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Discurso de espuma (I Parte) / Carlos Rivera
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DISCURSO DE ESPUMA

PRIMERA PARTE




CARLOS RIVERA























EPISTOLA AL OSCURO


Esta epístola intrusa
que me viene a las manos como una flor
o cual dulce veneno de un oscuro
presentimiento
vuela
como un pájaro al fin
de sus rosas o alas, ya no sé,
es para quien un día, si me evoca,
no se atreva a buscarme.
he borrado mi rastro y dejo la oscureza
como único registro de sonido.






NO ES NADA GRAVE


No es nada grave, sólo esa tibieza
desnuda de la muerte por tus ojos,
tus arrasados ojos de golondrina en el desierto,
el incensante despojo de sus alas.
La verdad, la verdura, fue musgo perfumado,
no serás nunca el mismo después de haberla olido
de Hesíodo y las noches con estrellas
o aquel insomnio dulce de la luna.
No es nada grave, sólo son tus ojos,
tus amarillos ojos sin nostalgias,
secos ya del amor adolescente,
diseminados en las negaciones.
No es nada grave : miran a la muerte
como a la verdadera, la única verdura.



EX NIHILO

De Lucrecio al espejo el aire se serena,
del aire es esta música
que bebo hasta incendiarme el corazón
con contagios acérrimos de Tosca en el piano,
hasta aquí llega el alma,
esa flor del espíritu,
su crédula imprudencia
de amar, amar las cosas, la vida, los recuerdos,
como mieles de algún camino abierto
hacia la libación definitiva,
hacia la dicha unánime de un dios imaginado
el aire se serena,
se azula como un gélido cuchillo
que brota de las sombras
pues se acerca la hora del crepúsculo
y está al caer la noche
respóndeme, Lucrecio,
si algún día podré saber quien soy.




FE DE ERRATAS

De los fríos drenajes de los años
se queda el alma sola,
sólo el vestigio queda del agua de los libros,
de sus espumas vienes,
vas a tientas buscando
tu fe de erratas,
lees entre las sombras
las frías certidumbres que reducen a escombros
los muros del pasado.
Desmemoriada sea
de halos tu palabra,
dedicarás sus últimos fervores
a buscar en las ruinas el soliloquio mudo
de quien allí perece.




LA DESTRUCCION
La imperfección es la cima
(Yves Bonnefoy)

Desierto según cualquier ceniza
en el borde fluvial de la mañana,
amé la destrucción,
supe que toda perfección debe ser abolida,
que la belleza debe fenecer cuando el amor la agota
y que es preciso destruir y destruir y destruir
hasta que todo sea el délfico recodo
del camino que siempre empieza el día.



TIERRA DESCONOCIDA

Era la más desnuda de las hijas de Gea,
su corazón tenía un almendro invisible
que cual extraña música seducía a los náufragos.
Publio Ovidio Nasón cita sobre sus cielos
desmesura de pájaros que a morir acudían
a sus acantilados
donde ardiera una zarza
perdurable.
Tal vez la buscarás
algún día imposible
cuando te cubra el mar el corazón
y vueles.





LA CASA


Acaso entre sus muros tus muros derruídos
se han convertido en pájaros,
pájaros que aletean
en la sustancia de lo fugaz :
aquel cielo florido
se quedó en las ventanas de tus ojos
que daban a jardines invisibles,
aquel alma sin límites
que voló de su jaula,
tal un ave
que volara de tí y aún permanece
en la casa
como un fermento puro de lo maravilloso
poblando los espejos de imágenes felices
en las que se refleja aquel ausente,
el que contigo va.




EXTRAMUROS

Esta forma remota de extravío
extramuros del alma de quien crea
su clandestinidad,
de quien acaba penetrando en ella
como si desandara el tiempo que le sobra
por los itinerarios de los libros
en los que todo sucedió
hace ya mucho amor,
por las rutas apenas transitadas
que están al otro lado de la luz,
en otra historia que apenas llega a ser
la eterna flor fungible del olvido.



EPITAFIO LUNAR

Por si la sombra es más profunda, acaso,
que aquel pájaro oculto que naciera
para este fin y el descarnado vuelo
no supiera encontrar en su extravío
el paisaje del aire, vendo el alma
por un deseo efímero : tan sólo
quiero la luna,
que sean sus almendros
el epicedio egregio de la noche,
que sean sus libélulas el sueño que elegí
para sobrevivir en despoblado.



AYER O MUSA

Fue una temeridad de adolescencia :
busqué el grial, leía entonces a Voltaire,
y como disciplina de la fatal mesura,
transgrediendo la lógica,
puse mis ojos en oscuros
enigmas del oráculo,
salté los muros del corazón,
recorrí los planetas del instinto
recogiendo las flores, criaturas matutinas,
de Rilke y Babilonia
con la voluptuosa complacencia
del precursor, busqué el grial, conservo
todavía en los ojos el rastro inextinguible
de la insensible duración del ángel.


DISCURSO DEL METODO

Todo está por hacer, el movimiento
ha comenzado
y en el jardín oscuro
del espíritu sólo una flor, la duda,
a menudo propensa a los desórdenes
de las auras perversas trata de ser, en uso
de su razón dialéctica, el espejo
en el que me contemplo, ya inconcluso
de mi propia certeza,
elegí la palabra
porque su procedencia es ilusoria,
sus acordes contienen genitivos
el germen de las propias negaciones,
tal vez como coágulos de música
casi al alcance de la luz me hielan
a las puertas de Nínive del alma
todo está por hacer, el movimiento empieza,
más no creáis, nunca es del todo fidedigno.




ALGUNAS MUERTES INTIMAS
A la memoria de Juan Bernier

Es ya imposible restaurar el orden
en su rango de ileso
cuando un fragmento vivo de la memoria deja
tan despojada el alma
confirma cuan desnuda es la herida del árbol,
cuan vulnerable al filo del hacha su raidumbre
cuando caen las hojas del corazón y el viento
se lleva hacia el olvido los élitros fugaces
de algunas muertes íntimas.




EL JARDIN DE ACADEMO

Huerto cerrado eres de un afán cartesiano,
la dimanante lógica, sospecho,
de un cerco de preguntas,
las sombras de Platón o sus diagnósticos
juntando tus fragmentos,
lo que quedó de tí tras la visión
del jardín de Academo.




PRIMERAS NIEVES

A la alada distancia de las cosas
has visto huir el día,
dejarte el dulce poso de la espera,
pretexto fronterizo, leve caducidad
que entre el alma y sus ojos establece
la duración finita, el tenue tacto
de las sombras que avisan la llegada
de las primeras nieves.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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