Dos poemas de Andrés Trapiello
NADA
Te imagino, lector, dentro de muchos años leyendo estas palabras. En tu mesa una luz de bujía y una rosa anunciarán el sueño, un cuerpo, nada. Es inútil que busques. En la ceniza hay brasas que podrías tener entre tus manos sin quemarte. En tu pulso, avisos, aprensiones, también nada. Debes saber que, entonces, quiero decir, ahora, volvían cada año vencejos y este viejo Madrid ya era viejo con sus ciegas veletas y sus jardines muertos. ¿Qué buscas, pues, aquí? ¿Algo distinto? ¿Una forma tan sólo? ¿Esa nueva manera de traer el ingenio, rimas, nada? ¿Buscas tal vez aliento, saber que ha de morir contigo el mundo, el hálito más puro de la vida, el cantar de los pájaros y los ríos de susurrar oscuro? Yo mismo cuántas noches fui devanando el tiempo y cuántas, como tú, miré a los ojos de esa hermosa figura cuyo nombre variaba, primero amor, luego silencio, nada. Te imagino, lector, dentro de muchos años. Sigues aquí conmigo sin que sepas tú mismo que aquello que aquí buscas es tu propio dolor, este Madrid, el volar de un vencejo, un tiempo igual al tuyo, el bálsamo en el alma de un aire limpio y puro. Que buscas un misterio, vida, nada. **************************************** PARA UN COMBATIENTE DEL EBRO ¿Qué sabemos nosotros de los viejos caminos llenos de barro y lodo? ¿Qué podemos nosotros recordar de la pasada guerra, de esos pueblos pequeños rodeados de viñas? ¿De esos bailes de pueblo sobre las verdes eras y a la luz del carburo, cuando el sagrado azul, el azul del crepúsculo se queda entre las tumbas, viejas y abandonadas?
Otoño, otoño mío, ¿Qué sabemos nosotros de la guerra? Dime por qué el azul, sagrado azul, es el color de los que nunca vuelven, de aquellos que partieron una mañana antigua por los viejos caminos llenos de barro y lodo.
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