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CLAROSCUROS


En rosa y negro

28/11/2007

CARLOS Rivera


Una cadena de televisión privada ha sido acusada de responsabilidad civil por el asesinato a manos de su ex pareja de una mujer rusa llamada Svetlana . Sabíamos que cualquier día pasaríamos del morbo excitante de las intimidades invadidas y contadas por dinero a la tragedia que podría llevar por título el de una novela de García Márquez . Crónicas de muertes anunciadas por esos programas de televisión que no tienen reparos en exhibir las vidas rotas de la gente a cambio de un aumento del share televisivo. Audiencia creciente, por cierto. Cuanta más basura emitas más adictos vas creando en este país donde ciertos medios sin escrúpulos apelan a cualquier inmoralidad para ganar más dinero, desde una supuesta conspiración política a la falta de respeto absoluto por los derechos de las personas.
La responsabilidad, en algunos periódicos y emisoras de radio y televisión, brilla por su ausencia. En 1834 cierto medio se encargó de difundir por Madrid el bulo de que los jesuitas habían envenenado las fuentes, provocando una epidemia de cólera como castigo a los liberales por su anticlericalismo. Hubo exaltados que se creyeron el falso rumor y como consecuencia fueron asesinados casi cien sacerdotes y frailes. Nuestro eterno problema con la realidad suele resolverse con más frecuencia de la debida mediante el bulo y la difamación, cuando no de la manipulación de los hechos, como ha sucedido en el crimen de violencia de género de Alicante. Al parecer, la chica rusa fue engañada con un reclamo que resultó ser falso para que se entrevistara en el plató con su ex pareja. Lo que hicieron fue ponerla en el punto de mira de un hombre que ya la había maltratado y que solo quería consumar su venganza definitiva. El montaje del reality show esta vez acabó en tragedia. La conductora del programa El diario de Patricia no había calculado que su ración de falsa realidad cotidiana podía convertirse en esa crónica de una muerte anunciada. No pensó la señorita o señora Patricia Gaztañaga que el delicado equilibrio de los corazones rotos que caminan sobre el filo de la navaja es una estrategia sumamente peligrosa cuando se exhibe con morbosidad y alevosía. Sabemos que esa clase de programas cuenta ya con algunas víctimas mortales en diferentes países del mundo. Pero no importa. Todo sea por la audiencia. Por las ganancias a costa de carnaza para las fieras rosas: amas de casa haciendo crochet mientras al otro lado de la realidad, en la pantalla de la televisión, se produce la caída del trapecista en el circo de la apariencia de las palabras "te amo, quiero volver contigo, lo eres todo para mí".
Nuestro eterno problema con la realidad nos induce a confundirla con la apariencia, con el drama invisible que emana de las sombras de la caverna de Platón. Tanto da si a cambio de esa terrible confusión estratégicamente alimentada las más histéricas tradiciones hispanas sacan a relucir sus tintas negras. Someter a una mujer maltratada, con un falso reclamo, a verse nuevamente con su maltratador es como certificar su anunciado destino. Es inútil que puedan valer las mediaciones, por muy televisivas que sean, en un caso de violencia de género.
No sé si habrá una relación de causa-efecto entre el programa de Antena 3 y la muerte de Svetlana. De lo que estoy seguro es de que no solo debe exigirse responsabilidad civil a la cadena sino que la autoridad competente debe intervenir para que desaparezcan esos programas que alimentan a las fieras rosas. Juegos diabólicos, como el de Svetlana, en rosa y negro.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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