Angeles Mastretta
*Referencia : www.monmouth.edu/~pgacarti/M_Mastretta_Angeles.htm
Nace en Puebla, México, el 9 de octubre de 1949. Angeles Mastretta es también periodista egresada de la Escuela Nacional de Estudios Políticos de Acatlán, sector de ciudad de México, de la que es catedrática. Colabora con la revista Nexos, Excelsior, Unomásuno, La jornada, Proceso y Ovaciones.
Ha publicado:
Novelas: Arráncame la vida (1985), Mujeres de ojos grandes (1990), Puerto libre (1993), Ninguna eternidad como la mía (1999).
Poesía: La pájara pinta (1975)
Premios: Mazatlán de literatura por Arráncame la vida (1985), Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en su X edición, por su obra Mal de amores. Angeles Mastretta es la primera mujer en ganar el Rómulo Gallegos.
En Arráncame la vida, a través de los ojos de Catalina, muchacha ingenua, casada con un general, Angeles Mastretta denuncia la corrupción del poder en la sociedad mexicana. Mal de amores habla de una pasión entretejida a la historia de un país, de una guerra, de una familia, de varias vocaciones desmesuradas. Estructurada en 29 capítulos y narrada en tercera persona, la novela se presenta como una historia de amor. La familia Sauri es el centro del relato y sirve para presentar un panorama político muy de fondo. Nos encontramos con personajes femeninos muy fuertes en medio de acontecimientos épicos. Lo que los caracteriza es su habilidad para estar atentos a tantos aspectos de la realidad con un tipo de percepción tan femenino de lo latinoamericano, algo tan sacudido en la historia, que hay tiempo, ternura e imaginación para sobrellevar esos acontecimientos. De su obra dice la autora: "Escribiendo Mal de amores, me subí a los trenes de la revolución, me hice médico, curandera, adivino, aldeana, general, cura, librero, guerrillera, amante de un hombre que me necesita y de otro que no sabe lo que quiere. Ahora, que la novela se ha quedado en manos de otros me ha tomado una nostalgia de todo ese mundo entre álgido y beatífico en que viví mientras la escribía, echando maldiciones, durmiendo mal, abrumando a los otros con el pesar de quien un día sí y otro también, se siente perdida en una realidad extraña que quién sabe cómo la atrapó y cuando pensará soltarla". Ninguna eternidad como la mía es un relato breve pero amplio en su hermosura. Cuenta la historia de Isabel Arango nacida en la costa, pero que ya en plena adolescencia insiste en que la dejen irse a estudiar a la Ciudad de México. Entre llantos para allá parte, justo al comienzo de la segunda mitad del siglo, camino a una ciudad que le recibe con sus peligros y seducciones.
Fragmento de “Mujeres de ojos grandes”
Cuando la tía Carmen se enteró de que su marido había caído preso de otros perfumes y otro abrazo, sin más ni más lo dio por muerto. Porque no en balde había vivido con él quince años, se lo sabía al derecho y al revés, y en la larga y ociosa lista de sus cualidades y defectos nunca había salido a relucir su vocación de mujeriego. La tía estuvo siempre segura de que antes de tomarse la molestia de serlo, su marido tendría que morirse. Que volviera a medio aprender las manías, los cumpleaños, las precisas aversiones e ineludibles adicciones de otra mujer, parecía más que imposible. Su marido podía perder el tiempo y desvelarse fuera de la casa jugando cartas y recomponiendo las condiciones políticas de la política misma, pero gastarlo en entenderse con otra señora, en complacerla, en oírla, eso era tan increíble como insoportable. De todos modos, el chisme es el chisme y a ella le dolió como una maldición aquella verdad incierta. Así que tras ponerse de luto y actuar frente a él como si no lo viera, empezó a no pensar más en sus camisas, sus trajes, el brillo de sus zapatos, sus pijamas, su desayuno, y poco a poco hasta sus hijos. Lo borró del mundo con tanta precisión, que no sólo su suegra y su cuñada, sino hasta su misma madre estuvieron de acuerdo en que debían llevarla a un manicomio.
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