Irse de picos pardos
"Andar o irse de picos pardos" tiene el significado castellano de irse de parranda o de juerga con alcohol y mujeres. Esta locución continúa siendo utilizada en España, aunque haya caído en desuso en otros países de habla hispana. Ricardo Palma, en sus “Tradiciones peruanas” hizo referencia a esta locución. "En el Perú de los virreyes – De cómo un príncipe fue alcalde en el Perú (1796) [...] Era el caso que el intendente había autorizado una corrida de toros en domingo, día consagrado al Señor, y el obispo veía en esto mucho de irreligiosa desobediencia [...] El señor Sobrino y Minayo, a pesar de la mitra, era aficionado a la camorra; y tanto que la armó, y gorda, por poner en vigencia una ordenanza de Felipe II, la cual disponía que las hembras de enaguas airadas vistieran, para no ser confundidas con las honestas damas, de paño pardo con adornos de picos, de donde, por si ustedes lo ignoran, les diré que tuvo origen la frase andar a picos pardos". [...]
"El Diccionario de la Academia, en su 3ª. Edición 1791), decía que "Andarse, o irse, a picos pardos" es ‘frase con que se da a entender que alguno, pudiendo aplicarse a cosas útiles y provechosas, se entrega a las inútiles e insustanciales, por no trabajar y por andarse a la briba". En su origen, la frase "irse a picos pardos" o "de picos pardos" significó irse con una mujer de la vida o "moza de partido", y se dijo porque la ley obligaba a las tales a usar "jubón de picos pardos", para distinguirlas de las mujeres decentes.
Montoto, en "Un paquete de cartas", escribe: "Los picos, o los mantos con picos pardos fueron, según leí no recuerdo en cuál autor, distintivo de las mujeres de vida airada, mozas de partido, etc. En tiempos pasados, las tales tenían que vestir como se les ordenaba. Según las Ordenanzas de la Casa Pública de Sevilla, no habían de usar vestidos talares, ni sombrillas, ni guantes, sino una mantilla para los hombros, corta y encarnada".
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