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De himnos y banderas
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CLAROSCUROS


De himnos y banderas

10/10/2007

CARLOS Rivera


Una vez más la derecha pretende tener el monopolio de los símbolos de España. A ver quién la tiene más grande en cuestiones de patria, esencias y banderas. Una visión retrospectiva de ese túnel del tiempo de nuestros desencuentros históricos. Como si no nos hubiéramos percatado de que somos españoles surge la necesidad de afirmar por algunos (Zapatero ) de que también los demás amamos a este país donde nacimos y vivimos y donde posiblemente moriremos, mientras que la derecha monopolista va más allá y dice a título de eslogan "somos España", lo que sonaría a estupidez si no supiéramos que lo que quieren dar a entender realmente es que ellos, sólo ellos, son España y los demás, pues vaya usted a saber lo que seremos, insectos kafkianos o algo parecido. De estos vértigos ultranacionalistas que ahora van a desatarse acabaremos sacando la conclusión desoladora de que hay palabras que de tanto ser utilizadas se convierten en las perfectas tapaderas de la estupidez política, pues cuando tocan a elecciones y deberían concretarse los problemas sin resolver de este país a ciertos dirigentes les da la chaladura de convertirse en sujetos retóricos a quienes se les llena la boca de palabras como patria, bandera e himnos de exaltación monárquica. ¿Será un problema de identidad personal que estos señores tengan que repetirnos hasta la saciedad lo de que nosotros, es decir, ellos, "somos España"? ¿O es que no tienen otra cosa que ofrecer?
Le confesaba el otro día a un amigo que los ultranacionalistas españoles han contribuido más al crecimiento de los ultranacionalismos periféricos que el desarrollo de sus propias ideologías. Franco y Aznar han contribuido como pocos en nuestra historia al crecimiento del PNV, Esquerra Republicana de Catalaña y CIU. Rajoy parece que les ha tomado al pie de la letra la lección: en cuanto más los ataca y desacredita más votos tienen los partidos esos que, según dicen ellos, los del "somos España", llevan años rompiendo a este país que nunca acaba de romperse, excepto en los delirios de los ultranacionalistas españoles y de los que le siguen la corriente. Lo peor es cuando en pleno arrebato preelectoral les da por ponerse sentimentales y cogen una perra con los símbolos que a mí me entra la depresión. Que si la bandera, que si el himno. Ahora, por cierto, le quieren inventar una letra al himno de España. De ser así espero que no sea como aquellas retóricas y épicas de Eduardo Marquina o de José María Pemán que nos hacían cantar en la escuela a mi generación y a la de mis mayores. Yo pienso que es mejor dejar el himno sin palabras. Y de tener una letra, que fuera una generalista y neutral que hable de las bellezas increíbles que tiene este país y no de grandezas históricas ni monarquías ni repúblicas ni de viejas esencias patrioteras. "Himno", en la quinta acepción del DRAE, se define como expresión emblemática de una colectividad, que la identifica y que une entre sí a quienes la interpretan. Desde luego, el que más se adapta a esa acepción es el "Asturias, patria querida", canto simbólico de nuestros éxtasis etílicos que somos capaces de compartir sin distinción de ideologías ni creencias ni estatus sociales.
Sólo tendríamos que sustituir Asturias por España. Ya está hecho y nos podría unir de una vez por todas en esa manifestación convivencial que sobreviene cuando, con una copa de más, todos nos hermanamos en ese abrazo único del proceso de la juerga en sus tres fases conocidas: culto a la amistad, insultos al gobierno, al clero y a la milicia y cantos regionales.
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