La poesía de Jenaro Talens
*Texto de Américo Ferrari
Presentar a un público de lectores de poesía y de lengua castellana al poeta Jenaro Talens parecería una ceremonia inútil (y para empezar, quién lo presenta a usted podría preguntarme alguien de la sala); digo inútil porque Jenaro es uno de los poetas españoles actuales seguramente más reconocidos y apreciados en España y fuera de España y selecciones de su obra poética aparecen en casi todas las antologías de poesía contemporánea española que tengo en mi biblioteca, pero de todos modos no es inútil aprovechar la ocasión de esta lectura de poemas en Ginebra para recalcar la importancia de su obra que yo conocía fragmentariamente a través de antologías y de poemarios sueltos hasta que llegó a mis manos la excelente antología Cantos rodados (Madrid, Cátedra, 2002) que reúne en 390 páginas lo esencial de su obra poética, desde los primeros poemas de la adolescencia escritos a principios del decenio de los 60, cuando el poeta tenía 15-16 años, hasta los últimos fechados en 2001, con una valiosa introducción de Juan Carlos Fernández Serrano. Los cantos rodados son piedras alisadas y redondeadas a fuerza de rodar impulsadas por las aguas según la Real Academia Española: los cantos rodados son cantos poéticos o poemas, pulidos a fuerza de rodar en el tiempo, impulsados por el estro y la estricta disciplina que exige la poesía, entre la cabeza, el corazón y la mano del poeta que los crea, los define y los redondea fuera de toda academia. Quiero decir que la obra poética de Jenaro Talens impresiona y agarra al lector por una rara fusión entre la cantidad de los poemas escritos en 35 años de trabajo (390 textos ya sólo en la antología) y la estricta disciplina, el trabajo riguroso de la composición, la métrica y el ritmo, en suma por la perfección de los textos que impresionan al lector por su equibrio, su contención y su claridad. Digo clardidad: en este sentido ha declarado Jenaro en una entrevista que en ciertos escritores de poemas “detrás de determinadcas oscuridades verbales sólo se esconde por lo general la vaciedad más absoluta”: lo que es verdad: la auténtica “oscuridad” de un poema no puede ser otra que la del fondo de un lago de aguas cristalinas y sólo en este sentido se puede entender que un gran poeta como el chileno Gonzalo Rojas haya intitulado uno de sus mejores libros de poemas “Oscuro”: lo que hay de oscuro es el fondo del alma humana, y lo único que entonces puede hacer el poeta en su poema es mostrarlo y declararlo claramente: “Te extraño, oscuridad, mi vieja amiga”, dice el poeta Talens en un poema, y también: “Desde la claridad nunca he escrito nada”. Ningún poeta, creo, ha escrito nada desde la claridad. La declaración de la claridad y la oscuridad del sentido en el poema no puede ser otra que lo oscuro y lo claro que el poeta distingue en el fondo de sí mismo y de la así llamada realidad, o de lo “real” como prefiere decir Jenaro. Esta “realidad”, que es un concepto de la escolástica tardía, refiere en su significado etimológico al mundo de las cosas (no existía ni en griego: lo más cercano sería “physis”, ni tampoco en latín clásico: “De rerum natura”, que es el poema de Lucrecio sobre “lo real” que sería la naturaleza, sus cosas y sus seres); y podríamos referirnos aquí a un fragmento de Novalis que dice (disculpen que cite primero en alemán) “Wir suchen überall das Unbedingte und finden nur Dinge”: Buscamos por doquiera lo absoluto (Unbedingte: literalmente lo no cosificado) y sólo encontramos cosas. Notemos que si, etimológicamente, “das Unbedingte” en alemán es lo “no cosificado”, la etimología de “absoluto” en español es “lo separado” y a ése absoluto solamente unos pocos grandes místicos han podido intuirlo o tocarlo: Las cosas de la realidad pueden molestar pero todos andamos entre ellas, y los poetas en medio de todos, y ellas inevitablemente en medio de los poemas del poeta. Qué hacer, o qué dejar de hacer, que es lo peor, dice César Vallejo: hacer lo que hacía el propio Vallejo y lo que hace Talens: dejarlas estar en el poema haciendo el poema, ensayar “la solidez de un poema haciéndose”, dice Jenaro, e ir con ellas a través de ellas no tanto hacia ese inhallable “Unbedingte” que buscaba Novalis sino a la unión con algunos seres en medio de tantas cosas: se trata sobre todo en esta poesía de expresar una experiencia de la presencia del mundo y de los seres y las cosas que