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Este poema, publicado en mi libro “Verdes tinieblas”, está dedicado a la memoria de Juan Bernier, poeta del grupo “Cántico” de Córdoba, con cuyos componentes y especialmente con Juan Bernier mantuve una relación afectuosa. De aquel grupo tan importante en la poesía española de postguerra sólo sobrevive Pablo García Baena.
TE VERDE, de Carlos Rivera
Sólo debe quedar el polvo azul entre harapos de música y nubes de té verde sobre espejos en llamas las hojas del verano de la canción del álamo concluyen los estíos en Brahms de alguna pianola fenecida sus ojos ya cubiertos de gotas de lluvia se asemejan al arcoiris sentado en la lentísima mecedora sus ojos crecen como la hiedra sus palomas se llevaron las casas encendidas los balcones en sombras los pasos de un borracho en las calles de luna y albahaca. Postrero ya, sumido en nubes de té verde, sus recuerdos alcanzan la primavera y cantan cantan sus ojos se alimentan de harapos de música té verde de la poesía que lo reemplaza todo que viene como un sueño de las rosas del mar y que impávida cumbre de la sabiduría quiere alcanzarlo todo quiere ignorarlo todo cuando la noche azula su corazón en astros vivo.
*Verdes tinieblas.Córdoba, 1987. CO.74/1987
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Carlos Rivera
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