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Celebración de la palabra
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Celebración de la palabra


*Texto de Pilar González España



“Escríbete.
Come, coma, come punto,
come punto y coma
y ríete de tu ombligo
origen y punto final.”

*Andrea Luca (“Reglas de ortogeografía personal” 10-14)

“Me hundiré en la palabra,
cercada por la voz.
El silencio
abre anillos de agua.”

*Lola Velasco (“Me hundiré en la palabra…”)


“Mi coño alimentado por una boca física
tiene el oficio azul de ser frágil y exacto.”

*Isla Correyero (“Terciopelo azul” 3-4)

“Las palabras son necesarias
para que arda el silencio

para que ardan los actos.”

*Pilar González España (El cielo y el poder, Xiao Chu 2-4)

La tercera fase de este proceso de apelación al lenguaje es una fase de celebración y de encuentro con la palabra poética. Una de las autoras más vaginales y festivas es Isla Correyero. En “Terciopelo azul,” Isla Correyero propone la vagina como locus de exactitud y pronunciamiento poético: “Mi coño alimentado por una boca física / tiene el oficio azul de ser frágil y exacto” (3-4). La expresión celebratoria de Correyero no es únicamente lingüística sino también ontológica, apuntando así a una fase posterior en el proceso de articulación de la generación refractaria por la que las autoras, una vez adquirido un lenguaje propio, se presentan a sí mismas como sujetos normativos, susceptibles de autoridad y de trascendencia.
Pilar González España es un buen ejemplo de planteamiento de alternativas a la expresión lingüístico-poética, aunque también apunta a construcciones ontológicas. Entre las mismas se encuentra la formulación panteísta, con raíces en la filosofía oriental. Este planteamiento alternativo, no-occidental, se muestra en sus poemas de la serie El cielo y el poder, inspirado en los hexagramas del libro sagrado chino Yijing o “Libro de las Mutaciones.” González España reorganiza la serie original de hexagramas chinos, que transcribe en su volumen poético, permitiendo con ello tanto la interpretación personal de un texto considerado sagrado -cuyo orden la poeta altera,- así como la incidencia en el nivel visual del lenguaje poético: los hexagramas están compuestos por líneas continuas y quebradas, consecuentes a la expresión china del yin y del yang.
El cielo y el poder, en sintonía con el libro sagrado que lo inspira, elabora sobre la continua transformación y proceso de mutaciones vitales, incidiendo en la apertura y el cambio. En su pórtico al libro, la autora señala que su texto “narra un viaje cualquiera, un viaje de lo cerrado hacia lo abierto, de la oscuridad hacia la luz” (8). Esa capacidad de celebración y de multiplicidad alternativa y desjerarquizada (“un viaje cualquiera”) sintoniza con la opción refractaria de formas nuevas de expresión. Se trata de un proceso que relata la inversión radical de elementos dados a fin de acceder a la recreación de la totalidad y de la transformación desde códigos principalmente panteístas; así lo testifica la autora en su “Poética”: “Hay un salto, intercambio de átomos: lo de dentro hacia fuera, lo de afuera hacia dentro. Escribir es ser naturaleza, es ser agua con el agua, viento con el viento” (377).
El cielo y el poder desarrolla entonces, de forma deliberadamente discontinua, dicho proceso de quiebra y/o inversión que avanza hacia el alegato de celebración y apertura. En el hexagrama “DA GUO, la preponderancia de lo grande” (41), se especifica tal ruptura mediante la metáfora de la noche, una metáfora habitual en los códigos convencionales literarios. Pero el poema de González España no se plantea ahora desde el clásico “nocturno” que apelaba a la reflexión sobre el proceso poético o a la temática amorosa en la que la luna aparecía con frecuencia asociada a la mujer, misteriosa y pasiva. Por el contrario, la autora explicita la ruptura definitiva con las nociones dadas, añadiendo un nivel implícito de ruptura de esa noche-origen a partir de la cual se inicia el nuevo proceso de expresión de mujer en la generación refractaria:

Se ha roto la noche
Un buen día cayó de golpe, rígida,
con toda su negritud,
y se rompió en mil pedazos
sobre el pavimento

