
En la mesa de póquer ganamos al imponer nuestra voluntad sobre nuestros oponentes. Intentamos que los otros jugadores vean, suban, o tiren sus cartas en base a nuestras acciones. El
mantra "el póquer agresivo es un póquer ganador" engendra en todos una pequeña máquina guerrera. El mejor de nosotros es
Bruce Lee, mientras que el peor luce más bien como el
Pato Lucas interpretando a
Robin Hood.
¿Pero qué hacer cuando estás en una mesa llena de Bruces o Lucas que derrochan fichas a diestra y siniestra como si mantenerlas mucho tiempo provocase una erupción en la piel? Sin duda, aquellos jugadores que ven reraises preflop con A-9 offsuit causan más frustración que todas las otras enfermedades del póquer juntas. El "call del asno" se eleva desde las mesas Sit & Go de $1 hasta los puestos más altos de los torneos de póquer. Escucha a los pros quejarse de los pequeños stacks y los malos jugadores en los eventos preliminares de las WSOP, y sabrás de qué hablo. Jugadores de todas partes piden a gritos un nuevo estilo de lucha; déjenme sugerir -humildemente- al Aikido como un punto de partida para la inspiración sobre el tapete verde.
Una traducción aproximada de la frase japonesa aikido es "el camino de la armonía con la energía." El Maestro Morihei Ueshiba desarrolló el estilo del aikido a partir del judo y del jiujitsu, incorporando sus filosofías religiosas de armonía y relajación en la vida, en un nuevo arte de lucha. En el aikido el defensor redirige el movimiento y la energía del ataque a su oponente, de manera que se utiliza el mínimo de esfuerzo para infligir el máximo daño. Si tu oponente embiste, tú no te haces a un lado o desvías el golpe, sino que aplicas aún más fuerza en la misma dirección, sacándolo de equilibrio y haciéndolo caer fuera de control. El objetivo es moverse en la dirección opuesta a la esperada por el rival: con él, no contra él.