El retorno de Carlos Sahagún
La reedición de "Como si hubiera muerto un niño", libro de poemas con el que Carlos Sahagún obtuvo el Premio Boscán en 1960, y que ahora vuelve a ver la luz en la serie Lecturas21 de la colección Bartleby Poesía, tiene un artífice: Antonio Lucas. Fue este poeta madrileño, galardonado con el Premio "Ojo Crítico" de Poesía en 2000, quien consiguió vencer al fin las reticencias y negativas largamente expresadas por parte de Sahagún para ver publicada de nuevo alguna de sus obras en esta serie ideada para ser puente de comunicación entre dos de nuestras generaciones poéticas. . Carlos Sahagún, Premio Nacional de Poesía en 1980, fue uno de los primeros nombres puestos sobre la mesa desde que comenzamos a darle forma a este proyecto hace ya cinco años. Desde entonces hemos recuperado para Lecturas21 títulos de Félix Grande, Diego Jesús Jiménez, Ángel González, Antonio Gamoneda y José Manuel Caballero Bonald. Recuperaciones que han ido acompañadas por las reflexiones personales de lectura de jóvenes poetas que han comenzado a publicar sus obras en los albores del siglo XXI: Manuel Vilas, Pedro Luis Casanova, Carlos Pardo, Elena Medel, Joaquín Pérez Azaústre y, ahora, Antonio Lucas.
*Comunicado a esta página por Bartleby Editores
Aula de Química
Si vuelvo la cabeza, si abro os ojos, si echo las manos al recuerdo, hay una mesa de madera oscura, y encima de la mesa, los papeles inmóviles del tiempo, y detrás, un hombre bueno y alto.
Tuvo el cabello blanco, muy hecho al yeso, tuvo su corazón volcado en la pizarra, cuando explicaba casi sin mirarnos, de buena fe, con buenos ojos siempre, la fórmula del agua.
Entonces, sí. Por las paredes, como un hombre invisible, entraba la alegría, nos echaba los brazos por los hombros, soplaba en el cuaderno, duplicaba las malas notas, nos traía en la mano mil pájaros de agua, y de luz, y de gozo?
Y todo era sencillo.
El mercurio subía caliente hasta el fin, estallaba de asombro el cristal de los tubos de ensayo, se alzaban surtidores, taladraban el techo, era el amanecer del amor puro, irrumpían guitarras dichosamente vivas, olvidábamos la hora de salida, veíamos los inundados ojos azules de las mozas saltando distraídos por en medio del agua.
Y os juro que la vida se hallaba con nosotros.
Pero, ¿cómo decir a los más sabios, a los cuatro primeros de la clase, que ya no era preciso saber nada, que la sal era sal y la rosa era rosa, por más que ellos les dieran nombres impuros? ¿Cómo decir: moveos, que ya habrá tiempo de aprender, decid conmigo: Vida, tocad el agua, abrid los brazos como para abrazar una cintura blanca, romped los libros muertos?
Os juro que la vida se hallaba con nosotros.
Profesor, hasta el tiempo del agua químicamente pura te espero. De nuevo allí verás, veremos juntos un porvenir abierto de muchachas con los pechos de agua y de luz y de gozo?
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