La ruptura se enfatiza en la expresión informal y lúdica: “un buen día cayó de golpe” (2); también en el registro que apela al cuento de hadas: “y se rompió en mil pedazos” (4) y en las carencias de puntuación. La utilización subversiva de conceptos y pautas convencionales permite incidir en la cualidad de cambio, articula alternativas y retos que facilitan el cuestionamiento irónico implícito en la trascripción del hexagrama: “la preponderancia de lo grande.” Lo rígido y grande, asociable a lo fálico y erecto, se desactiva frente a una nueva oportunidad que Isla Correyero celebraba en lo vaginal y que González España apunta en el alumbramiento, en el acceso a la luz. La ruptura ocurrida sobre una dimensión urbana y artificial, asociable a la racionalidad considerada masculina (“el pavimento”), cederá asimismo paso a la preponderancia de lo natural/panteista y también de lo estimado “pequeño” en su capacidad de fuerza múltiple y constructiva.
En el hexagrama “XIAO CHU, la fuerza amansadora de lo pequeño” (83), la autora escribe:

Las palabras alimentan un fuego
Las palabras son necesarias
para que arda el silencio
para que ardan los actos

Esta apreciación última que celebra el poder de la palabra se reconoce en construcciones nuevas como las que propone el poema “ZHEN, lo excitante, el trueno” (68-69), en el que se progresa lúdicamente desde la palabra “se acabó” del primer verso al “te amo” del último verso. Una vez más, de la ruptura se llega al hechizo formulador, a la expresión inclusiva y múltiple. El breve poema “Crecer,” inspirado en el hexagrama “JIAN, el desarrollo” (75), sentencia en su único verso: “construir placer sobre los escombros del dolor.” Del sentimiento de soledad inicial de la autora, que formula en su “Poética”: “Estoy sola, sin diosas” (376), se avanza hacia una estética de la totalidad basada en el cambio radical y transformador:

Porque allí.
sobre la negrura verde,
sobre la opaca densidad de las palabras muertas,
sobre la certitud fría y colérica de la rigidez desplomada,
allí,
tu alma construye latido a latido,
el templo sagrado de la suavidad más pura. (“YI, el aumento” 73)

Como implica la autora en las últimas palabras del prefacio a su primer libro, junto al “cielo del poema” coexiste “el poder,” en su doble sentido: aquel cuestionado por González España dada la vinculación tradicional del poder a valores rígidos convencionales; y aquel que lo transforma en un poder constructivo, el del/a lector/a involucrado/a en la fluctuación del poema. Ésta será la instancia última del poder celebrada en el primer poemario de la autora barcelonesa: “Un poema es un fluido cerrado entre su techo/cielo y su suelo/tierra; sólo el ojo del lector, como la luna, despierta sus mareas” (8).
La reflexión metapoética, con incidencia en la confianza y la celebración de un lenguaje alternativo, reaparece en el segundo poemario de la escritora: Una mano escondida en un cajón. En el prólogo de Germán Molero se incide en la hibridez de los textos del poemario (“entre la novela, la prosa, el artículo periodístico o la poesía” 7) y en su cualidad metarreflexiva (“exhaustiva e introspectiva investigación sobre el lenguaje” 8). Lo mismo reitera la autora en su dedicatoria del libro “a los solos”: “Estos poemas son insistencia, insistencia sobre el tiempo, sobre el lenguaje, y la capacidad sanadora de las palabras” (11).
El énfasis en la repetición, en la “insistencia” que propone la autora, inscribe, sin embargo, elementos de duda y de ansiedad que apenas se mostraban en el primer volumen poético de la escritora. Un ejemplo de esta derivación se encuentra en el poema “Ha caído la luna sobre mis pies” (34), variante intimista del poema “DA GUO, la preponderancia de lo grande” de su libro previo.

HA CAÍDO LA LUNA SOBRE MIS PIES
casi derretida sobre mis zapatos de an-
te negro. He recogido su materia gela-
tinosa y blanca. La he arrastrado hasta
el lago donde mueren todas las horas.
Allí, en la orilla, la he sumergido como
una hostia inmensamente blanda, sin
romperse.
Ahora contemplo el hundimiento mudo
de su definitivo adiós.

