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CLAROSCUROS
La lógica de Babel
05/09/2007
CARLOS Rivera
Entre mis lecturas de este verano me resultó bastante ilustrativa la de Rabbi Pinas acerca de la confusión de lenguas. Muy concordante con mis experiencias del estío, ya que paso buena parte de esos meses civilmente muertos de julio y agosto en mi pequeño estudio de Mainake, alojado en una torre de apartamentos de diez plantas en la que se hablan casi todos los idiomas de Europa y "parte del extranjero", que diría el castizo. Sostiene Rabbi Pinas que lo que ocurrió en Babel, entre los constructores de la famosa torre, no es que nacieran allí diversas lenguas sino que las palabras significaban cosas distintas. Ciertos mitógrafos, apoyándose en este hecho incuestionable, dicen que el problema de Babel al cambiar el significado de las palabras trastocó el orden natural de la Creación y que como consecuencia surgieron dos mundos antagónicos: uno, en el que se comunicaba la gente con las palabras de Dios y de los ángeles, y otro en el que el lenguaje era el medio comunicante de los luciferinos. Algo de verdad debe de haber en estas elucubraciones de los defensores de los mitos, habida cuenta de que hoy mismo, en la mítica tierra de Palestina, hay dos facciones políticas que hablando la misma lengua no logran concordar en el significado. E incluso aquí, en este país tan hablador, podemos observar el fenómeno cuando desde el punto de vista religioso y político y hablando el mismo idioma, no nos ponemos de acuerdo ni en los significantes ni en los significados. Hay muchas controversias entre lenguaje y realidad. Y mucha falta de lógica. Desde los que entienden que la fuente de todos los males de este mundo es el lenguaje natural y la implicación del sujeto y del predicado, hasta los que postulan que si el hombre llegara a identificaciones únicas y verdaderas en el proceso de la comunicación se curaría la locura, se establecerían unas justas y equilibradas relaciones sociales y reinaría la tolerancia por doquier. No digo que no pueda ser aplicable esta utopía cuando viviendo en Córdoba no logro entender que no se logre la concordia no de hablar sino de rezar en un templo como la Mezquita Catedral entre los que profesan las creencias de las tres religiones del Libro. Eso es porque no se aplica la lógica sino la sinrazón del fanatismo. No son los dioses o sus nombres los culpables de esa discordia eterna sino los hombres que discrepan en los significados y que al hablar de las cosas visibles y de las invisibles propalan la confusión y colisión de lenguas con sus verdades absolutas. Es por eso que judíos, moros y cristianos no pueden rezar juntos en una sinagoga, en una mezquita o en un templo. Es por eso que los de Timor o los de Palestina se matan fraternalmente. Babel. Esa es la cuestión. Cuéntase que los que trabajaron en la famosa torre de la discordia murieron locos. Como locos están los que bajo la suprema razón del fanatismo han hecho imposible que las palabras de la discordia no hayan podido llevar a buen término una negociación para acabar con el terrorismo. Significantes y significados. Josu Jon Imaz habla el vasco como Ibarretxe , sólo que para Imaz la palabra Estado es de entidad mayor y para Ibarretxe, pequeña y aldeana, circunscrita a la cultura del caserío. Es así que la edificación de una nueva torre de la tolerancia y del respeto es tarea arriesgada. Rabbi Pinas sostiene que las lenguas de los hombres fueron inventadas por los poetas. Más bien, diría yo, por los profetas, plomadas y ladrillos de todas las religiones que conozco. Resultado: no se aplica la lógica de Babel. Gran ejemplo político.
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