Carlos Díaz Dufoo
*Referencia : www.cervantesvirtual.com
Carlos Díaz Dufoo hijo (1888-1932) publicó un sólo libro, Epigramas (París, 1927). Con una actitud irónica y últimamente escéptica, critica las falacias del racionalismo y los esquemas de vida pragmáticos para defender los fueros de la imaginación y el pensamiento artístico. En su concepción filosófica del mundo —Díaz Dufoo ejerció como profesor de filosofía en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Facultad de derecho de la Universidad de México— la ciencia y la tecnología promueven un falso sentido de bienestar y seguridad, deshumanizando al ser humano. Este necesita de las emociones y de las intuiciones para vivir, puesto que su naturaleza es básicamente sensorial. Y dado que está limitado para conocer los enigmas del universo, deberá enfrentarse a repetidas desilusiones y dolores, que serán su condena pero también su razón vital. Al dictum cartesiano parece responder con un «siento, luego existo». Con ocasión de su suicidio, su contemporáneo Julio Torri, con quien se suele vincular a Díaz Dufoo en relación a sus respectivas estéticas, escribió: Ninguno de su generación abrigó más serio plan de estudio que él. Conocía como nadie entre nosotros a los presocráticos, a Spinoza, a los alquimistas de la Edad Media, a Descartes, Locke y Berkeley. «La erudición ultravioleta de mi hijo», decía risueño en alguna ocasión su humanísimo padre. Su dedicación a obras filosóficas explica la inusitada riqueza de ideas de sus breves escritos. Aun a su estilo trasciende este comercio con los pensadores sustanciales. Padeció el horror del verbalismo y frecuentemente vuelca su meditar en centelleantes aforismos. Su expresión es concentrada, límpida. *Tomado de Tres libros, México: FCE, 1964, pp.158-161.
Su libro es un ajustado compendio de formas breves —máximas, aforismos, parábolas, epigramas— donde los esquemas narrativos, cuando se esbozan, están al servicio de una idea o una reflexión filosófica. En muy pocos casos el núcleo narrativo se distiende como texto autosuficiente. Los textos que hemos elegido despliegan con cierta libertad una base minificcional que no se resiente por el significado alegórico. «El vendedor de inquietudes» describe una distopía futura donde los seres humanos han sido robotizados, insensibilizados, por la ciencia, y donde alguien llega a ofrecerles la posibilidad de volver a tener emociones. En «Epitafio», un texto complementario, se exalta el vitalismo anónimo de los seres humanos y la disposición epicúrea que ayuda a sostener ese sustituto de inmortalidad. La obra de Díaz Dufoo, que incluye una serie de textos dispersos, casi todos sobre temas de arte, ha sido recopilada por Serge I. Zaitzeff en el libro Ricardo Gómez Robelo (Carlos Díaz Dufoo Jr. Obras. México: FCE, 1981).
El vendedor de inquietudes
(En la feria de las novedades sicológicas. Mil años después de Freud).
—Venid: fabricados científicamente, perfeccionado por prácticas centenarias de laboratorio, os ofrezco procedimientos, increíbles, capaces de cambiar vuestro pacífico orden por inquietudes sutiles, tormentosas o crueles; inquietudes que llenan nomás un instante de la vida y que luego un recuerdo melancólico de cosas que tal vez no fueron; inquietudes que llenan una vida y la sujetan al yugo de la dura necesidad; inquietudes que hacen cambiar un mundo e inquietudes que rizan levemente un espíritu con la magia de lo inútil. Yo puedo daros el regalo de lo imprevisto y poner en vuestra sencillez el fermento de la divinidad. Tengo aquí para vosotros un poco de dolor y un poco de gracia.
*Carlos Díaz Dufoo (hijo)
Epitafio
Extranjero, yo no tuve un nombre glorioso. Mis abuelos no combatieron en Troya. Quizás en los demos rústicos del Ática, durante los festivales dionisíacos vendieron a los viñadores lámparas de pico corto, negras y brillantes, y pintadas con las heces del vino siguieron alegres la procesión de Eleuterio, hijo de Semele. Mi voz no resonó en la asamblea para señalar los destinos de la República, ni en los symposia para crear mundos nuevos y sutiles. Mis acciones fueron oscuras y mis palabras insignificantes. Imítame, huye de Mnemosina, enemiga de los hombres, y mientras la hoja cae vivirás la vida de los dioses.
*Carlos Díaz Dufoo (hijo)
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