El poema vuelve a incidir en la ruptura de la noche, pero ahora dicha ruptura no se limita a ser descrita en tercera persona sino que la hablante se involucra, toma decisiones, se presenta como agente activo de un asesinato: “Allí, en la orilla, la he sumergido como / una hostia blanda, sin / romperse” (6-8). El asesinato es múltiple. Por una parte, refiere a la tradición apuntada que asocia el nocturno poético a una expresión metarreflexiva en la que la luna se presenta con frecuencia asociada a la pasividad e inspiración femeninas. La asociación de “la luna” a “una hostia” permite asimismo la ruptura con el metarrelato católico, con la expresión ontológica de fabricación y asociación exclusivamente masculinas. Si en la imagen de la luna asesinada se implica el asesinato necesario de “la madre” convencional, en la asociación de la luna a la hostia se asesina también al “Padre,” al cuerpo de Cristo en la liturgia católica. Los rotos lazos, tanto ontológicos como metaliterarios, se presentan infranqueables y definitivos, como señala el último verso: “definitivo adiós.” Es por ello que este poemario supone un avance con respecto al previo. Se ha roto, además de con las convenciones patriarcales literarias, con su derivación en lo sagrado, esa tradición dada o “libro” del que partía González España en su poemario anterior. El resultado supone tanto la euforia como el miedo, un sentimiento de precariedad enrarecido de entusiasmo en el que la voluntad se impone: “y yo quiero que me salven las pala- / bras” (57, 1-2)
En el vacío creado por la ruptura se involucra entonces el sentimiento frecuente de ansiedad: “Cuando aparece el miedo / puedo tocarlo. . . ” (29, 1-2); “... Hay túneles aún abiertos del / pasado, ventanas que olvidé cerrar. / (Entra un viento gélido por los largos / pasillos de mi mente)” (28, 8-11); “Llorar, sólo llorar…” (49); “Vuelven las sombras” (30). Pero en ese vacío se mantiene la certeza de la totalidad y la celebración: “En la soledad hay pájaros” (52); “Sé que dentro está la luz” (28). Del mismo modo, la palabra se construye desde el vacío por negación:

EN EL SILENCIO, LENTAMENTE
se desata el nudo del silencio.
………………………………
Un no-poema se escribe lentamente en
silencio. (64-65, 1-2, 25-26)

La celebración de la palabra y de la luz se impone finalmente desde una retórica que suele incidir en la negación, una estrategia frecuente entre las autoras de la generación refractaria. Pero no se trata de un “no” de resistencia, habitual en estrategias feministas previas,6 sino de un “no” inclusivo, constructivo y visionario, de un “no” “tranquilo,” como implica la autora en su poemario: “Pero, sobre todo // hay que estar sentados tranquilos” (71, 7-8). Desde el no-poder se imprime el poder, como se imponía la palabra desde el silencio:

CUANDO EL NO-PODER
se convierte en nube, y se dibuja en el
cielo como un vapor que sube, como
un anhelo que busca otro sitio para ha-
cerse real.
………………………………………
Y un día nos reconoce y nos moja en el
pelo y se nos devuelve y se entrega,
y se hace viva en toda su impotencia
y entonces ya
nos sonríe. (69, 1-5, 11-15)

La palabra, como la luz, se celebra entonces como conquista. La voluntad desde el lenguaje se acaba por imponer en ese nuevo día creado por la palabra poética de mujer. La hablante en los textos multiformes y versátiles de González España, afirma continuamente ese poder: “Construyo un castillo de arena. / Lo deshago. // Digo lo que acabo de decir. / Lo desdigo.” (66, 1-4). Frente a la noche, rota o ahogada, se impone la luz y el día, donde habitan las palabras que liberan:

De día, porque acaba de nacer el sol.
Con sus manos desplegadas acaricia lo
vivo.
Una niña da la mano a un rayo de sol.
………………………………………
……………………… Ahora tiene un
ojo de luz en su puño cerrado. (57, 8-10, 16-17)

El lenguaje como conquista de una nueva expresión de mujer permitirá avanzar hacia otros ámbitos de articulación de una identidad que hasta la generación refractaria permanecía supeditada a la experiencia y el lenguaje del hombre. El siguiente estadio, ya insinuado por las autoras mencionadas en este estudio, consiste en un estadio de definición ontológica, un discurso de la veracidad que transforma las nociones metafísicas convencionales para dar paso a una articulación trascendente genuinamente de mujer. Con este nuevo lenguaje construido como propio y celebrado en sus carencias y hallazgos, la literatura española inaugura una nueva historia de la poesía española escrita en castellano.


*www.wikilearning.com/celebracion_de_la_palabra_pilar_gonzalez_espana-wkccp-18804-4.htm
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Carlos Rivera » Escrituras » Respuesta

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