tiene sus propios medios de comunicación: el diario
online 'Second Life Herald' y el semanario 'Metaverse Messenger'
Un recién llegado con posibles sólo tiene que cambiar dinero real en 'dólares
Linden', y podrá comprar no sólo un terreno y una casa, sino todos los muebles y
un completo guardarropa. El problema no está en gastar dinero, sino en cómo
ganarlo. Precisamente, una de las críticas Second Life es que sin habilidades
informáticas, es difícil ganarse la vida, con lo que algunos usuarios pueden
tener pocos alicientes para entrar.
Los negocios en Second Life van desde la especulación inmobiliaria, como en
el caso de Anshe Chung, hasta la venta de ropa o animaciones, pasando por los
casinos, el cibersexo y, cómo no, los videojuegos.
Uno de los juegos más populares es Tringo, una mezcla entre bingo y tetris.
Cualquiera puede comprar una copia de Tringo para jugar en privado por 15.000 L$,
unos 30 dólares. Su creador ya ha vendido cientos de copias, y es el primer
juego licenciado en el mundo real, del que pronto habrá una versión para Game
Boy Advance.
Second Life también tiene sus propios medios de comunicación: el diario
online 'Second Life
Herald' y el semanario
'Metaverse
Messenger', además de varios blogs, podcasts, foros y wikis. Todo un
ecosistema de personas que juegan, trabajan e incluso ganan dinero. Su interés y
su esfuerzo son de verdad, aunque sus personajes sólo sean imágenes en una
pantalla.
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Dónde está la acción
En Second Life no falta el juego y la prostitución. Una prostituta virtual
puede ganar hasta 10.000 L$ por semana a cambio de cibersexo (chats con
contenido erótico), aunque necesita adquirir un cuerpo y un vestuario
atractivos, además de animaciones para su avatar y un local donde ejercer.
Para los usuarios que no tengan su propio Tringo, la opción más sencilla para
jugar es dirigirse a uno los abundantes casinos, donde se aceptan apuestas en
'dólares Linden' (que al final, se pueden convertir en dinero real). Otros
juegos en los que corren las apuestas son Slingo, una mezcla entre tragaperras y
bingo, y Blood 21, una especie de blackjack.