Poética de Angel González
(...) yo pienso que en mi escritura creo notar un cambio que a mí me parece que se manifiesta en una colección de poemas que publiqué con el título de Breves acotaciones para una biografía en 1971, si no recuerdo mal. ¿En qué consiste ese cambio, si es que lo hay? Yo pienso que lo que sucede en ese momento es que yo escribo con mayor libertad, una mayor libertad expresiva, que en cierto modo supone una intensificación de rasgos antipoéticos, por ejemplo, el prosaísmo, la ironía, el humor. Digo esto con todo tipo de reservas; el crítico lo confirmará o lo negará; yo pienso que esto, si es que fue, es consecuencia de una crisis personal que me llevó a desconfiar, temporalmente, de la eficacia o del valor de la palabra poética. (....) Yo pertenezco a una supuesta generación (otros la llaman grupo poético) de los 50 o del medio siglo, la cual, si tiene algún rasgo en efecto generacional, pienso que es el escribir la poesía a partir de la experiencia (...) Esta manera de escribir produce la ilusión de que el personaje poético que oímos en el poema es el mismo hombre que lo escribe, el autor. Nunca es del todo así, porque en el poema oímos siempre la voz de un personaje, pero indudablemente ese personaje es a veces un trasunto muy fiel del hombre que escribió el poema. (En Emilio Alarcos Llorach, La poesía de Ángel González, Oviedo, Nobel, 1996, pp. 195-196) - La poesía se escribe siempre desde la intuición. (op. cit., pp. 210) - Mi intención era mostrar la poesía como algo que cambia con el tiempo, con el lector, y sobre todo algo que queda en una forma. No sé si lo he logrado. (op. cit., p. 270) - Dentro de la aproximación de mi poesía a las tendencias dominantes en los años 50 y primeros 60, ayer señalé la que se llama social y yo prefiero denominar civil, (...) Los de ayer hacían referencia a hechos o personajes históricos, los de hoy se refieren más a actitudes sociales, a reacciones sociales en torno a ciertas creencias dominantes, incluso la religión. (op. cit., p. 242) - Para justificar el acto en principio gratuito (y a veces oneroso: hay quienes pagan por publicar sus versos) de la escritura poética se suelen esgrimir muy diversos argumentos, algunos de los cuales yo mismo he utilizado: el deseo de penetrar la realidad, de conocer y de evaluar éticamente el mundo: la necesidad de expresarnos o de comunicarnos; la voluntad de "anclar en el río de Heráclito" y de salvar del efecto corrosivo del tiempo algunas cosas queridas; el goce de crear pura belleza. (...) Me temo que, aunque siempre sostengo lo contrario, estoy cayendo en la tentación de creer que el poeta, bueno o malo, que mis versos configuran (...) soy efectivamente yo, y que el acabamiento del poeta significaría mi propio acabamiento. (...) pues algo o mucho de mí, persiste en lo que escribo. (En "¿Por qué escribo?", El País Semanal, 4 de enero de 1998)
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