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CLAROSCUROS
La calle por testigo
12/12/2007
CARLOS Rivera
ETA volvió a matar. Y los políticos y los activistas contra el Gobierno se echaron a la calle, cada uno por su lado. El resto de la ciudadanía pasó de manifestaciones. Peridis , en una de sus viñetas, definía así la situación : "si no es contra el Gobierno, yo no voy", "si van los fachas, yo no voy". España rota interiormente, partida en dos mitades casi irreconciliables. La herida social abierta por los gobiernos de Aznar puede que tarde en cerrarse algunas generaciones. Desde aquel nefasto día del 11 de marzo, en las familias eludimos hablar de política. Aquel atentado y la victoria electoral de la parte de España que estuvo contra la guerra y, sobre todo, contra las mentiras y manipulaciones de los que hasta ese día gobernaban, ahondaron las diferencias naturales que podamos tener los españoles, como los ciudadanos de cualquier otro país, en cuestión de política, de visión de la vida en sus infinitos parámetros como realidad humana. Una parte de España se negó a reconocer democráticamente la alternancia política y cada una de las partes se enrocó en su trinchera. La oposición cometió el error histórico que siempre suele cometer la derecha cuando pierde el poder político : creer que se lo habían arrebatado ilegítimamente por ese sentido patrimonial que tiene del poder la derecha profunda, confusamente democrática. Comenzaron las hostilidades utilizando desde el primer día la calle, el Parlamento y sus tribunas mediáticas como escenarios de improperios. Como si solo ellos fueran los dueños naturales del poder y el pueblo soberano hubiera votado contra natura. Como si la aritmética del voto tuviera que serles siempre favorable por derecho natural. No vale la pena seguir abundando en las sinrazones en las que basaron esa pérdida del poder. Tomo la calle por testigo de lo que viene aconteciendo. Debemos replantearnos, tras el último atentado de ETA, la inutilidad de seguir manifestando en la calle el dolor por los muertos y la ira contra los asesinos. Eso es publicidad pagada con las lágrimas y el dolor de todos para la marca siniestra del terrorismo. Eso es darle al terrorismo una satisfacción añadida a la que ya le dan, estando contra el Gobierno más que contra ETA, una parte de las asociaciones de víctimas. Así es de cruda y lamentable la realidad. Tan cruda y lamentable como la falta de unidad política contra el terrorismo que el PP escenifica con reticencias porque se avecinan elecciones. Juntos pero no revueltos, parecen dar a entender quienes dan más valor a la conquista del poder que al mal endémico que ha desangrado España, con víctimas de todos los estratos sociales e ideológicos. Los ciudadanos, ante la cruda y lamentable realidad que ofrecen los políticos, no es que pasen de manifestaciones, es que visto lo visto en los últimos tiempos puede que pasen de manipulaciones. Los que han tomado la calle sin motivos durante tres años y medio, en ausencia de atentados mortales de ETA, no estuvieron en la manifestación de Madrid cuando la banda volvió a matar a dos hombres jóvenes. La asociación que preside el señor Alcaraz , muñidor de tragedias infinitas y rupturas de España, no estuvo allí, cuando la trágica ocasión lo requería. Con todo el dolor que somos capaces de sentir solidariamente por todas las víctimas y por todos sus familiares, incluidos los que en nombre de ellas se manifiestan una semana sí y otra también contra el Gobierno, hemos de reconocer, lamentablemente, que quienes hacen política de partido con el problema terrorista no merecen nuestro respeto.
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