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CLAROSCUROS
Cuerpos y almas
05/12/2007
CARLOS Rivera
Entra dentro de la normalidad, viviendo en el país en que vivimos, que una jubilada ultracatólica gallega denuncie a unos científicos de nuestra comunidad por la investigación de embriones. Lo que no parece normal es que un juez admita a trámite la querella. La citada señora entiende que un embrión está dotado de alma aunque no consigo comprender cómo su entendimiento cristianísimo no conceda la misma dotación anímica a los enfermos y futuros neonatos a quienes va encaminado el programa de investigación acerca de las células madres. Atrevimientos de la ignorancia y del fanatismo religioso. La eterna lucha entre la fe oscurantista contra las luces de la razón, de la ciencia y del progreso humano. La gente que profesa esas creencias religiosas absolutas siempre estuvo fuera del tiempo y si de esa gente dependiera la humanidad seguiría sumida en las tinieblas por los siglos de los siglos. No estoy en contra de negarles el derecho que les asiste a manifestar sus ideas y creencias, por muy negativas que puedan parecerme. Lo que me cuesta entender es que los que se encargan de administrar la ley de todos admitan sus argumentos paranoicos. Un embrión pleimplantatorio no es persona. El concepto clásico de persona ("sustancia individual de naturaleza racional", según Boecio ) le resultaría inaplicable. No podemos comparar el proyecto de vida de un embrión con la vida real de los seres humanos que pueden contraer enfermedades por ahora incurables y que en el futuro dejarían de serlo si los ensayos científicos con células madre llevan a buen término sus investigaciones. En cuanto al alma, me gustaría decirle a la buena señora gallega que dice actuar en conciencia al denunciar esos actos científicos: mire, señora, son tantas las concepciones del alma como misterios sobre su existencia real. Si nos atenemos a la definición de persona, en un embrión preimplantatorio no está determinada la individualidad. Claro que si usted, señora, todavía está convencida de lo de Adán y Eva y de la existencia del Jardín del Edén ¿qué quiere que le diga? ¿No le parece más razonable lo del código inmortal del ADN que transmite la herencia biológica? Pues en eso, señora compostelana, están los científicos. A ver si me explico: la investigación con células madres pretende mejorar la vida de la naturaleza humana con estatuto ontológico, estatuto que aún no tiene el embrión. Solo si se desarrolla se encarnará en un cuerpo que a su vez acabará en la muerte. Algunos de esos cuerpos estarán predestinados por el código del ADN a contraer enfermedades que anticiparán su fecha de caducidad si la ciencia médica no lo remedia. Pues más o menos es eso lo que los investigadores quieren evitar. Sin el progreso científico todavía tendríamos el almanaque detenido en los tiempos de las pinturas rupestres de Lascaux o de Altamira . Las tensiones históricas entre la moral y la ciencia son lógicas. Cuestión de que uno haga más caso al Papa que al doctor Bernat Soria . La vida humana pende siempre del hilo del azar de los errores de nuestra naturaleza. Si esos errores pueden ser corregidos contribuiremos a que el alma en la que muchos creen (y cuya creencia yo respeto, faltaría más) se sienta más a gusto en un cuerpo mortalmente predecible pero que goce de una vida manifiestamente mejorable. La discusión sobre si un embrión tiene alma, como sostiene la señora denunciante, está fuera de lugar. Lo que importa es que se salven los cuerpos, que pueda evitarse que nazcan niños con defectos biológicos. De eso se ocupa la ciencia. Con o sin licencia eclesiástica.
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