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Columna de humo
Politica y oportunismo
05/03/2008
CARLOS Rivera
Visto lo que contemplo en la batalla electoral me deprime decir que no es que no haya ideas, es que nos estamos quedando sin ideología. Lamentables debates en los que la ley de la oferta y la demanda prima sobre los principios, la moral política, la ética democrática. El discurso de las izquierdas está basado, como no podía ser de otra manera, en las políticas sociales. El de la derecha, como es su hábito histórico, en la conservación de sus rancios privilegios y creencias y en el miedo al futuro. Huyo de la política en estas fechas previas a las elecciones, gato escaldado como soy del agua fría de los sermones sin morada que predican, con retórica marchita, los candidatos que pretenden envolver a los cándidos con el evangelio del oportunismo. No hay discursos elaborados con la esencia de las ideas sino un regateo oportunista de subastas y pujas. Hablan de debatir ¿y qué debaten? Se supone que el verbo debatir debe ser utilizado para la confrontación educada y reflexiva de las ideas éticas y de las ideas políticas. Pero ¿quedan ideas éticas y políticas? Solo en relativas ocasiones las veo aparecer en alguna de las propuestas de Izquierda Unida, un partido tan roto interiormente que nos obliga a ejercer el voto útil a los que somos de izquierda. Más que nada por precaución e instinto de supervivencia ante el desastre moral que podría llevarnos, de nuevo, al exilio interior si gana una derecha tan lamentable y poco civilizada como la que tiene y siempre tuvo este país. Los muy escasos que así pensamos es, precisamente, porque queremos seguir creyendo en la política como herramienta para transformar la realidad. Eso fue en otros tiempos la política. Lo que hoy tenemos es su decadencia, su aroma desprestigiado. ¿Es que no hay nadie en la izquierda que esté dispuesto a luchar por los sueños, por los principios éticos que definen nuestra manera de ser y de estar en el mundo? Me temo que no, pero tenemos que votar para evitar que gane la derecha y nos entre la depresión postparto tras nuestro embarazo de ilusiones y deseos de cambiar al mundo, como pensábamos la gente de mi generación en los tiempos aquellos en los que, como Diógenes , desnudos ante la gran promesa de la democracia, nos atrevíamos a desafiar al poder a la sombra de la utopía. Le leí hace unos días a Almudena Grandes un artículo de opinión en el que decía que la política tiene también que ver con la emoción (propia de los principios de la gente de izquierda) y no con la tensión que orienta al miedo (propia de la derecha). Almudena, como yo intento hacer ahora, estaba hablando de la política como ideología. Desde Carlos Marx , las ideologías no intentan explicar al hombre y al mundo, a la vez que orientar su conducta a partir de ciertos valores aceptados como correctos sino que se han convertido, como Marx entendió, en una deformación en la descripción del hombre como consecuencia del interés de la clase dominante para mantenerse en su situación de dominio. Desde tal situación de mantenimiento del dominio se sigue ejerciendo, con matices, la ideología de derechas. La ideología de izquierdas, en cambio, se convirtió en pragmática, en relativista, en menos ideológica, perdiendo parte de sus valores esenciales. Eso es lo que añoramos en las políticas de izquierda, la pérdida de valores esenciales como herramientas de transformación de la realidad, la mística de una opción radical por los débiles y desprotegidos de este mundo. Una izquierda que no renuncie a la utopía.
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