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CLAROSCUROS
Estatuas en movimiento
17/10/2007
CARLOS Rivera
Entre tanto esperpento y vocinglería de Mariano "el del bombo" y sus seguidores al grito simplista e infantil de ¡"España, España, España"! para animar a la selección nacional de inquisidores, la semana pasada por fin se dio la orden parlamentaria de desenterrar y reivindicar la memoria de aquellos españoles que tuvieron dos muertes, la del piquete de ejecución y la del injusto olvido. Esa misma semana se habían cumplido cuarenta años de la ejecución del Che Guevara , el revolucionario idealista que se guió por "grandes sentimientos de amor", palabras suyas controvertidamente interpretadas. En las fosas comunes de la Historia, como en las de muchas cunetas de nuestras carreteras, yacen cadáveres que, como aquel del poema de Nicolás Guillén , no serán elevados a los altares oficiales del Vaticano, aunque se pondrán de pie y continuarán andando eternamente por los infructuosos caminos de la utopía. Hasta para ser mártires hay que tener suerte si no estás relacionado con una Iglesia que bendiga tu significado de haber muerto por una causa justa. ¿Qué es una causa justa? La de la fe, según dicen, aunque yo no lo crea. Ninguna causa justa merece la vida de una persona. Ni la excusa de ningún paraíso, aquí en la tierra como en el cielo. La vida es única y no hay muerte anticipada y provocada que merezca respeto, sobre todo cuando se produce por falta de respeto a las ideas de las personas. Ni los muertos de un lado ni los muertos de otro merecieron esa terrible anticipación de un fin previsto para todos los hombres, sean de izquierdas o de derechas, laicos, ateos o creyentes profundos. No hay patrias ni banderas ni ideas ni creencias que justifiquen la muerte de un ser humano. Las legiones de nieve de los que se fueron de este mundo por haber creído, por haber pensado o por haber actuado en la vida de una manera diferente, nos acusan a todas las generaciones habidas y por haber de tanto innumerable crimen de lesa humanidad como se ha cometido a lo largo de la Historia. Y los que vengan. Cuarenta años de la muerte del Che Guevara y setenta del exterminio de españoles de uno y otro lado no nos hacen aprender las lecciones de esa Historia. Los intolerantes, los que no respetan las ideas y creencias de los otros, sean quienes sean, siguen enarbolando banderas de odio, siguen faltando al respeto sumarísimo que nos debemos todos los que habitamos en la única tierra que quizás merezca el nombre de patria : la patria de la Humanidad con mayúsculas. Por eso no entiendo, aquí en mi país, que a tantos años de una guerra civil se levanten banderas contra nadie ni que se abuchee a un presidente del Gobierno desde una tribuna de invitados por gente que no solo no respetan las ideas de los demás sino que quieren imponer las suyas con esa vocinglería estúpida de los fanáticos de un partido de fútbol defendiendo unos colores o unos símbolos que, lo quieran o no, pertenecen a todos los españoles. Aunque me considero escéptico en materia de símbolos, puedo entender que haya gente que los exhiba y hasta, si les da por ahí, que viva y muera por ellos, pero, eso sí, con educación, sin faltar el respeto a los que no comulgamos con sus estúpidas ruedas de molino. Falsa pretensión, me temo. Los que están aferrados al dogmatismo y tienen una existencia biliosa, se levantan cada mañana deseando en su conciencia que "se mueran los feos". Y se acuestan pidiéndole a sus dioses un exorcismo para que se conviertan los demás a su fe de elegidos por el destino o, en el caso contrario, que desaparezcan de sus atribuladas existencias inquisidoras de estatuas en movimiento.
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