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Columnas de humo


Perturbaciones

11/06/2008

CARLOS Rivera

En estos días da la impresión de que nuestro presidente Rodríguez Zapatero es la isla Utopía en medio del proceloso mar de la derecha comunitaria, reina absoluta en el Parlamento europeo tras la emergencia del tiburón fascista de Berlusconi . Ahora sí que Zapatero parece un bambi político entre los neocón comunitarios en torno al tema de la inmigración que ellos confunden con delincuencia y el de la crisis alimentaria. La derecha europea ha enseñado su verdadero rostro en esa nebulosa entidad que llaman la FAO, cuya reunión cuatrianual solo sirve para que los políticos se entreguen al ejercicio de cinismo de las buenas palabras que contienen promesas que serán incumplidas.
Una parte del sistema global despilfarra alimentos mientras la otra malcome o simplemente no come, eso sí, sin alzar demasiado la voz, que el grito de la hambruna se quede lejano y periférico para no perturbar las digestiones de conciencia. No habrá problema, por lo tanto, hasta que el grito inaudible de la hambruna se convierta en amenaza y tome por asalto las embajadas de Norteamérica y la Comunidad Europea, en cuyo caso habría que empezar a preocuparse seriamente por lo parias de la tierra, lo que quiere decir soluciones de urgencia con envío de ayuda alimentaria a los lugares donde los parias de la tierra parezcan más agresivos. Las soluciones de urgencia, como sabemos, son los paños calientes de los que hacen uso los políticos ante cualquier posible amenaza a los palacios de invierno de la satisfacción en los Estados del bienestar. En tales Estados, como en la crisis de 1973, ahora juegan las negras en el ajedrez de la economía. Toda crisis económica del sistema, sin embargo, creará perturbaciones que no pasarán de lo previsto. Lo que quiere decir que la pantomima cuatrianual de la FAO será digerida por otros problemas más urgentes. Menos que nunca importará la hambruna de dos tercios del mundo ante la necesidad de solucionar los problemas domésticos derivados de la que Solbes , con insolvente optimismo, sigue llamando desaceleración económica. El aumento de los precios del petróleo desatará el estado de cabreo, habrá huelgas, tal vez desabastecimiento de mercados, todo el mundo reclamará, con más o menos razón, que el Estado le pague o subvencione las pérdidas o el desarreglo de sus beneficios hasta que los ciclos de Kondratieff cuadren en positivo en el balance histórico de la economía de libre mercado.
Los neocón , políticos de sangre fría, sostendrán ese pulso y aprovechando que el personal estará anestesiado en las próximas fechas por eventos deportivos muy concretos han decidido, en la Europa desacelerada, un órdago a la grande: retornar en el tema de los derechos de los trabajadores al siglo XIX. Una directiva de la Comunidad Europea, con mayoría absoluta de neocón , ha decidido aplicar la prolongación de la jornada laboral hasta las 65 horas semanales sin el derecho de consultar tan arbitraria medida con los sindicatos europeos. Solo España se ha opuesto a una directiva que pone fin a una de las conquistas sociales que tanto costaron arrancar al sistema. No será de obligada aplicación en cada Estado comunitario pero sí prevalecerá como norma superior. Las empresas tendrán la libertad de fijar a su antojo la nueva jornada laboral que los neocón quieren imponer. La esclavitud, de nuevo, está servida. Y Zapatero, en su isla Utopía, intentando aplicar, ingenuamente, la conciliación de la vida familiar y laboral.
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