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» Cincuentenario de "En la másmédula" de Oliverio Girondo |
En el cincuentenario de “En la masmédula”
Martín Greco
Oliverio Girondo publica en 1954 la primera edición de En la masmédula, un libro con el que rompe todos los faroles de la literatura en lengua española. Es que Girondo era uno que proponía «trasladar al plano de la creación la fervorosa voluptuosidad con que, durante nuestra infancia, rompimos a pedradas todos los faroles del vecindario». Este poeta singular, nacido en Buenos Aires en 1891, es una de las principales figuras de las vanguardias hispánicas. Ramón Gómez de la Serna leyó con fascinación su primer libro, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), lo elogió en las páginas de El Sol, y desde entonces ambos escritores iniciaron una amistad para toda la vida. El siguiente libro de Girondo, Calcomanías (1925), publicado en Madrid, está enteramente dedicado a España. Así ve El Escorial: «Paradas en lo alto de las chimeneas, / las cigüeñas meditan la responsabilidad / de ser la única ornamentación del monasterio, / mientras el viento que reza en las rendijas / ahuyenta las tentaciones que amenazan / entrar por el tejado». No es de extrañar que Ramón lo llamara «maestro en visiones escuetas y blasfematorias». En 1932 Girondo alquila un coche fúnebre sobre el que pasea por las calles de Buenos Aires un espantapájaros vestido de académico para promocionar su libro Espantapájaros, que comienza de este modo: «No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! –y en esto soy irreductible– no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar». Pasan veinte años, y Girondo publica otros libros en los que parece haber serenado su furor vanguardista. Pero en 1954 da a conocer En la masmédula, y entonces hasta los amigos más cercanos creen que se ha vuelto loco. Allí el poeta rompe con las convenciones del lenguaje y la literatura de su tiempo. Todo es revolución en este libro. Uno de sus más famosos poemas es «El puro no»: «El no / el no inóvulo / el no nonato / el noo / el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan / y nooan». Las palabras se fusionan potenciando su sentido. Así, en «Lumía», uno de los más intensos poemas de amor de nuestra lengua, leemos: «mi lu tan luz tan tú que me enlucielabisma / y descentratelura / y venusafrodea». El poema, escribe Girondo, tiene que ser «ignífero superimpuro leso / lúcido beodo / inobvio». Y para justificar su experimento único con el lenguaje, afirma: «Viejas prostitutas con olor a mercado o perfumadas hasta la náusea, las palabras nos traicionan con tanta frecuencia que hay que consentir en que cornifiquen o cometer, con ellas, todos los adulterios y todos los incestos imaginables». Como Whitman o Guillén, Girondo aumenta el número de poemas en las sucesivas ediciones de su libro. Muere en 1967, en medio del silencio y la incomprensión. Ahora, sin embargo, a 50 años de la primera edición, En la masmédula ha conseguido el reconocimiento unánime de los especialistas y la felicidad de cada nueva generación de lectores que lo descubre. Antes de morir, el poeta dejó una versión grabada de su libro. El curioso lector puede buscarla en la red y sucumbir al rítmico hechizo de la poesía de Oliverio Girondo
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Carlos Rivera
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