Inspiración bíblica en la muerte del leproso
*Texto de J. L. Alós Rivera
En su novela "del vivir", resalta la figura de don Hermenegildo Poquet, hijo de un antiguo médico del lugar, de quién aprendió a despreciar los peligros del mal pegadizo, y a penetrar en esas vidas miserables... Cuenta, G. Miró, que los leprosos –al enfermar– reciben la visita del señor Poquet, en quien depositan sus ansias y recelos. Y, cuando se sienten morir, en su agonía le llaman. De manera que don Hermenegildo y el sacerdote ayudan al moribundo, le acompañan y consuelan hablándole de un vivir eterno en la sociedad de almas amorosas en todos aquellos que sufrieron males horrendos. Es, entonces, cuando la mirada del que va a expirar pasa fugaz por la de los que le rodean, presintiendo al fin la dicha. Llegados a este punto viene en la memoria la honda expresión del padre Mariana: "Oh muerte..., tú eres el único rayo de esperanza que nos alumbra en la vida". En el curso de la novela se cita un lujoso libro que don Hermenegildo rescata de estantes polvorientos, y donde se da cuenta de la historia local de la lepra. En la novela se pone de manifiesto cómo surgió, y quienes la padecieron, junto a sus retratos; entre ellos, el caso de una joven lazarina de hermoso cantar, que debe renunciar a su arte por padecer de "leonitis" (facies lepromatosa). _
La piedad frente a los seres deformes
A través de las páginas de su obra, se refleja la profunda piedad que G. Miró siente por unos enfermos incomprendidos por quienes temen su presencia, o su contagio. Uno de los logros del gran prosista alicantino, es su capacidad de penetración en el alma del personaje, o el poder de creación de figuras con una sensibilidad por el mal que padecen... El autor se nota compenetrado con el sufriente, vive con amargura sus horas de dolor y soledad, al ser desposeído de su dignidad y de sus necesidades más prioritarias. Esta evidente atracción de G. Miró por los enfermos, responde a la idea de que el sufrimiento enriquece de por sí la espiritualidad y sensibilidad del afectado y abre misterios en su conciencia que los demás no se atreven a sondear. Prosigue el escritor en sus propias reflexiones: "Si yo me acercase ¡cuánto no me diría de su vida inmunda! Los males devastan el espíritu, lo agrandan y lo hermosean...". En toda la obra del genial levantino, resplandecen las emociones íntimas y una atmósfera que partiendo de lo sencillo, traspasa el texto con intensidad poética. Elementos tratados reiteradamente, y que forman parte de la austera vida del leproso: la soledad, el desamor, la familiaridad con la muerte, el paso irrefutable de tiempo, el ostracismo... La marginación, el desprecio y la humillación, son los sentimientos recurrentes que la sociedad tiene hacia ellos. Lo que ha de quedar claro, es que no puede verse la deformidad del leproso como algo que lleva a un estado de terror, de descenso a los infiernos, sino, en último término, a una situación de compasión, de piedad, y de clemencia. En suma, G. Miró se hace eco de la voz piadosa que reside, en más o menos medida, en el alma humana para con los enfermos deformes, y denuncia a sí mismo el grado de indiferencia y caos a que se ven sometidos por el prójimo.
*De “La lepra en la obra literaria de Gabriel Miró”
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