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CLAROSCUROS
Entreacto
12/09/2007
CARLOS Rivera
Gente sencilla, gente de buena fe, acude a estas páginas con frecuencia para escribir en las cartas al director emocionados epitafios por sus seres queridos o por sus seres admirados que ya no pueden leer tanta muestra de amor. A otra escala distinta, la mediática y más en concreto la televisiva, el territorio cotidiano de la muerte es desigual. No es lo mismo morir en el anonimato del cementerio marino, como esos pescadores de Barbate o los que cada día viajan en las pateras de Caronte desde la pobreza de Africa hacia la muerte cuando buscaban su opuesto, la vida. Ni es lo mismo morir en un campo de fútbol en plena juventud que despedirse de este mundo, con el mismo anonimato en el que se vivió, por causa de un accidente laboral. La muerte, como la vida, es desigual. La de ese chico del Sevilla permanecerá glorificada durante cierto tiempo entre la inmensa mayoría como un trágico entreacto deportivo. La de Umbral o la de Pavarotti o la de cualquier otra lumbrera de las artes o las letras solo será una tibia elegía en la memoria selectiva de los amantes de la belleza. "No parla, no canta", decía un niño italiano en los brazos de su madre a la puerta de la catedral de Módena. Ese niño, algún día, escuchará la voz increíble y hermosa del tenor italiano y sentirá esa emoción especial de la belleza pero no recordará ni las palabras que dijo a su madre ni la quietud final de aquel cuerpo que vió en la catedral de su ciudad. "La mort, la mort" del tercer acto de la ópera Carmen acaba de llevarse tempranamente a un amigo y vecino muy querido: Kiko Pastor . Cuando nos toca tan de cerca nos anonada y nos produce una conmoción que sobrepasa a nuestra propia existencia. Un cuerpo es solo la medida del tiempo y su desconocida fecha de caducidad para que todo tenga su sentido en el espacio puro donde se abren las flores de la Octava Elegía de Rilke . Es decir, lo póstumo, las huellas de nuestra humana fugacidad y según como nos haya tocado la vida. En Estados Unidos se rinde culto a la figura de Elvis Presley , casi divinizado incluso entre aquellos que no lo conocieron. En un bar muy cerca de mi casa hay casi un santuario fotográfico de Camarón de la Isla . Algunos divos de nuestro tiempo tienen esa existencia posthistórica del mito. Fueron aquellos que dejaron sus huellas en la memoria colectiva. José Angel Valente , en su poema de homenaje a Klee , lo decía de esta manera más poética: esos seres son "el paisaje que retiene toda la luz del fondo no visible". Lo que deja de tener importancia en estos casos es la existencia real. El futbolista Antonio Puerta , de prematura y casi escenificada muerte, quedará como una lágrima heroica e invisible en el escudo deportivo de su club. Del cuerpo generoso en carnes y en solidaridad de Luciano Pavarotti solo quedará, como ha quedado de María Callas , su voz ardiendo como una llama lírica. De Paco Umbral su estilo literario y ese libro dedicado a la pérdida de su hijo, Mortal y rosa . Tuvo Paco la mala suerte para su estricta vanidad de morir el mismo día que el futbolista. Menos mediática su esfumación, excepto para aquellos que lo leímos y reconocimos la excepcionalidad de su talento literario. Muertos, al fin, que quedan, como escribiera William Wordsworth para "las horas de divinidad" en nuestra biblioteca o fonoteca. Para los anónimos del entreacto, sólo estos versos de un soneto de Borges : "Ya somos el olvido que seremos". Aunque en el caso de un ser tan positivo, tan vitalista y tan cabal como lo fuera mi amigo Kiko Pastor su recuerdo perdurará mientras vivamos entre los que lo conocimos.
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