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Discurso de espuma (II Parte) / Carlos Rivera
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DISCURSO DE ESPUMA

SEGUNDA PARTE




CARLOS RIVERA




















EL CAMINANTE


¿ Y qué le queda al caminante
que, convencido de su caducidad,
se demora en el tiempo y el espacio,
saca un séviro vino de las cavas
del alma y bebe, agota,
la dorada falacia de mirar
la luz sobre sus hombros
y en un instante abrevia su camino,
se detiene y contempla
el escorzo de un pájaro en su vuelo,
el reposo infinito que acaso significa
la inexplicable eternidad de un gozo
inaprensible en la aceleración
del movimiento ?.
Nadie
podrá inducirlo a proseguir su huida
después de ese deseo geométrico y total.
Y el caminante muere
súbitamente con
un escorzo del tiempo en su mirada
y ha llorado al sentir sobre sus ojos
el simulacro eterno.

EL VIAJERO

Como una isla llevas en el alma
los perfumes de las ciudades muertas
del paraíso.
Como jardines interiores moran
en ti sus mustios cielos
sin golondrinas
y el polvo de sus nombres atravies
los vados de tu ser
dejándote una estela de senderos
oscuros y enlazados
por donde tu pisada, como una melodía
enamorada, vuelve.

UNA CARTA DE AMOR

Una carta de amor,
violeta disecada,
ave postal, me llega
con un poso de verde lejanía
que aún retiene el papel,
cual si fuera un acorde
que enlazara los ojos de la música
de un violín a sus pétalos
descoloridos,
cual si rozara el acto
de una flecha en su vuelo
que se extingue al llegar al corazón.

PIETÁ

Como caídos del jardín del cielo
donde gélidas rosas
florecieran,
tus ojos
¿en qué espejo del tiempo han contemplado
esta piedra que vuela,
la “terribilitá” de la hermosura
del instante infinito en el que han muerto
de penumbra dulcísima los pájaros
del corazón del día ?.

LA HUELLA

Ya en tus ojos lluviosos del sueño de Atenea
impera el orden claro : es la cinta del mar,
es la huella en la hierba que aún perfuma el ocaso,
el trino azul de Apolo que baja del Olimpo,
desciende de los astros,
inatrapable esencia que escapa a tus retinas
cual invisible, mudo, dulce callar divino,
inefable contacto, donde la piedra muda,
donde se apaga el viento,
donde sólo los ojos de Atenea se extinguen
al claror de la noche.

BOMARZO
A Mercedes Castro

Es el desorden de la hermosura
lo que hemos visto : lágrimas
de la floresta, lágrimas
de un arcánico edén a cuya sombra vive
el dulce error del hado
que en las noches de vino y plenilunio
ha extraviado el amor bajo las frondas
en las que moran ángeles y dioses
cual cálices de flores extinguidas
hace milenios.
Nuestra mirada no pregunta, vuela
persiguiendo en la noche de los ojos
la huella del amor desvanecido
de Orsini,
del amor que se esfuma
eternamente.

DISCURSO DE ESPUMA

En su “laetitia al vivo”
sólo tu paladar celeste piensa
que el ser es como ser
el olor de una rosa
y el bocado de Hamlet las tinieblas
de tu dulzura.
Existes
porque ser ciertamente mortal
consiste en eso
y en huir de los días miserables
de los que retroceden a la muerte
con un puñado de amor o de monedas
y otras concupiscencias necesarias,
mientras tú vagas y te ríes
de William Shakespeare
y de los expedientes sumarísmos
de la nostalgia y el futuro,
porque Descartes se equivocó de método
y la razón, según tu risa,
es el perfume de la barbarie.

CUENTOS

Silba en los bosques un oscuro violín
cuyo perfume no distingo : son
arpegios de remotas heridas abiertas en el alma
o falacias felices de las que brota un dios
o bellas añoranzas del reino de las sombras
en las noches lentísimas de pleamor sereno
cuando la luna brota tal como un aria alada
si principio ni fin, libélula del cielo,
y un opaco continuum oculta las estrellas
si enmudece el violín y nada deja
tras de sí, salvo un rastro de criaturas
estupefactas ante el alma rota
de su propia conciencia.

E(STE)TICA

Tu ínsula, como un perfume de la gracia,
como una línea de Kandinski,
aisla el equilibrio mediador
que te permite condenarte solo
de ese angélico mal
que no propicia tu caída
sino tu elevación sobre los ojos
mortales,
tu divina catatonicidad
tan distancia de todo,
tan sobreviva de belleza y ser
hasta rendir el hálito.

