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Filosofía en “La montaña mágica”
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Filosofía en “La montaña mágica”


*Texto de Raul Luceño


*Referencia : www.narrador.es/blog/2008/01/19/la-filosofia-de-la-montana-magica



“El hombre no sólo vive su vida personal como indivuduo, sino que, consciente o inconscientemente, también participa de la de su época y de la de sus contemporáneos, así que, por más que considerase las bases generales e impersonales de su existencia como bases inmediatas, dadas por naturaleza, y permaneciese alejado de ejercer cualquier crítica contra ellas, como era el caso del buen Hans Castorp, era muy posible que sintiese su bienestar moral ligeramente afectado por sus defectos. El individuo puede tener presentes toda clase de objetivos personales, de fines, de esperanzas, de perspectivas, de los cuales extrae la energía para los grandes esfuerzos y actividades; ahora bien, cuando lo impersonal que le rodea, cuando la época misma, a pesar de su agitación, en el fondo está falta de objetivos y de esperanzas, cuando ésta se le revela como una época sin esperanzas, sin perspectivas y sin rumbo, y cuando la pregunta sobre el sentido último, inmediato y más que personal de todos esos esfuerzos y actividades - pregunta planteada de manera consciente o inconsciente, pero planteada al fin y al cabo -, no encuentra otra respuesta que el silencio del vacío, resultará inevitable que, precisamente a los individuos más rectos, esta circunstancia conlleve un cierto efecto paralizante que, por vía de lo espiritual y moral, se extienda sobre todo a la parte física y orgánica del individuo. Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable que rebase la medida de lo que comúnmente se practica, aunque la época no puede dar una respuesta satisfactoria a la pregunta < <¿para qué?>>, se requiere bien una independencia y una pureza moral que son raras y propias de una naturaleza heroica, o bien una particular fortaleza de carácter. Hans Castorp no poseía ni lo uno ni lo otro, y no era, por lo tanto, más que un hombre mediocre, eso sí, en uno de los sentidos más hermosos del término”. (La Montaña Mágica. Thomas Mann. Páginas 50 - 51. Editorial Edhasa)

Las diferentes y generalmente positivas impresiones que siempre había leído acerca de ‘La Montaña Mágica’ de Thomas Mann, junto con el fragmento que aportó hace casi dos meses nuestro colaborador Antonio Senciales en una entrada homónima a la obra del escritor alemán, así como el hecho de haber sido uno de los libros que observé leía algún que otro pergrino en el Camino de Santiago, tal y como apunté en mi post ‘Literatura Peregrina’, han hecho que uno de los títulos solicitados a los Reyes Magos de Oriente sea éste, regalo con el que los monarcas aceptaron complacerme.
Cuando hace unos días inicié su lectura, me encontré con un estilo muy marcado, en tercera persona, que me ha recordado, por momentos, a los cuentos clásicos, entretenido y sencillo. Tras situar al lector en el objeto de la obra (las, en principio, tres semanas de su protagonista, Hans Castorp, en un enclave de la alta montaña) y hacer un exhaustivo repaso a su biografía, me encuentro ayer, al llegar a la página 50, con el párrafo que les he transcrito al comienzo de esta entrada.
Tras releerlo varias veces, empiezo a darme cuenta, a una altura tan temprana, el por qué ‘La Montaña Mágica’ es uno de los libros más importantes de todos los tiempos; empiezo a ver la capacidad de su autor, Thomas Mann, de explorar, profunda y agudamente, en la condición humana.
Entiendo que ‘La Montaña Mágica’ encierra una base filosófica e intelectual mucho más allá de avatares transalpinos, de declaraciones amorosas (como la que nos acercó el estimado Senciales) y de cuentos clásicos. El fragmento presentado mantiene una vigencia y un sentido tremendo en su época (’La Montaña Mágica’ fue escrita en 1924), en la actualidad y, seguramente, en el futuro.
No sé si estoy exagerando cuando apenas he traspasado el centenar de páginas de un libro que cuenta con más de mil. Sea como fuere, pronostico que ‘La Montaña Mágica’ no me va a dejar indiferente y no me extrañaría que vuelva a aparecer por aquí, en jornadas venideras, con algún fragmento más de esta obra.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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