.       Esta pagina se actualiza de nuevo el 10 de enero de 2009
Fragmento de “Los alimentos terrestres” de André Gide
 Novedades
- La chinita, de Alba María Barreiro
- Histeria de España
- Cuentos de Gianni Rodari
- Primer capítulo de “El viaje del elefante”, de José Saramago
- George W. Bush ante el pavo de plástico, de M.Vicent
- Instantáneas poéticas
- Los maestros antiguos (fragmentos), de Thomas Bernard
- De políticos y tontos
- “En común”, de Edgar Bayley
- Una difícil esperanza
- Algunos poemas de Edgard Bayley
- Años de libertad. Edgard Bayley
- "Pijoaparte"
- Perséfona (fragmento)
- Un texto sobre André Gide
- Fragmentos del “Diario” de André Gide
- Fragmento de “Los alimentos terrestres” de André Gide
- André Gide : la profundidad de la piel
- Contra el olvido
- Poesía para el país


Inicio » Escrituras

  Versión Imprimible

» Fragmento de “Los alimentos terrestres” de André Gide
Fragmento de “Los alimentos terrestres” de André Gide



Yo viví en la dulce y perpetua espera del azar. Comprendí que la sed de disfrutar que nace en cada momento de voluptuosidad, se anticipa al gozo, de la misma manera como existen respuestas listas para cualquier pregunta. Fui feliz cuando las fuentes de agua me revelaron que tenía sed, y cuando estando en pleno desierto (donde la sed no se puede saciar), preferí, a pesar de todo, la fuerza febril que me inspiraba el furor del sol. Ciertas noches hallé oasis maravillosos que el deseo acumulado durante todo el día hacían más frescos aún. En la extensión de arena golpeada por el sol y como adormecida por un gran sueño - el calor era tal que vibraba en el aire - sentí el pulso de la vida, una vida que no podía dormir, que se desvanecía de tanto temblar en el horizonte, y que estaba henchida de amor a mis pies. Lo único que buscaba día a día, minuto a minuto, era hallar la manera más pura de penetrar la naturaleza.
Había recibido un don, preciado, el de no poner mayor freno a mi ser. Recordar el pasado influyó en mí sólo para dar unidad a mi vida: era como el hilo de Teseo que lo unía a su antiguo amor pero que no le impedía atravesar los paisajes más desconocidos, aunque al final, el hilo terminara por romperse. Qué increíbles involuciones! Por las mañanas, yo saboreaba en mis caminatas la presencia de una nueva existencia, el nacimiento de mi percepción. "Oh! poeta, exclamaba, tú tienes la facultad del descubrimiento perpetuo". Estaba totalmente receptivo. Mi alma era un albergue acogedor en el cruce de los caminos y recibía todo lo que se dejara captar. Me dejé buenamente convertir en un ser dócil, capaz de escuchar, al punto de no pensar en lo absoluto en mí mismo, de comprender todas las emociones que se presentaban delante de mí. Logré aplacar todo impulso de reacción hasta ya no considerar nada como algo malo y no tener que protestar por una nimiedad. Me di pronto cuenta además, que en mi apreciación de lo bello había también espacio para la fealdad.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Escrituras » Respuesta

Envía este artículo a un amigo CLICK AQUÍ

 
Córdoba
Ciudad europea de la cultura 2016
"El saber SI ocupa lugar"
Copyright 2004 ElPelaO.com


Estadisticas web // -->
Estadisticas de visitas
 

Respuesta2.0.1