.       Esta pagina se actualiza de lunes a viernes, salvo imprevistos y festivos
Andrés Trapiello
 Novedades
- Perséfona (fragmento)
- Un texto sobre André Gide
- Fragmentos del “Diario” de André Gide
- Fragmento de “Los alimentos terrestres” de André Gide
- André Gide : la profundidad de la piel
- Contra el olvido
- Poesía para el país
- Las mejores palabras en el mejor orden
- El sentido de saber de dónde son los cantantes
- Sarduy y el neobarroco
- El robo del siglo
- Cuerpo, lenguaje y el neobarroco
- Reflejos de un ojo dorado
- Será tan de mañana
- Periodismo literario y crítica literaria
- La reina opina, el gobierno asiente
- Las criptas de la crítica
- El primer turista sexual : Ulises
- La depresión en “Madame Bovary”
- Misterios medievales


Inicio » Nuestra literatura

  Versión Imprimible

» Andrés Trapiello
Andrés Trapiello

*De Wikipedia, la enciclopedia libre


Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío (León), 1953). De niño estudió junto a su hermano Pedro en los Dominicos en la Virgen del Camino, a las afueras de la capital leonesa. Escritor y colaborador en diversas publicaciones, además de novelista, poeta y ensayista, vive en Madrid desde 1975.


Los amigos del crimen perfecto (fragmento)

Un nuevo timbrazo percutió en su cerebro como si le metieran una aguja de tricotar en el tímpano. Sintió la descarga también en el estómago vacío. Los que escriben noveluchas policiacas llaman a ese aleo en las tripas el «heraldo de la muerte». Se sentó en la cama sin hacer ruido, con movimientos instintivos, del felino que adivina dónde está el peligro. Había pasado de ratón a gato.
Cuando dejaron de flagelarle aquellos toques, Delley oyó al otro lado la respiración de los sabuesos. Quizá la orden que traían era mucho más sencilla. Lo iban a trufar de plomo y a dejarle allí, con el reflejo de aquella chica tan sexi encima. Seguramente ni siquiera habrían venido de uniforme. Sí, acabaría tirado sobre la alfombra, haciendo un dúo con la muñeca voltaica. Delley dedujo por el alboroto que eran tres o cuatro los hombres. Volvieron a llamar.
Crg, crg, crg.
Esta vez fueron golpes secos, nerviosos, efectuados con el mocho de una pistola. Delley estaba cansado, había llegado al final, estaba harto de ver muertos.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Nuestra literatura » Respuesta

Envía este artículo a un amigo CLICK AQUÍ

 
Córdoba
Ciudad europea de la cultura 2016
"El saber SI ocupa lugar"
Copyright 2004 ElPelaO.com


Estadisticas web // -->
Estadisticas de visitas
 

Respuesta2.0.1