Algunos poemas de Justo Jorge Padrón
DESDE EL FONDO DEL VINO
Desde el fondo del vino una mujer me invoca con un riesgo sinuoso. Su cuerpo se ilumina como exaltada llama empañada de invierno, como enterrada lluvia rompiendo sus latidos, deshaciéndose en música envolvente, tan desolada y bella, hasta cegarme.
El oro fascinado de su risa me lleva hasta el delirio de celebrar su cuerpo. Con su hechizo me invade desde el aura de su rosa sombría, que absorbe en su corola el absoluto tiempo que viví.
Y así, preso y errante, en su inquieto perfume tibiamente lejano, me destierra en el vino bajo la maldición de su recuerdo.
IGUAL QUE EL PRIMER DÍA
Vas cosiendo en la máquina lentamente el vestido, los sueños de la hija. En tus manos se trenzan el tejido y la luz. Te miro y voy sintiendo un sobresalto en la sangre. Te estoy hablando sin mover los labios como si no existieran las palabras. Es un silencio iluminado el que escuchamos en nuestras paredes blancas. La máquina prosigue pespuntando los sueños, la esperanza se viste con un traje de niña. Apenas una leve mirada y nos hallamos igual que el primer día: Sigue el amor. Nos basta.
LA SANGRE IRREFRENABLE
Avidez que descubro en mis pupilas como fiera encerrada por un íntimo azar. Atracción de aquel fuego, el espejismo despliega sus arenas ante el mar del verano, ante el vuelo de pájaros que anuncian el diálogo furtivo de dos cuerpos.
Reino de la lascivia bajo palmas umbrosas, ardiente brisa, música plena de los sentidos empozada en el alma, respirada con fruición por mis cinco salteadores dementes. Cuántas luces se abrieron. Cuánto terso oleaje en labios y caderas fugitivas.
Emergí de la espuma como un sol solitario. Crucé dunas, oasis, olí sábanas tensas, desperté los racimos más prietos y turgentes, sentí las certidumbres que abrían estos dedos. Allí la danza, abismo de dulzura, y su vibrante vientre de atabal, bebiéndose en desorden mi futuro bajo el aire de un vértigo de estrellas.
Fui tirano y esclavo del gozo y el dolor, de la dura nostalgia de los besos, de la fugacidad depredadora de cuanto vive y ama consumándose. Desgarrado, escuché el pavor del capricho, la impiedad que me niega o aquella en que amanezco.
Morí con convicción en tantas ocasiones para resucitar con un vigor fragante, y luego y luego y luego, después de tantos años, sueño ante el mar rebelde del estío, sueño en la juventud de un erguido deseo y atiendo a la marea de las horas viniendo y alejándose hacia el último páramo, allá donde se apaga la sangre irrefrenable.
RITUAL DE LOS ESCLAVOS
Dame lo que no tienes, pero que es tu esencia, acaso ese deseo tan íntimo y prohibido, lo más tuyo: tu entrega y tu renuncia. Todo lo que has de ser cuando tu plenitud alcance el porvenir que ha madurado como un dorado fruto por la luz del otoño.
Tal vez la noche tersa nos reúna para que conozcamos el mal de lo difícil, el daño indivisible del amor, en donde al fin podamos existir en el tenue esplendor con que la vida nos elige y nos mezcla fatalmente.
Por eso yo te pido que con firmeza cumplas el acerbo ritual de los esclavos: cambiar la libertad de la esperanza por el ansia que juntos nos apresa.
ALGO INVISIBLE FLUYE A NUESTRO LADO
Acaso despedirse de la vida sea contar las veces que nos quedan por habitar las cálidas costumbres. Quizá estas tibias cosas cotidianas ofrezcan las imágenes de lo que un día fueron: encuentros soberanos con la luz o con ese misterio fugaz de la hermosura, la voz de una mujer, aquel poema, cierto instante encantado del crepúsculo, cuando el aire se incendia en los balcones y el valle como un cuento se duerme en sus palabras. Algo queda latente en nuestros labios, un gozo, una inquietud ante lo impronunciable, y la brisa remonta la torre del jazmín y susurra leyendas de amor y de nostalgia. Algo invisible fluye a nuestro lado, el delirio estelar, la música del cosmos palpitando en su espera deslumbrada.
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