UN NUEVO PARAÍSO

Tanto viajar al paraíso perdido
entre lágrimas hímnicas te encarna
la autonomía ciega de otro reino
abolido de todos los posibles eldorados
que tu luz ha crecido gota a gota
como almenas de castillos de aire.
Ahora vives edénico de nuncas
en la tierra glacial donde las rosas
fenecen, y es precisamente entonces
el nuevo paraíso que propalas
como un vidente deificado en plena
y transparente naditud.

TERREALIDAD

Un exiliado de la realidad
como eres tú, sujeto
paciente de una huida
sin elección posible,
precisa enmascararse de perfectas
soledades y de equilibrios que
ascienden a la luz por los caminos
imperceptibles y remotos
de un espacio sin tiempo,
sueño donde la música carece
de sentido si no es la propia música
del corazón oculto entre las ruinas
de la terrealidad.

MOVIMIENTO ALADO

Si el diente de la espuma afirma que no existes
puede ser peligrosa jugada condenarte
a la inmortalidad
en el acto sereno y provocado
de tu iluminación sobre el papel,
una fantasmagórica razón de más para dudar
si tus ojos son tuyos o son los de la espuma
que te alimenta dialécticas y pájaros,
que recuenta tus muertos y tus supervivientes
en el naufragio de persistir en el error
de aquella música
y esta palabra que desguaza tu historia
sobre un poema corruptible.

DE AHORA EN ADELANTE

Vuelve a ser puro
y que la soledad y la lluvia
germinen en tus huesos
que tu sombra mojada
se destierre en los sándalos del mar.
Catarísimo, sabio de números y músicas
que el vino de tu cuerpo se derrame,
que tu palabra descarnada
emprenda la vigilia
sobre los ojos cuarzos de la aurora.

NARCISO DE AGUAS FRIAS

Dormir brumarios de “clochards”
bajo los puentes de París
cuando el Sena inocente amarra el cielo
no te podrá arrancar las azucenas de tu idilio
y convertirlas en tu corazón
como el Cristo cristal de Galilea
en pez y pan
para paliar el hambre de los vivos.
Nunca será del hombre tu palabra,
narciso de aguas frías,
ni el poema su reino.
Inútilmente
serás leído por el cisma azul
de tus hermanos, los licántropos.
Las más hermosas formas de tu lengua
de sol y río huyen hacia la oceanidad
cómplicemente llenas de agujeros,
tenue aluvión de estrellas de hojalata,
pero tú eres, acaso, la única respuesta
de eso que llaman felicidad.

EL ANIMAL MAS SOLO

La Historia, la gesta de cenizas,
escapa a tu infinita
y misericordiosa comprensión.
Ves legiones de nieve
derritiendo los fuegos de la Idea
sobre un desierto de esqueletos.
Ves
la elegía reinante de los desposeídos
hundiéndose en la gélida besana
del porvenir
y el trigo de sus lágrimas
que es el pan de los héroes,
de los invictos y los adalides,
de los mediocres y los cresos.
Entonces
abdicas de la Idea incorruptible
y te abandonas al abismo
de los corpóreos goces
en un edén de cinco minutos seculares
y el éxtasis cinético
del animal más solo.

ABRIL

Cuando en las grietas de la vida caen
los escombros del ser
todo es desolación, salvo ese vino
que hace sonar campanas de gloria por las calles
de algún abril incierto que existiera
donde la nieve cae, ya es un pájaro
que pica tu dolor de abril ninguno,
pues es mentira todo, tal vez abril no existe
y a la botella vacía de tu alma
le preguntas
y duermes
con el sopor de todos los ahogados
en la pavesa líquida de un océano de oro
que fermenta la vida de lo absolutamente
memorable : la única respuesta
de abril que está naciendo
de la espuma de todos tus naufragios.

MONÓLOGO

Vagas ennarcesido
por las lácteas vías de tu miseria azul
unes tu cuerpo al mar
te bañas en el cielo
constelado de mil definiciones
del ser y la palabra.
En tu monólogo
tomas de la cintura a los jardines
escancias en el vino una paloma
y vuelas vuelas vuelas
sustraído de ti
lejos del tiempo
con temor de la tierra y de los márgenes
con dolor transparente de llegar
o de caer
cuando el espejo estalle
dentro del corazón, sin que lo notes.

MUSEO

Entras
despacio en el museo
destejiendo las sombras y la luz
del ámbito sagrado
donde lo bello perdurable esconde
bajo el tesoro de la percepción
la alquimia indescifrable de los cuerpos
desnudos
sus nostalgias ebrias
del vino del amor.
Penetras abdicado de la vida
en las tinieblas de la inmortalidad
conoces que la muerte es esa línea
que da luz a las formas olvidadas
y que mirando exhumas su belleza
y retienes su pátina inmutable
por el tiempo que dure tu latido.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Poe+ » Respuesta

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