Puro teatro
*Texto de Juan Ignacio García Garzón. ABC de Madrid.
Así se titulaba el libro de textos, recuerdos y sucedidos escénicos que Fernando Fernán-Gómez publicó hace unos años. Y aunque desde hace bastante tiempo se había ido retirando del teatro porque se aburría, como espectador y como cómico, algo del teatro iba siempre con él. Se nota en sus mejores películas, singularmente en «El viaje a ninguna parte», ese canto añorante y ácido a los cómicos de la legua en el que el personaje que él encarnaba, representante de una vieja jerarquía de actores, se desesperaba porque el cine no entendía su interpretación teatral; en ese «señoritooo» histriónicamente alargado latía toda una declaración de amor y desencanto por su viejo oficio. Muy jovencito, «el Panocha», como le apelaban algunos amigos y gentes del oficio por el color pelirrojo de su pelo, se metió en jardines jardielescos, saltó a la pantalla a la vez que crecía en los escenarios, formó compañía propia y paseó por la vida del bracete de despampanantes señoras con las que compartió escenario y más cosas. La memoria personal me lo acerca en los años 70 convertido en rocoso y honrado enemigo del pueblo, un vibrante doctor Stockman de una pieza, protagonista de un impecable y actualísimo montaje ibseniano; o dirigiéndose a los hombres del futuro en un cóctel brechtiano, junto a la entonces casi recién eurovisionizada Massiel; comprometidos ambos en tiempos en los que el compromiso significaba algo serio y era, además, arriesgado. «Pareja para la eternidad», «La coartada», «Los domingos, bacanal», «Ojos de bosque», «Del rey Ordás y su infamia», «El pícaro, aventuras y desventuras de Lucas Maraña» y «Los invasores del palacio», entre otras, conforman su producción como autor teatral, faceta en la que con «Las bicicletas son para el verano» -galardonada con el premio Lope de Vega en 1977- logró uno de los éxitos históricos de nuestro teatro. En el texto de esta obra emocionante por tantas cosas se concentran muchos aspectos de la poliédrica personalidad de ese hombre orquesta de la cultura española: su visión amarga de la historia empañada por su confianza en el ser humano, o en algunos seres humanos al menos; su nostalgia crítica, su talante y su talento. Probablemente, Fernán-Gómez sea recordado por el gran público como actor y cineasta, pero era también puro teatro.
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