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Abel Posse

Abel Posse nació en la provincia de Córdoba. Creció y se educó en Buenos Aires. Diplomático de carrera, vivió varios años en Moscú, Lima, Venecia, París, Israel y Praga, donde actualmente se desempeña como embajador argentino en la República Checa. Es autor de nueve novelas, entre ellas Los perros del paraíso, que obtuvo en 1987 el V Premio Internacional Rómulo Gallegos, máximo galardón literario de Hispanoamérica. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, alemán, portugués, holandés, sueco, checo, ruso y estonio. Con su novela El largo atardecer del caminante ganó el concurso Extremadura-América 92, convocado por la Comisión Española del V Centenario y dotado con 150.000 dólares de premio.

Entre sus obras:

*Los Bogavantes
*La boca del tigre
*Momento de morir
*Los demonios ocultos
*Los perros del paraíso
*La reina del Plata
*Daimón
*El viajero de Agartha




NOTICIA DEL CABEZA DE VACA

Se sabe poco porque sus libros eran para la Corte y el peligroso mundo de aquella España grande y terrible. Por elegancia natural o por una extraña pasión subversiva, se separó del tipo humano del "Conquistador". A pie, desnudo como un indio, desarmado y sin cruces ni evangelios (visibles), se lanzó a la caminata más descomunal de la historia (ocho mil kilómetros a través de lo desconocido) tal vez tratando de demostrarse a sí mismo que el hombre no es lobo del hombre.
Fue el verdadero descubridor de los Estados Unidos, pese al tendencioso interés de los norteamericanos por preferir un descubridor originario de la barbarie nórdica y no católico: La Florida, Alabama, Mississippi, Luisiana hasta Galveston, Texas cruzando el territorio de la hoy tan populosa Houston, Nueva México, el Arizona hasta la región de Mesa. Entró en México por Sonora y Chihuahua donde se detuvo entre el pueblo de videntes, los Tarahumaras, cuatro siglos antes que Antonin Artaud. Cuando llegó a la ciudad de México se dio cuenta que ya tenía pie de indio: no le entraban las botas.
De regreso (triunfal) a España fue premiado por Carlos V con el cargo de Adelantado y Gobernador del Río de la Plata.
Encuentra un Paraguay con una guarnición militar y religiosa corrompida en las felicidades de la lujuria. Lucha contra el incesto y la poligamia generalizada. Suprime la esclavitud de los indios. Les dice que "Sólo la fe cura. Sólo la bondad conquista." Lo devuelven a España en cadenas acusado minuciosa y coordinadamente de todos los delitos que cometieron sus condenados. No había entendido que los hombres prefieren a veces el caos y no el orden.
Se sabe que era alto, de músculos correosos, con barba valleinclanesca y aquijotado. Tengo para mí que Cervantes, casi niño, se lo cruzó un par de veces por la calle Sierpes, cuando don Alvar vivía casi sólo de salpicón y tenía raída la señorial boina de terciopelo. (La gente diría: "Ahí va el loco del Cabeza de Vaca".)
Todo hombre tiene sus molinos de viento personales. Los de Cabeza de Vaca fueron la selva paraguaya, los desiertos a los que se hizo buscando más iniciaciones espirituales que tesoros, los vampiros, los curas erotómanos, los leguleyos que saben transformar la ley de la Corona en artero puñal, los mosquitos y sobre todo el mar: cada uno de sus embarques terminó en naufragio.
Henry Miller, que odiaba la retórica de la Conquista, escribió de Cabeza de Vaca que "su iluminación borra las crónicas sangrientas de Pizarro y Cortés".
Era un niño bien de Jerez. Nació rico y feliz (hacia 1490) y murió pobre y solo (pero seguramente enamorado y en Sevilla) probablemente a fines de 1558.

*Prólogo de "El largo atardecer del caminante" de Abel Posse
© Abel Posse,1992 © Emecé Editores,1992



*www.literatura.org/Posse/Posse.html
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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