Canto XVIII, de Willy Bouillon
En sí misma, la luz no tiene otro objeto Que iluminar. De igual modo, lo que digo No tiene otro objeto que ser escuchado.
Y así, lo inverso de la luz es la oscuridad Y lo inverso de lo que digo es el silencio. Pero hubo un tiempo en que no había Luz ni tampoco falta de ella, ni ningún sonido Ni nadie que estuviese atento a que lo hubiera. La distancia era el espacio hueco entre dos Eternidades, y allí estábamos, solamente Arión y yo, imaginando que los universos Se multiplicaban y que todo, el comienzo Y el fin, era apenas un aleteo neutro, Mientras el temblor surcaba la historia, Sobrevolando soles aún cautivos De una tensión mayor, la que algún día, Si el sueño era "aquel que da paso a otro estado", Revelaría formas y nombres Y deseos y el ligero susurro de la flor Que crece y preguntas y respuestas y brujos Y demonios. Y hasta la palpitante crueldad De cuervos que tal vez reinarían, feroces. En un crepúsculo. Hacemos una pausa y, mientras mira el fuego, Arión dice claramente: "Es hora de recordar".
*Fuente : Diario La Nación. Buenos Aires.
| Importante:
Se permite la reproducción de los textos siempre que se
cite la fuente |
|