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Columnas de humo


Almas desorientadas

13/02/2008

CARLOS Rivera


Me encuentro a un vecino, antiguo sacerdote, y me dice que el Papa Benedicto acaba de encender, de nuevo, las calderas de Pedro Botero que su antecesor, el Papa Juan Pablo , había apagado. "Debe de ser por las elecciones, Pepe", le digo. Al bueno de Pepe le da la risa porque se imagina de nuevo a las almas que el anterior Papa Juan Pablo sacó de los infiernos haciendo las maletas hacia el nuevo destino de las calderas de Pedro Botero, es que hay algunos que tienen una suerte perra, pobres almas desorientadas que no sabrán dónde ir y que ni en el limbo encuentran acomodo, pues Benedicto lo abolió. Pobres almas como las de los inmigrantes sin papeles, que no tienen lugar donde caerse muertos como esos inmigrantes no lo tienen donde caerse vivos. Señor, pienso, si es que de verdad existes y estás en el cielo mira a este planeta desventurado y orienta a tus pastores católicos que dirigen la grey sin rumbo. A ver si de una puñetera vez se ponen de acuerdo con eso de la existencia del cielo, el infierno, el limbo y el purgatorio. Yo lo que creo, amigo Pepe , es que ni los pastores saben dónde están, ensimismados en sus laberintos teológicos y en sus oscuridades dogmáticas, salen a la calle, toman la palabra y necesitan urgentemente un GPS. Pobre gente de buena fe, creyentes de buena voluntad, mejor que os orientéis por las estrellas en la oscuridad de vuestra noche. Tener fe, almas atribuladas, se está poniendo por las nubes con tanta desorientación. Todos los cuentos sobre el cielo y el infierno, esos lugares límites, esas bizantinas discusiones, acabaréis pagándolo con vuestra salud corporal, os entrarán depresiones y cuando vayáis a misa pediréis al buen Dios que los que dirigen la grey se estén calladitos, que es como mejor están. ¿No dijo el Papa Juan que el infierno, aunque existe como verdad fideística, no es un lugar físico, sino un estado del alma? ¿Cómo es que ahora Benedicto lo vuelve a convertir en un territorio real, con sus fuegos y sus demonios atizando con el tridente y sus agentes del mal? Un infierno como aquel de mi infancia, depósito de imágenes de terror, nada de metáfora ni de estado del alma, lo dice ahora el Papa Benedicto. Y si lo dice, como habla excátedra, hay que creerlo, so pena de que cuando llegue la hora las paguéis todas juntas, almas desorientadas, por vuestra humana incredulidad. Un paso adelante que da el mundo, un paso atrás que da la Iglesia de Roma, volvemos a las cuitas pintadas o escritas como doctrina y castigo por el pecado de Fra Angélico, del Bosco y del Dante. A estas alturas, Señor, si es que existes y estás en los cielos, ¿cómo permites que tus pastores máximos tomen la palabra? Yo, que no creo ni en el cielo ni en el infierno y que convivo con una mujer creyente, alucino. ¿A que va a ser verdad lo que le dije de broma a Pepe, que es por las elecciones? Están próximas a celebrarse en España y en Italia, dos países ultracatólicos, y no estaría de más meter un poco el miedo en el cuerpo a las almas desorientadas, para que no voten a esos partidos a quienes el cielo y el infierno se las traen flojas.
En precampaña, tanto valen las promesas económicas como las palabras de los pastores de la grey, que llevan metiéndose en política desde los tiempos de Recaredo. Meter el miedo en el cuerpo de la buena gente orienta el voto de los pusilánimes. Tanto como prohibir el velo islámico, que defiende el PP, en un país donde estamos acostumbrados al velo de las monjas, como antes al velo de las viudas. Si es por lo del velo, ¿por qué no se lo quitan de una vez por todas de sus cerebros y de sus sermones los falsos profetas y los falsos políticos?
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