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MOLÉCULA DEL ALMA


CARLOS RIVERA


El doctor Francis Crick, uno de los descubridores de la doble hélice del ADN, ha llegado a una conclusión científica bastante peligrosa para la fe de los creyentes. En nombre de la ciencia declara el doctor Crick al Sunday Times que la base del alma humana, de nuestra conciencia individual, no es más que el simple producto de una reacción bioquimica de las neuronas cerebrales. Simplificando : el alma, el ánima, es una vulgar y ordinaria molécula que se comporta como debe comportarse una molécula según los principios evolucionistas que intentan socavar, desde Darwin y otros descreidos, las creencias fundamentales de las grandes religiones. Dicho así, a lo científico, parece más verdad que lo que cuentan los creacionistas, que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no sabemos cual de ellos, el soplo inmaterial, el principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida, la sustancia espiritual e inmortal, etc..Y, ahora, ¿de dónde sacaremos los poetas la metodología necesaria para indagar sobre los hechos y deshechos del ser?. Hay quien ha confundido al alma con una libélula, con un perfume, con un apeirón puro e incorruptible, con un paisaje fuera del tiempo. Hay quien la entiende como una estadística, lo que me recuerda una graciosa anécdota : el alcalde pedáneo de una de las aldeas de Fuente Obejuna (no diré cual) al ser inquirido en una visita del obispo de la diócesis sobre las almas que habitaban el lugar, contestó muy seguro de sí mismo : entre animales, niños y personas, unas cinco mil.
Son tantas las concepciones del alma como misterios sobre su existencia real. El doctor A. J. Dunning ya sostenía hace años que el cuerpo, el Hermano Asno de Francisco de Asís, no transporta un alma inmortal sino sólo el código inmortal del ADN que transmite la existencia biológica. Mao, con una expresión más política que poética, dijo aquello de que “somos el estiércol del campo del futuro”. Sin embargo no hay quien contradiga que hay una herencia no biológica en la conducta social del ser humano que ha proporcionado a lo largo de los siglos huellas tan luminosas como la Flauta Mágica, el Cántico Espiritual, el Rey Lear o las pinturas de Rembrandt. Aun así, una vez descifrado el código genético todo nos parece más claro o menos oscuro, según se mire. Molécula o no, el alma es la metáfora que representa lo distinto que somos de los otros seres no humanos, que también habría que ver si no tiene alma mi perro cuando me observa con esa mirada inteligente con la que decía Neruda que lo observaba el suyo. No deben hacerse afirmaciones demasiado simplistas sobre ese elemento misterioso que ha provocado permanentes tensiones entre la ciencia y la religión o entre la ciencia y la moral. El Papa dirá una cosa y ese doctor Crick que piensa lo contrario estará inventando una nueva religión, vaya usted a saber. Lo que si es cierto es que no tardará en comprobarlo. A sus 86 años el doctor Crick está a la puerta de la afirmación o refutación de su teoría. El problema es que como no podrá contarlo nos dejará con la duda, la eterna duda que nos persigue desde las pinturas rupestres de Lascaux hasta los desatinos de Bush.
Todos sabemos que el lenguaje, nuestra excepcional propiedad frente a los otros seres vivos, marca la diferencia, llámese como se quiera llamar, alma o molécula o reacción química neurovegetativa del reino inmortal del ADN que todo lo explica, no sé si verdadera o falsamente. Todo transcurre, como escribiera Jacques Monod, entre el “azar y la necesidad” que es el irrefutable credo de una ética desesperada. Por ahora la última noticia es esta : un científico asegura haber descubierto las bases neurológicas de la conciencia humana. No seré yo quien lo contradiga. Ya le ha salido al paso un reverendo inglés afirmando que lo que acaba de descubrir son sólo los componentes neuronales de la conciencia, no su envoltura inmaterial ni el ideólogo y creador de lo que estaba allí presente. Otra vez el problema del huevo y la gallina. Mejor será dejar las cosas como están : ese principio sensitivo del instinto de la gallina poniendo huevos es también una definición de alma.
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Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

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