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Columnas de humo


La reina opina, el gobierno asiente

05/11/2008

CARLOS Rivera

Las opiniones de la reina de España expuestas en el libro de Pilar Urbano tienen una evidente gravedad: han roto, con intención o sin ella, el principio básico de neutralidad de la monarquía española y, aunque nadie debería discutirle el derecho a manifestar su ideología personal, también está obligada a callar lo políticamente incorrecto. ¿Cabe preguntarse si la pluralidad ideológica del Estado debería asumir esas opiniones como propias de una persona y no de una reina de España, como parece entender el Gobierno en su defensa a ultranza de las opiniones de Doña Sofía ? Pienso que no, ya que con tal posición en defensa de lo indefendible el Gobierno parece dar vía libre para que cualquier miembro de la familia real se explaye, de ahora en adelante, con opiniones propias que puedan crear influencia de opinión en la sociedad española ante el desarrollo de las leyes sobre temas controvertidos que puedan emanar del Parlamento.
A nadie debería sorprender que a Sofía de Grecia, educada en los principios más radicalmente opuestos al laicismo de Estado, le haya salido esa frivolidad de dudar del orgullo gay, del que no creo verdaderamente que se sientan ni ellos ni ellas tan orgullosos. Por lo que sé, ese orgullo gay es un arma política para luchar contra la homofobia y la marginación de los homosexuales, un símbolo de esa lucha que han sostenido para obtener unos derechos civiles que nadie, ni siquiera la reina de España, debería negarles. Otra cosa es lo que ella considere en su fuero interno. La palabra "matrimonio" con la que el Parlamento español reconoció uno de esos derechos, el de la unión civil entre personas del mismo sexo, no es exclusiva de ninguna ideología religiosa. Por otra parte me llama la atención que una persona supuestamente tan ilustrada como la reina sea capaz de juzgar a las personas por su orientación sexual y que se desprenda de sus palabras no solo ese prejuicio, sino la intencionalidad de reprimir un derecho civil, llámese como se llame, coyunda o matrimonio. Lo más grave de esas manifestaciones de Doña Sofía, por muy católica u ortodoxa en el sentido religioso y de derechas en el sentido político que sea la reina, es que no solo rompen el principio de neutralidad de la monarquía, sino que interfieren en una ley aprobada en el Parlamento que representa a todos los españoles. Le ha faltado a tan ilustre señora el talante exquisito que se le suponía, el tacto que también se le suponía y la mano izquierda con la que una persona de la realeza española debe tratar a los que considere sus súbditos, entre los que figuran los homosexuales. A los que no nos consideramos sus súbditos, sino ciudadanos libres, deberían traernos al pairo las opiniones de una persona de la realeza, ese privilegiado sector socialmente tan desprestigiado por sus comportamientos personales a lo largo de la historia. Podríamos enumerar tantos escándalos reales como vicios endogámicos en las distintas monarquías europeas. Con sus opiniones personales la reina no solo ofende a un sector de la sociedad, sino a cualquier ciudadano que la mantiene a ella y a su distinguida familia con sus impuestos. Esa falta de tacto debería exigir, por parte del Gobierno de España, una rectificación y una disculpa pública. El Gobierno no se las ha exigido, aunque sí deberían exigírselas los homosexuales y lesbianas, las mujeres obligadas a abortar por diferentes circunstancias y todos aquellos que creemos que la religión es un asunto privado y no debe imponerse en las escuelas, salvo en las escuelas católicas privadas, no en las concertadas y públicas mantenidas con el dinero del Estado, es decir, de todos los españoles, católicos o no. Pues opina la reina que los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida, por lo que se supone que apoya la teoría creacionista y que el origen de la vida no tiene otra explicación. Por lo que supongo, solo supongo, que tan ilustre señora también debe estar en contra de esa denostada disciplina de la derecha española que es la asignatura Educación para la Ciudadanía.
Es obvio que la reina ha tomado partido, se alinea políticamente en temas como el de las uniones gais, el aborto o la imposición de la religión católica en las escuelas con el sector más reaccionario de la derecha española. Y, a posteriori, con el desmentido de la Casa Real y el apoyo implícito del Gobierno, crea una víctima personal, la periodista Pilar Urbano , cumpliéndose con el viejo cliché de dejar en mal lugar al mensajero.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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