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Silvia Plath, ¿escritora o amantísima esposa y madre? /Susana Jiménez
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Silvia Plath, entre la literatura y el hogar



Susana Jiménez

Escritora o amantísima esposa y madre? Ése fue el dilema que marcó a la escritora Sylvia Plath (Boston, 1932 - Londres, 1963). Mientras que en España una reciente biografía (La mujer en silencio, de Janet Malcom, publicada en Gedisa) y una Antología (Visor) la vindican, en Estados Unidos sus versos venden menos que su novela autobiográfica, La campana de cristal (Edhasa / Proa). Plath nunca supo que ésta, publicada en 1963, sería una obra capital para las feministas y sustentaría Sylvia, el filme sobre su relación con el poeta Ted Hughes que se estrena hoy en España. Éste es el credo de Plath, mujer, madre y escritora, a partir de otra biografía, Sylvia Plath (Linda W. Wagner-Martin, Circe, 1998), de sus Diarios (Alianza, 1996) y de las Cartas de cumpleaños de Hughes (Lumen / Empúries, 1999).


LA PERFECTA CASADA.

"Sra. de Ted Hughes". Así se dirigió a Plath la editorial Harper & Row en la carta en la que rechazaba La campana de cristal. Ser apelada como feudo de un hombre, aunque fuese uno de los poetas más famosos del momento, avivó su dilema: ¿ser buena esposa o dedicarse a su profesión? La perfeccionista Plath fue la primogénita de una familia culta de origen centroeuropeo que creció entregada a escribir y dibujar (a los 8 años publicó su primer poema en el Boston Sunday Herald). Tras la muerte de su padre, su madre la azuzó para que se convirtiera en un ejemplo de "perfecta chica norteamericana": responsable, trabajadora, esposa y madre.



PRIMEROS ELECTROCHOQUES.

"Conseguir buenas calificaciones" y "atraer a los varones". Éstas eran las aspiraciones de una Plath acostumbrada a los honores académicos que a los 17 años ya escribía poemas, artículos y cuentos para periódicos. Pero sufría también ataques de ansiedad, insomnio y sinusitis. En 1953 tuvo los primeros instintos suicidas tras ser rechazada en un curso literario. Pese a una terapia con electrochoques, una sobredosis de somníferos la dejó inconsciente 48 horas. Con 21 años, y con ayuda psiquiátrica, volvió a la universidad.




MATRIMONIO A PRIMERA VISTA. "

Algún día tendré un marido inteligente", dijo Plath. Pero antes descubrió el sexo con varios amantes. Su "querido y flamante esposo" lo halló en Cambridge, adonde fue becada para estudiar literatura inglesa. La presencia de una norteamericana alta y atractiva en una universidad donde en 1956 la proporción entre hombres y mujeres era de 10 a 1 no pasó inadvertida al futuro poeta laureado Ted Hughes (1930-1998). A los cuatro meses de conocerse se casaron con un plan: escribir y vivir sin responsabilidades hasta triunfar.



AMA DE CASA Y AGENTE.

Comprar y cocinar eran tareas que Plath compaginaba con las de agente literaria de Hughes. Poco tiempo tenía para escribir, y menos cuando en 1957 la pareja volvió a EEUU y ella se puso a dar clases. Al año abandonó. "¿Soy lo bastante buena para ser escritora?", se preguntaba quien había conquistado Granta, The London Magazine y The New Yorker. Fue un periodo estéril, y no sólo literario. Plath llegó a decir: "Querría tener hijos hasta que me llegue la menopausia; he renunciado a ser una intelectual". Pero en febrero de 1960, de nuevo en el Reino Unido y ya embarazada de su hija Frieda Rebecca, firmó el contrato para publicar su primer libro, el poemario El coloso: "Tener hijos me da ímpetu para escribir".




NUESTRA COCINA LLENA DE SOL.


"Te ahogarás cayendo de cabeza en un cuenco de pasta para hacer galletas". Así pensaba la recién casada Plath. Dos hijos más tarde (Nicolas Farrar nació en 1962) afirmó que lo que echaba de menos en la literatura de su admirada Virginia Woolf eran "las patatas guisadas con carne". Por entonces, Plath había cocinado su novela La campana de cristal. "La frustración de la mujer en un mundo de hombres es uno de sus temas --dice Daniel Fernández, su editor en Edhasa--. Pero también es un libro sobre la depresión, entendida como la gran enfermedad del siglo XX". Cuando se publicó, en enero de 1963, su matrimonio ya había fracasado. El romance de Hugues con la poetisa Assia Wevill forzó la separación y lo que Plath definió como sus "mejores" poemas. Algunos están recogidos en la Antología ahora publicada por Visor.




HORNO, LECHE Y MANTEQUILLA.


Víctima de una profunda depresión, la otrora "alegre cocina" de Plath fue el escenario de su suicidio, el 11 de febrero de 1963. Abrió el gas, se arrodilló e introdujo la cabeza en el horno. Antes dejó dos vasos de leche y pan con mantequilla junto a la cama de sus hijos: la perfeccionista Plath no olvidaba detalle. El testimonio de sus últimos días en su diario fue destruido por Hughes para que no lo leyeran sus hijos. En 1998, 35 años después, él dio la versión poética de su relación con Plath en Cartas de cumpleaños. No todo fue olvido.


Fuente : El Periódico de Cataluña
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » El mundo literario » Respuesta

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