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Encuentro en El Toboso
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Encuentro en El Toboso

Carlos Rivera

12/05/2004





En septiembre del año 1569 Miguel de Cervantes, que entonces tenía 22 años, tuvo que salir huyendo de Madrid, acusado de herir en duelo a cierto vecino de la capital de España. Supongamos que en su precipitada huida para librarse de la cárcel pasó por El Toboso, aquel lugar de La Mancha donde habría de conocer a cierto hidalgo que solía leer e incluso declamar novelas caballerescas a inciertas altas horas de las noches y a la aún más incierta luz de uno de aquellos candiles de aceite que yo llegué a conocer, siendo niño, cuando se iba la luz eléctrica, lo que ocurría en invierno con bastante frecuencia.
Así que, retrocediendo a ese lugar de La Mancha, pudiera ser que autor y personaje llegaran a conocerse por pura casualidad. Desde la ventana de la fonda donde dormía Cervantes vió, o fue una ilusión de literato, la sombra proyectada en la pared de un señor alto y huesudo que leía en voz alta el "Amadis de Gaula" y el "Tirant lo Blanch" , como si estuviera escenificando las andanzas de tan caballerescas entelequias en un escenario de sombras chinescas. Y es en aquel instante en el que el sueño de un autor en busca de personaje comienza a cobrar vida. Azorín, tan condensado en su lirismo seco, lo hubiera dicho de esta forma: "El señor Cervantes, desde la ventana de su habitación, ha visto a un loco que leía un libro haciendo grandes ademanes". Por lo demás, era frecuente en aquel tiempo y en estos en los que estamos, que en cualquier lugar de la mancha del mundo, cada aburrido pueblo tiene o tuviera su loco o su soñador o como queramos llamarle, que en estos dimes y dieretes suele haber confusiones.
El personaje no estaba inventado. Existía. Otra cosa es lo que quiera hacer un señor que escribe con el personaje en cuestión. Lo cierto es que la novela no estaba programada, aunque Quijano o Quijote estuvieran en esencia esperando a quien le diera forma a esa figura de hidalgo empobrecido de la España de los soñantes. ¿O es que tal vez el personaje estaba buscando al autor como los seis de Pirandello?. Todo es posible. Sólo a los hados puede atribuirse un encuentro tan inesperado.
Por lo que sabemos de Cervantes de aquel año de 1569 en el que hubo de huir de la justicia, es que por diciembre ya había llegado a Italia, país en donde habría de concebir algunos de los pasajes literarios de su Licenciado Vidriera . Hasta entonces había sido un fugitivo. Como después habría de serlo, pues andando el tiempo probaría las penurias de las mazmorras de aquella España atrabiliaria en las que hasta un héroe de la Batalla de Lepanto podría caer por una palabra de más, por un lance de honor o por unos reales sustraídos al erario público.
Lo que no me es dado contar de aquel encuentro que pudo acaecer en El Toboso, aunque me lo imagino, es el hallazgo de la otra criatura que habría de cuidar de la rutina y quehaceres del Ingenioso Hidalgo en sus andanzas caballerescas. Aunque es obvio que entonces, como hoy, sanchos panzas hubiéralos en cantidades desmesuradas en aquel lugar de La Mancha o en cualquier otro, pues de entrar en verdades, por cada loco soñador o andante caballero e hidalgo empobrecido habría tantos sanchos donde acudir como motas de polvo en los caminos que trillara Su Andariega Merced en busca de aventuras contra merlines y otras malévolas criaturas de los sueños en su frágil locura cotidiana.
Pasaron años antes de que Cervantes concibiera, ya en nuestro páramo común del secarral, la historia vertiginosa y mágica que habría de contribuir no sólo a dar lustre a nuestra lengua castellana sino a ensanchar el alma escindida y simbólica de un ser llamado hombre. La criatura inconsciente del Ingenioso Hidalgo y su disímil pareja por los caminos de la vida se forjaron, tal vez, en un encuentro casual acaecido en El Toboso, cuando el autor, camino de Alicante para embarcar a Italia, queda impregnado de aquella visión de las sombras chinescas a la luz de un candil de aceite de los que yo conocí en mi niñez del secano. Quedose aquella visión en la imaginación del fugitivo y fuera su compañera errante por leguas y por años, comiendo la sopa boba de la cárcel, o participando de la libertad de aquel buscavidas llamado Miguel de Cervantes, que queriendo pintar un sueño, retrató a la Humanidad
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Carlos Rivera » Bitácora (2004) » Respuesta

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