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Quinta estación de Vivaldi, de Carlos Rivera
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» Quinta estación de Vivaldi, de Carlos Rivera
El día 14 de abril de 1976 murió mi amigo Román Jurado Brieva, a los 29 años de edad. Román era compañero de ZUBIA, grupo poético que fundamos a primeros de los años setenta en la ciudad de Córdoba. Román dejó un libro publicado, “Camino de nadie”, algunos inéditos y una obra pictórica que acabó cuando recién comenzaba. Unas horas antes de su fallecimiento nos pidió a la familia y a los amigos allí presentes que quería morir escuchando “Las cuatro estaciones”. En mi libro “Diario a bordo de una isla” quise dedicarle a título póstumo el poema que sigue. Dicho poema apareció sin título. Hoy quiero titularlo.


Quinta estación de Vivaldi, de Carlos Rivera

En memoria de Román Jurado, poeta de la pintura.


Ver como la marea de sus ojos
brasas o ciervos se extendía
arrasando e hiriendo la noche. Descubrir
como la muerte tuvo aquel capricho
de ‘‘Las cuatro estaciones’’ y Vivaldi
exaltaba sus ojos
que a chorros regresaban y partían
alternativamente. Homofonías
de sátiro pincel lo despertaron
cuando la madrugada se hizo tumba
y la materia sueño, como aquellos
contenidos bemoles de sus manos
mezclando los colores en el alma
del mar y los planetas.
Ver como ya la muerte era un estudio
en sombras acuarela o colofón
bramidos o susurros o placenta
sembrada en el dintel del imposible.
Al alba se hizo al aire. Regresó
Vivaldi a su espumario y la marea
se detuvo en el pié de lo absoluto.
Era abril y catorce de algún año
que termina en jamás para mis ojos.



*”Diario a bordo de una isla”. Sevilla, 1980. ISBN 84-300-3374-2
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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