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» Algunos poemas de "Blues castellano" |
Blues castellano [1961-1966]
Después de veinte años
Cuando yo tenía catorce años, me hacían trabajar hasta muy tarde. Cuando llegaba a casa, me cogía la cabeza mi madre entre sus manos.
Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra y los gritos de mis camaradas en el soto y las hogueras en la noche y todas las cosas que dan salud y amistad y hacen crecer el corazón.
A las cinco del día, en el invierno, mi madre iba hasta el borde de mi cama y me llamaba por mi nombre y acariciaba mi rostro hasta despertarme.
Yo salía a la calle y aún no amanecía y mis ojos parecían endurecerse con el frío.
Esto no es justo, aunque era hermoso ir por las calles y escuchar mis pasos y sentir la noche de los que dormían y comprenderlos como a un solo ser, como si descansaran de la misma existencia, todos en el mismo sueño.
Entraba en el trabajo. La oficina olía mal y daba pena. Luego, llegaban las mujeres. Se ponían a fregar en silencio.
Veinte años. He sido escarnecido y olvidado. Ya no comprendo la noche ni el canto de los muchachos sobre las praderas. Y, sin embargo, sé que algo más grande y más real que yo hay en mí, va en mis huesos:
Tierra incansable, firma la paz que sabes. Danos nuestra existencia a nosotros mismos.
*********
Caigo sobre unas manos
Cuando no sabía aún que yo vivía en unas manos, ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón.
Yo sentía que la noche era dulce como una leche silenciosa. Y grande. Mucho más grande que mi vida. Madre: era tus manos y la noche juntas. Por eso aquella oscuridad me amaba.
No lo recuerdo pero está conmigo. Donde yo existo más, en lo olvidado, están las manos y la noche. A veces, cuando mi cabeza cuelga sobre la tierra y ya no puedo más y está vacío el mundo, alguna vez, sube el olvido aún al corazón. Y me arrodillo a respirar sobre tus manos. Bajo y tú escondes mi rostro; y soy pequeño; y tus manos son grandes; y la noche viene otra vez, viene otra vez. Descanso de ser hombre, descanso de ser hombre.
********
Geología
Algunas veces salgo hacia las montañas a mirar a lo lejos.
Piso unas lomas donde tierra vieja se pone hermosa con el sol y veo subir la sombra por los cuestos. Ando mucho tiempo en silencio.
Pero hay días que ando por estas lomas, y miro hacia las montañas, y ni allí hay libertad.
Y me vuelvo. Yo sé bien que es inútil buscarla como a una llave perdida, y que también es inútil mirar al fondo de mi corazón.
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Agricultura
Qué valdría sin pisadas humanas esta pobreza que hace crujir la luz. Qué sería la belleza violenta del secano sin el corazón cansado que piensa en él: tierra comida y mala soledad frente al acero mural de las montañas.
Mirad, es bello y es verdad: arriba, el cardo blanco y el centeno, ciegos, vibran junto a los pájaros, y luego baja la tierra sobre sombras rojas hasta el poco de agua y los negrillos.
Baja roída por el sol, quemada por el hielo como el rostro humano quieto y tajado de dolor, que pasa, mil veces pasa por la tierra, duro, con la herramienta y el caballo viejo, seco como su amor, mil veces pasa, toda la vida mientras dura el día.
******** II
Blues del cementerio
Conozco un pueblo –no lo olvidaré– que tiene un cementerio demasiado grande. Hay en mi tierra un pueblo sin ventura porque el cementerio es demasiado grande. Sólo hay cuarenta almas en el pueblo. No sé para qué tanto cementerio.
Cierto año la gente empezó a irse y en muchas casas no quedaba nadie. El año que la gente empezó a irse en muchas casas no quedaba nadie. Se llevaban los hijos y las camas. Tenían que matar los animales.
El cementerio ya no tiene puertas y allí entran y salen las gallinas. El cementerio ya no tiene puertas y salen al camino las ortigas. Parece que saliera el cementerio a los huertos y a las calles vacías.
Conozco un pueblo. No lo olvidaré. Ay, en mi tierra sin ventura, no olvidaré a mi pueblo.
¡Qué mala cosa es haber hecho un cementerio demasiado grande!
*********
III
Invierno
La nieve cruje como pan caliente y la luz es limpia como la mirada de algunos seres humanos, y yo pienso en el pan y en las miradas mientras camino sobre la nieve.
Hoy es domingo y me parece que la mañana no está únicamente sobre la tierra sino que ha entrado suavemente en mi vida.
Yo veo el río como acero oscuro bajar entre la nieve. Veo el espino: llamear el rojo, agrio fruto de enero. Y el robledal, sobre tierra quemada, resistir en silencio.
Hoy, domingo, la tierra es semejante a la belleza y la necesidad de lo que yo más amo.
*********
Amor
Mi manera de amarte es sencilla: te aprieto a mí como si hubiera un poco de justicia en mi corazón y yo te la pudiese dar con el cuerpo.
Cuando revuelvo tus cabellos algo hermoso se forma entre mis manos.
Y casi no sé más. Yo sólo aspiro a estar contigo en paz y a estar en paz con un deber desconocido que a veces pesa también en mi corazón.
*Copyright © Antonio Gamoneda
*www.abelmartin.com/aper/gamoneda/1982.html
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Se permite la reproducción de los textos siempre que se
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Carlos Rivera
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