lo habitan: lo real, dice Jenaro, lo que está siendo, eso que es ahí: “Yo sólo escribo este poema / no con la ingenua pretensión de expresar lo que siento / (nunca sé lo que siento) sino para que poco a poco a poco sus palabras/ puedan iluminar el hueco donde estoy (quiero decir, quién soy) / en el lejano abismo de otros ojos / verdes como la noche y su serenidad”. He pensado, leyendo estos versos de Jenaro, que todos estamos en eso, en ese hueco tratando de iluminarlo con algunas palabras. La poesía de Jenaro Talens constituye un corpus impresionante por la unidad y la continuidad de fondo y forma, sin saltos ni rupturas, desde los primeros poemas escritos al salir de la adolescencia (cito sólo algunos) hasta los últimos que conozco publicados, escritos en 2001: Víspera de la destrucción (1966-1968), Taller (1972-1973), Proximidad del silencio (1980), Purgatori (1982) en catalán (Talens es bilingüe), Tabula rasa (1985), Orfeo filmado en el campo de batalla (1985), Viaje al fin del invierno (1995-1997), Proximidad del campo (1997-2000). A todo lo largo de este proceso de creación lo que salta a la vista es la constancia y la homogeneidad de la escritura, el ritmo estricto, lento, sostenido, sin fallas ni disonancias. El propio poeta ha declarado que no puede soportar en estos versos estrictamente medidos ni una sílaba más ni una sílaba menos, y él mismo se explica: “...creo que hay una coherencia muy clara en todo lo que, mejor o peor, he hecho a lo largo de mi carrera, y que entre los poemas compuestos a los 16 años y los que surgen pasada la cincuentena, hay diferencia de oficio, pero no de criterio, aunque a lo mejor me equivoco”. No se equivoca, es así y todo lector de poesía ha de notarlo. Paralelamente a su propia creación poética, Talens tiene una obra importante como traductor de poesía; ha traducido al castellano del alemán, del inglés, del francés y del italiano a Goethe, Hölderlin, Novalis, Rilke, Bertolt Brecht, los expresionistas alemanes (Stadler, Heym, Trakl), Paul Celan, Shakespeare, Wallace Stevens, Ezra Pound, Eliot, Edmond Jabès, Jacques Roubaud, Eugenio Montale. Sus reflexiones sobre la traducción poética y sobre su propio trabajo de traductor están consignadas, junto con otras sobre la poesía en general y sobre su propia experiencia de poeta, en Negociaciones para una poética dialógica, un libro de entrevistas publicado recientemente en Madrid. “Para mí dice el poeta el trabajo del escritor, del traductor y del crítico forman parte de un trabajo único e inseparable”. En realidad, en traducción poética, yo creo que se puede decir que la traducción de un poeta por otro poeta es en sí una re-creación y yo diría incluso, en cierto sentido o mejor, en un sentido muy cierto, una verdadera creación: Talens, comentando las traducciones de Horacio por Fray Luis, se pregunta: “¿Lo que dice Horacio es exactamente lo que dice Fray Luis? ¿Lo que entendían los romanos al escuchar las Odas coincide con lo que los españoles leían en la versión del poeta salmantino?” Creo que se puede contestar: ciertamente no. Y creo que Jenaro lo cree también. En realidad se trataría de la apropiación del texto de un poeta de una lengua por otro poeta de otra lengua, o sea que en buena cuenta viene a ser un original en esta lengua. Una vez José Ángel Valente me contó que el director de una revista literaria de Madrid le pidió un poema suyo para publicarlo en su revista. José Ángel le mandó la traducción que había hecho de un poema de Keats. El director le escribió diciéndole: -Te has equivocado. Lo que nosotros te pedíamos era un poema tuyo. Valente le contestó: -El que se equivoca eres tú. Ese poema es mío. Y es la verdad. Ese poema era suyo El juego de los avatares de un poema a través de la traducción o las traducciones de poesía está muy bien expuesto por Jenaro en la siguiente anécdota: El libro “Taller concluye con ‘Notas para un esbozo de obertura’, un experimento que me divirtió mucho hacer. Escribí un primer texto.Lo di a traducir al inglés a un amigo. Hice que la traducción resultante se tradujese al francés y del francés al alemán. Finalmente traduje yo mismo la alemana al español de nuevo. Esa cuarta versión ya no tenía nada que ver (o muy poco para ser exactos) con el texto de partida. Traducir es rehacer, quod era demostrandum”. No cabe mejor demostración.
*www.revista.agulha.nom.br/bh22talens.htm
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