EL MAL MEDITERRANEO
CARLOS RIVERA
Uno está convencido de que la duda, la duda intelectual, es corrosiva y lenta como una herida del crepúsculo. Uno creía tener ciertas seguridades, ideas limpias y atinada conciencia acerca de que el bien, y, sobre todo, el mal, están muy por encima de la duda serena y responsable. No en política, ciertamente. Porque, de pronto, aparece una foto, lees una noticia, y toda seguridad se desvanece. El mal y el bien cambian de acera por cualquier circunstancia. En el fondo, como suele decir Ana, todo es cuestión de dinero. Hasta hace bien poco Gadaffi, el líder libio, significaba el Mal Mediterráneo. Estaba acusado de alimentar oscuras financiaciones terroristas con su bolsa repleta de petrodólares. De alentar la proliferación de movimientos separatistas no necesariamente revolucionarios. Hace años, en un libro del periodista “maldito” Eliseo Bayo, que llevaba el título de “Descubro y acuso” podía leerse : “Gadaffi es el ejecutor de la política del Informe Global 2000 en Africa. El largo brazo de Gadaffi llega hasta las regiones del Golfo Pérsico donde es conocido su apoyo al fundamentalismo islámico...”. Es sigificativo que el líder libio, que se proclama tan antimperialista, jamás haya apoyado a ningún movimiento de liberación popular propiamente dicho sino sólo a grupos aventureros y desestabilizadores, como IRA o ETA. ¿Qué ha ocurrido para que, de repente, un político occidental como Aznar tienda la mano a Libia, visite a Gadaffi en su imperial jaima, se haga una foto junto a él y reciba como regalo del líder un espléndido caballo árabe?. Nada que no pueda entenderse desde una percepción puramente económica. Recientemente Gadaffi ha indemnizado a las víctimas del avión de la Pan Am que fue abatido sobre Lockerbie, Escocia, hace quince años, con un saldo de 270 muertos. Gadaffi ha reconocido su implicación en aquel atentado terrorista, ha pagado la deuda y ha optado pragmáticamente por un acercamiento a la comunidad occidental que lo consideraba, hace días, tan peligroso como Bin Laden o Sadam Hussein. Así de simple, todo lo que se pueda comprar con dinero deja de ser un problema. Lo que no está claro es el motivo de la visita de Aznar, si ha sido por propia iniciativa o siguiendo un mandato del buen amigo Bush convirtiendo en pelillos a la mar las provocaciones y actos de Gadaffi, el mal Mediterráneo por antonomasia hasta hace poco. Uno, tan inocente y solo en la orilla neutral de su conciencia, comienza a entender. En política, el bien y el mal no son valores absolutos sino relativos. Recuerde el alma dormida los tiempos en los que Occidente y el líder de turno americano promovieron al poder a Sadam Hussein, sostuvieron y armaron a Bin Laden, hoy siniestro personaje en busca y captura de nuestro particular y universal “juez campeador” Baltasar Garzón, que, si no para, acabará empapelando hasta al mismísimo toro que mató a Manolete. Ya ven como se escribe la Historia, la maniqueista Historia relativa que hace de los amigos enemigos y viceversa. Ni será la primera vez ni será la última. La foto de Aznar con Gadaffi tiene todo el estratégico sentido de la eterna distensión diletante, del inestable equilibrio, en relativos valores geopolíticos. Y económicos, sin duda. Es la parte del guión publicable. El resto de la película sólo pondrá en nuestro conocimiento que el mal Mediterráneo se ha convertido, de repente, en bien a compartir con un apretón de manos. Bien está lo que bien acaba, aunque los noticiarios simplifiquen el esquema sin los actores inivisibles, esos que nunca aparecen en el reparto. ¿ Qué ha sido de la famosa Trilateral, del viejo Club de Roma?. ¿Qué del célebre, en otro tiempo, Informe Global 2000?. ¿Qué de las increibles conexiones de los servicios secretos más antagónicos o de las grandes familias oligárquicas?. ¿Aznar y ese repentino libro del buen amor con Gadaffi?. Nada. Una foto sin consistencia histórica. Unos simples contratos petrolíferos para nuestra Repsol. Imagino que con el consentimiento americano, hasta ahí podriamos llegar. Nadie osará decir una palabra de los poderes que se ocultan tras el poder. Del peligro de descorrer las cortinas. De los innombrables que dirigen la Historia y no dejan ni rastro de su paso por ella.
| Importante:
Se permite la reproducción de los textos siempre que se
cite la fuente |
|