La lectura de “Diario de un seductor”, de Sören Kierkegaard, marcó profundamente mi adolescencia. “Diario de un seductor” fue para mí una revelación filosófica en torno al mundo del amor y del sexo. Leído y releído, con los años acabó siendo fruto de este breve poema mío que hoy les ofrezco como reflexión desoladora acerca de algunas experiencias del amor.
Diario de un seducido, de Carlos Rivera
Es inútil leer a Kierkegaard : no somos dioses, todo lo más, relámpagos desiertos con la tea del sexo iluminando vientres, calcinando una flor o-pavesa sumaria del instinto- ordeñando sus fuegos a la nada con un perfume clavado entre los ojos.
*Publicado en “Los destierros”. Recuperado en la breve antología “Mirando al mar que vuela”.
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