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CLAROSCUROS
Piromanos
03/10/2007
CARLOS Rivera
Es que en este país cierta gente no para de enredar. Ahora le toca a Ibarretxe con su referéndum de las narices, a pesar de saber que es un farol, que va en contra de los principios constitucionales y que es solo una estrategia electoral. A los catalanistas antimonárquicos les da un día sí y otro también por quemar banderas y efigies de los reyes. Laporta que se arrepiente de haberle hecho entrega simbólica de la Copa de Europa de fútbol al culé Zapatero . Los obispos y los curas erre que erre contra la dichosa asignatura que sólo tiene la pretensión de que las nuevas generaciones no incuben esa falta de respeto que ha sido paradigma de la idiosincrasia española y causa directa de nuestros desentendimientos históricos . Y los jueces. Los del Constitucional (con algunos supervivientes del franquismo). Que en vez de procurar desde sus altas magistraturas que se cumpla la norma básica de convivencia que nos dimos los españoles hace treinta años, andan jugando a la política, a las mayorías y minorías como sus afines partidarios. Es que no paramos. Menos mal que las espadas parecen en estado de paz y de sosiego acatando la civilidad, aunque de vez en cuando aparezca algún oficial tardofranquista ofendiendo groseramente a un soldadito cuya condición sexual no coincide con la del macho estepario con galones, como ha sucedido en Galicia. No paran de enredar y la mediatidad azuzando los perros y las cazas de brujas según sus conveniencias políticas. Todos estos pirómanos de la convivencia pacífica (lo mismo da que utilicen el fuego real o la palabra) son una minoría, ciertamente, si los comparamos con la mayoría de ciudadanos responsables, solo que cuentan con el apoyo de ciertos grupos mediáticos, políticos, religiosos y judiciales dispuestos a fomentar la discordia entre los ciudadanos de los diversos pueblos de la España diversa. Portavoces de una emisora eclesial muy conocida por sus piromanías piden la dimisión del Rey porque, según los delirios de su esquizofrenia, no garantiza la unidad de España. Políticos extremistas de la oposición de derechas utilizan al mismo Rey y a los símbolos constitucionales como instrumentos irresponsables para desgastar al Gobierno. Jugar con fuego puede tener consecuencias imprevisibles. Recordemos cómo el sector más radical de la derecha española jugó con fuego antes del fracasado golpe de Estado de 1.981. Y volvió a jugar con fuego después de la precaria victoria socialista de 1993. Ese mismo sector lo sigue haciendo en estos días, contribuyendo, de paso, al enconamiento y radicalización de ciertos sectores de los nacionalismos vasco y catalán. Paradójicamente son los socialistas en estos momentos los más firmes garantes de la Constitución en España, en Cataluña y en Euskadi, mientras un sector muy radical de la derecha pide la dimisión del Rey. Fuegos artificiales todos, en cualquier caso, dado que los pirómanos son pocos frente a la mayoría de ciudadanos que no estamos dispuestos a poner en peligro la convivencia que garantiza la Constitución. A Ibarretxe se le pondrá en su sitio llegado el momento. Carod Rovira escarmentará en cabeza ajena y si no lo hiciera para su planteamiento de referéndum del 2014 es que es más torpe políticamente de lo que da a entender. Mayoritariamente, nadie pone en cuestión ni la Constitución ni la Monarquía. Lo dice un republicano confeso. Tiempos vendrán en los que, con más sosiego, pueda plantearse no solo la cuestión de la jefatura del Estado sino la reforma de una Constitución que nos remita al Estado federal como modelo superior de convivencia de la España plural.
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