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Balzac, barajando cartas y palabras
Balzac tuvo parte de culpa de que Dostoievski se dedicase a la literatura, pues fue Balzac autor al que Dostoievski veneró y tradujo al ruso. Lo hizo acosado por el fantasma de la ruina, pero con la misma pasión que un aprendiz de jugador le pone al asunto cuando en vez de cartas se barajan palabras. Dostoievski admiraba a Balzac, y hay tanto de Balzac en él que hasta su vida tiene algo de la del Raphaël de “La piel de zapa”. Recordémoslo depositando el sombrero en el guardarropía, dispuesto a perder la última moneda, a jugar contra su suerte, decidido a arrojarse al Sena y todo ello conforme a una ley que protege una pasión que se impone. Contaba Balzac que París se enorgullecía de su Palais Royal, de la misma manera que nosotros, los españoles, nos ufanamos de las corridas de toros, fiesta patria en la que corre la sangre a mares sin que exista peligro de que los espectadores resbalen en ella. Si bien Balzac no era ludópata declarado, toda su vida se la pasó jugando. Murió joven y fue un hombre que se hizo a sí mismo. Nacido Honoré Balzac, prefirió anteponer un “de” al apellido. Lo hizo en nombre de la aristocracia del talento, jugando a trepar por un árbol genealógico negado desde la cuna y que más que árbol fue cucaña.
Balzac conoció la frialdad de los salones y también el calor de las buhardillas; del arroyo a las estrellas y viceversa, se codeó con todo un muestrario de personajes que, una vez plasmados en su obra, le dieron eso que los expertos llaman la profundidad de campo. Balzac se pasó la vida huyendo de prestamistas, saltando de un lado a otro, como en un juego de la oca en el que dejar de escribir significaba dejar de jugar. No olvidemos que era amigo del lujo y de las faldas, sobre todo si estas las llevaba alguna rica heredera, condesa, marquesa, marquesina o entoldada que le pudiese arreglar el futuro. Y así, a contracorriente, Balzac concibió “La piel de zapa”. Luego volveremos a ella, a su protagonista y al talismán que la novela contiene, pero ahora retomemos a Edgar Allan Poe, contemporáneo de Balzac, que junto a este y a Dostoievski creó ese género hoy conocido como novela policíaca.
En la introducción de “Los crímenes de la rue Morgue”, Poe hace alusión al juego, un descarnado balance del ajedrez y las damas, y se inclina por estas últimas, ya que, según explica, despiertan las condiciones mentales necesarias para el análisis. Y a continuación asegura que, si tales condiciones se poseen en grado extraordinario, son una fuente de vivísimos goces. Otra vez el orgasmo, al que se llega ejerciendo una especie de frotamiento con la actividad intelectual, lo que Poe llama desentrañar. Según él, en el juego de las damas el analista puede penetrar en el espíritu de su contrario, poseyéndolo, algo que no puede conseguirse con el ajedrez pero sí con el whist, juego de naipes inglés que produce un goce inexplicable y en el que Poe destacó tanto que lo acabaron echando de West Point.
Fuente : Revista Qué Leer
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Carlos Rivera
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