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Aguinaldos de poesía de Elena Martín Vivaldi
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Aguinaldos de poesía de Elena Martín Vivaldi


*Texto de Fidel Villar Ribot


DIOS fue siempre una presencia constante tanto en la vida como en la poesía de Elena Martín Vivaldi. Pero se trata de un Dios con un valor ecuménico más allá de las apropiaciones particulares de las religiones aunque coincide en buena parte con el imbuido en la educación cristiana que recibió en su casa y al que se mantuvo fiel durante sus años a través de una cumplida práctica personal.

Para Elena Martín Vivaldi Dios es la causa originaria de la vida, si bien, antes que otra consideración, habría que tener en cuenta la estimación panteísta que yace en todos los momentos de la creación poética ya que Dios está en la base de cualquier percepción del mundo que la poeta refleja en sus versos. Esa inmanencia divina se palpa desde los primeros poemas con entera nitidez.


Dios al principio


El primer libro que publicó Elena Martín Vivaldi fue 'Escalera de luna', (1945). Pues precisamente en la copia original -mecanografiada y muy corregida a mano- que conservo y en su última amarillenta cuartilla se puede leer: 'Diez décimas y un soneto. Décimas para un retrato encauzado del dolor'. Lo que vendría a corroborar la expresión, aclarada y concreta, de esa creencia religiosa que se quiere destacar desde el propio título del libro casi como guía de lectura.

Pero aún hay más. En dicha copia en mi poder aparece un poema con el título primero de 'Oración a Jesús y María', y que está fechado en Sevilla en 1944. A pesar de todo, este texto pasaría luego a llamarse 'Junto al río'. Está formado por dos décimas -¿ay, las bellísimas décimas de Elena!- en las que se puede ver la sencillez de esa presencia de Dios. Los dos poemas son una suerte de oración ya que se construyen con el recurso estilístico del apóstrofe -lo que en la retórica latina era la 'exclamatio'-, consistente en interpelar algo o a alguien aún a sabiendas de que no va a responder. Entonces la discursividad del texto comienza con una llamada que resulta ser una sincera invocación desde la soledad de la meditación: 'Señor, porque yo presiento/que el dolor que tú me has dado/órbita de mi pecado/doblará mi sentimiento;/y porque puente yo siento/será salvación y nieve/de este sol y fuego aleve,/por esto, Señor, tu mano/sea lirio para el liviano/mi corazón loco y breve'.

Es necesario detenerse un poco en este poema porque ya se nos revela aquí toda una dimensión crucial tanto en el sentimiento personal de Elena como en la esencia de su cosmogonía poética. Ella es una persona creyente y practicante católica, y como tal se considera un ser dolorido en la 'órbita de mi pecado' que tan sólo hallará rescate y salvación en la intercesión del Señor. Resulta muy importante esta palabra: el Señor es el Dios exclusivo de los cristianos y precisamente con esa acepción de vasallaje en el vocablo que viene a establecer una dialéctica entre el siervo y el amo. La imagen de la mano cual lirio la toma Elena Martín Vivaldi de sus lecturas de los poemas religiosos de Lope de Vega y siempre con el eco constante de la adjetivación de estirpe garcilasiana.



Los senderos iluminados


Otra forma de presencia de Dios sucede en 'Diario incompleto de abril' (1977). Aquí nunca está nombrado, pues es el mes de abril la invocación referente, pero ese vocativo 'abril' esconde una plasmación del panenteísmo religioso de Elena. El tema de la dolorida soledad halla su efusión tras cada sensación obtenida como si precisamente en ese orden cósmico, hijo de Dios, ella tuviera la fortuna de ver reflejada la única compañía de su estado.

Con 'El alma desvelada' (1953) vuelve Elena Martín Vivaldi a su expresión originaria de Dios en los poemas. Esto es, de nuevo la presencia del Señor y hasta con idéntica técnica literaria. Es lo que ocurre en el poema 'Oración en trance de amor', de la segunda sección de la tercera parte del libro: 'Ay, ya, Señor, qué soledad, qué ausencia;/no puedo amar y odiar, me está vedado,/en sola oscuridad, desamparado,/mi corazón desvela tu presencia'.

Y todo eso se observa todavía más en 'Cumplida soledad' (1958), donde tenemos uno de los poemas clave en este sentido. Se trata de 'Amanecer': 'Señor, y todo este mundo que renace era mío./Mío todo este oír la mañana nacer,/acechando el primero y tímido canto de los pájaros'.

Pero, en principio, no deja de ser dramático que en un libro tan femeninamente esencial como es 'Materia de esperanza' (1968) no aparezca ni una sola referencia. El poemario está dedicado por completo al hijo que ella nunca tuvo y que, sin embargo, fue una de las materias de su esperanza.

Y a partir de aquí la presencia de Dios sólo será sobreentendida en la forma de contar las percepciones. Por eso Dios será el mar, los colores, la noche, la naturaleza, la soledad...



Y por Navidad


Pero llegada la Navidad, Elena Martín Vivaldi nos tenía muy bien cuidados a algunos de sus amigos, quienes conservamos alguna felicitación para esas fechas. Tales felicitaciones consistían bien en pequeños textos manuscritos con la temática de la acostumbrada naturaleza en su poesía o bien de asunto específicamente navideño, a la manera de los villancicos.

Para la ocasión, Elena se compraba en la desaparecida librería Costales unas pocas cartulinas amarillas que después doblaba con descuidada simetría -era habitual la torpeza de los dedos de Elena para ciertas manualidades-, procurando darles luego la forma de los socorridos crismas navideños.

De entre esas felicitaciones se recoge ahora la que tuvo a bien hacerle al pintor José Manuel Darro, en el año 1993.

La relación entre ambos tenía ya una antigüedad de diez años y solían verse una vez por semana, en tardes de inolvidable memoria para el artista plástico. Fruto de todos aquellos encuentros vendría una rica y estrecha colaboración, de esas que tanto gustaban a Elena y en donde se unía de manera inextricable la poesía y la pintura.

El poema 'Navidad' se plantea como una cancioncilla de raigambre popular en una combinación de versos heptasílabos y octosílabos, con una rima asonantada de una levísima delicadeza cual la de esos muchos poemas de la lírica popular.

El texto recurre a la nostalgia como soporte de la dicción, exaltando el triunfo de la paz -sustancial mensaje navideño- y entendiendo la infancia como el territorio de la dicha inacabable en donde nacieron las voces que nunca han dejado de llamarnos con el tono cordial de lo sencillamente entrañable.

Es una muestra feliz de esos aguinaldos de poesía que Elena Martín Vivaldi nos otorgaba puntualmente a esos sus amigos, de los que sólo «ellos y ellas conocen sus nombres».




*www.ideal.es/granada/prensa/20061209/vivir/elena-martin-vivaldi-aguinaldo
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Escrituras » Respuesta

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