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LA TETA Y LA GUERRA

CARLOS RIVERA 11/02/2004



La teta de la hermana del indefinible Jackson se ha convertido en piedra de escándalo para los meticulosos puritanos de Estados Unidos. En ese país que fue ejemplo ecuménico de la libertad sólo queda la estatua consagrada a la misma en el estuario del Hudson, como recordatorio. Está todo tan confuso en estos tiempos que Estado y Religión parecen confabularse, en Oriente y en Occidente, en su objetivo de implantar un nuevo oscurantismo en las conciencias de los individuos y, lo que es peor, en el significado de la palabra democracia. En la final de la Superbowl ya se tomaron las primeras medidas de emergencia. En la ceremonia de la próxima entrega de los Oscar las cadenas de televisión del gran país confuso van a restaurar, con todo desparpajo, la censura sin máscaras. Los obispos, aquí, juegan a convertirse en políticos, mientras en Norteamérica los políticos retroceden al Medioevo. Un hermosísimo pecho de mujer se considera obsceno. No así la muerte por guerras o por hambre. Y de esta manera la demencia obsesiva que rige los destinos de los gobiernos que ya no saben como justificar la matanza no audible, no visible de ciudadanos iraquíes, volverá a gobernar, si no logramos evitarlo, emulando a cualquier ayatolá conocido, acabando de violar, aquí y allá, el cuerpo ya corrupto de la llamada democracia. Visto lo visto y esperando lo que nos espera y mintiendo como nos mienten y en manos de barandas autoritarios, sólo nos queda volver los desamparados ojos al significado de la vieja Europa de la razón y de la duda para que nos conserve la lucidez mental. Todo empezó con una guerra. Todo puede acabar con una teta. Las religiones ciñendo con su camisa de fuerza a las conciencias pusilánimes harán el resto del trabajo. Por estos lares nuestros, significados monseñores como García Gascó y Cañizares aconsejan no votar a aquellos partidos que "rechazan la religión en las escuelas y sólo admiten la enseñanza estatal". No hace falta que le pongan nombre al partido de sus preferencias. Está muy claro. Tan claro como la injerencia de los monseñores en las leyes, aconsejando corporativamente a jueces y abogados que no elaboren sentencias de divorcio. Tan claro como considerar "desvío de conducta" la de los gays y lesbianas. O la manía de insistir en que los casos de violencia de género se producen mayoritariamente entre parejas de hecho y no en las unidas por lo que consideran "sagrado vínculo del matrimonio". Todos los monseñores --¿habrá alguno que se salve?-- están absolutamente convencidos de que los males de este perro mundo tienen un mismo origen: lo que ellos llaman "revolución sexual". Sirva la religión, como siempre ha servido, de camisa de fuerza, al par que la política, unidas en la misma coartada de perpetuarse en el poder de este mundo a base de mentiras y de chantajes morales. Y nos creíamos ciudadanos libres. Ya no saben donde meterse los que cometieron el gran desacato de la guerra de Irak contra millones de conciencias, contra millones de opiniones contrarias. Se exculpa la CIA. Se exculpan los buscadores de armas de destrucción masiva que, curiosamente, sólo las poseen en increible magnitud los que siguen buscándolas. Y, sin embargo, tanto sarcasmo, tanto cinismo, no pone en vilo a las conciencias de los que siguen y seguirán votándolos. Eso sí: cuando un hermoso pecho de mujer se exhibe para gozo de los ojos, ellos lo consideran violencia obscena, no comparable con la de Alí, el desgraciado niño simbólico de la guerra de Irak, con sus miembros amputados. La teta es lo perverso. Perversa continua siendo la mujer para los ayatolás, políticos y religiosos, de este mundo increible. Y los que debían predicar con el ejemplo de la tolerancia, la sensatez y la cordura, ordenan y ejecutan las intolerantes políticas, las intolerantes leyes y las intolerantes pastorales de familia. Me gustaría glorificar al pecho desnudo de la Jackson como modelo de libertad provocada antes de que nos envuelvan, de nuevo, la Edad Media y la Contrarreforma y los clérigos metidos a políticos y los políticos metidos a clérigos, acaben con lo que queda de la democracia como valor universal del hombre. Al paso que vamos, puede tardar otra legislatura de Bush, de Blair y de Aznar-Rajoy.
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