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Alvaro Cepeda : la soledad y la espera
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Álvaro Cepeda Samudio: la soledad y la espera

*Texto de Carlos Raúl Morales


0. Introducción



Desandando el tiempo hasta 1954, cuando Álvaro Cepeda Samudio publicó Todos estábamos a la espera, su primer libro de cuentos, podría ser comprendido el problema de la nostalgia del futuro que inspiró su opción vanguardista. Cepeda Samudio es un reto para el estudio literario, porque ocupa el lugar teórico del precursor de la nueva narrativa colombiana. La creación de Cepeda Samudio gira en torno a la certeza de que el encanto del mundo ha sido roto por el desprecio de la razón poética, que pierde inevitablemente su posición como medida de todas las cosas (1), por lo cual se cancela la posibilidad de realizar el proyecto de la humanidad encarnada en la sociedad. Ésta es la nostalgia del Ser perdido para siempre. Entonces, la primera sugerencia de su obra sería que la experiencia humana no debe someterse a las doctrinas religiosas o políticas, ni a la aparente necesidad de la opinión mayoritaria, porque la condición indispensable para la vida, en la plenitud de su significado, es la libertad.

Cepeda Samudio aceptó y practicó la vanguardia, sin avanzar decididamente en el existencialismo. A este hecho habría que buscarle una explicación: Acaso habitaba una "atmósfera densa, lenta, silenciosa y solitaria" (2), que le obligó a ser fiel a la cultura caribe, su cultura, como profeta en su tierra. En todo caso, vanguardia equivale a nostalgia del futuro, la cual podría definirse como la adivinación de una catástrofe emocional y filosófica. Así, en su obra enuncia el mutismo de la imagen de una conciencia anclada en el esfuerzo por establecer su identidad, ante la inminente ruptura del equilibrio social que permitía dirigir la mirada hacia sí mismo, sin la culpa que surgiría de la lucha de clases que estaba por desatarse en Colombia, en la década de 1960.

Su intención de fijar el silencio como concepto central de la estética, se realiza en los cuentos de este libro, que se rigen por el principio que definió un año después: "[...] El cuento se desarrolla dentro del hecho. No está limitado por la realidad, ni es totalmente irreal: se mueve precisamente en esa zona de realidad-irrealidad que es su principal característica" (3).

La coexistencia del discurso de la conciencia (monólogo interior), el dialogismo (4) y la desolada 'ambientación', en estos cuentos, revelan su inquebrantable confianza en la idea artística de vanguardia, incluso como respuesta literaria (5) al apuntalamiento del capitalismo mundial en la primera década de la posguerra (1945-1955), evidente manifestación de la ruinosa herencia de traición a la humanidad, tras la derrota del fascismo. Tal decisión estilística, además, proviene de la comprensión retrospectiva de su obra, que anunciaba en 1944: "[El escritor] parte de la concepción a la práctica a la manera de los cantores rústicos que no saben leer ni escribir y sin embargo "escriben" poesías- y aunque parezca absurdo ésta es la formación del escritor moderno: la retórica posterior a su comienzo, posterior al escritor mism



0.1. La soledad y la espera



Los cuentos de Todos estábamos a la espera (7) (con la adición de "En la 148 hay un bar donde Sammy toca el contrabajo", que no fue incluido por el autor en la edición de 1954) son presentados con una nota introductoria, que cito aquí:

"Esos cuentos fueron escritos, en su gran mayoría, en New York que es una ciudad sola. Es una soledad sin solución. Es la soledad de la espera. Los personajes son hombres y mujeres que he visto en un pequeño bar de Alma, Michigan; esperando en una estación de Chattanooga, Tennessee; o simplemente viviendo en Ciénaga, Magdalena. Y las palabras son inferiores a ellos". (TEE: primera página)
La relación temática del libro está basada, como queda claro, en la vivencia del aislamiento del ser humano en el mundo moderno, en el contexto de los años 50 a 60 del siglo XX. Es notoria la referencia a la equivalencia socio-cultural del Caribe colombiano y las mencionadas ciudades de Estados Unidos, en dicho tópico.

Hay, también, un evidente vínculo en las historias de dos de los cuentos analizados: "En la 148..." y "Hoy decidí vestirme de payaso", en los cuales se establece la continuidad por medio del personaje de Sammy, Sam Carlton, el músico, "con su gran soledad yendo más allá del tamaño de su pequeño cuerpo, honda, llena de blues y de recuerdos que comenzaban en algún pueblo de Georgia, negra y cada día más y más simple y desesperante" (TEE:129), quien en "Hoy decidí..." ha desaparecido de su lugar habitual por causa de su misteriosa vocación de emigrante, y posteriormente es ubicado en el bar de "En la 148...", donde se aclaran sus motivaciones: "Sammy creía que podía dejar su soledad atada a cualquier bar e irse a Inglaterra. ¿Quién le habría dicho a Sam Carlton que Inglaterra era como Suramérica?" (TEE: 129). Esta última información responde directamente a los interrogantes planteados en el decurso polifónico de "Hoy decidí...": "Yo quiero saber dónde está Sammy. No sé, tal vez en Londres o en Suramérica. Ya no toca en L-Bar. El siempre quiso irse a Londres y seguro eso es lo que ha hecho: se ha ido a Londres" (TEE: 53). Justamente, en el entrelazamiento de los textos mencionados se reitera la idea de la coincidencia, en el imaginario de la época, de las culturas anglonorteamericana y latinoamericana, mediada por el elemento 'negro' de la composición étnica de Estados Unidos. Queda implícita la significación de la expresión musical (blues y spirituals), que se constituye en estos textos como un símbolo que unificaría a la humanidad si decidiera reconocerse en su desarraigo, soledad y abandono.

Los dos textos mencionados, junto con "Todos estábamos a la espera" (que da título al libro), "Intimismo" y "Proyecto para la biografía de una mujer sin tiempo" (Fragmento), conforman el corpus analizado, que, en nuestra opinión, resume el pensamiento existencial del autor. Este corpus podría dividirse en dos grupos: En el primero se encuentran las historias del mundo desolado; en el segundo ("Intimismo" y "Proyecto...") se plantea la reflexión verbal de la confusión sensorial correspondiente a ese mundo. El cuento "Todos estábamos a la espera", refiere la situación típica de indefinición del sentido de la vida: Esperar sin saber qué se espera. La soledad y la espera son los tópicos de la conciencia de la fragilidad del ser humano.

Para esclarecer estos planteamientos, es necesario el análisis de cada texto por separado, con la intención final de señalar los rasgos compartidos por todos. De ello nos ocuparemos enseguida.





1."Hoy decidí vestirme de payaso": La sensibilidad despierta



Entendiendo que la situación planteada en este cuento da vida a unos personajes separados del ámbito realista de la narrativa contemporánea, se puede afirmar que aquí la sensibilidad, despierta por la cálida presencia del objeto amoroso, cumple la función de puente entre el acontecer común de la existencia y un plano más poético de la misma. Así, la decisión de adoptar una máscara se justifica por la necesidad de salir de sí mismo para acceder a otro discurso, en el cual cada aspecto del mundo referido tiene un significado fundamental para la formación de la imagen total. Por tanto, la narración es morosa, contenida, redundante. En este elemento retórico se asienta la idea central del texto: La percepción de un mundo extraño, mórbido, amenazado por la crueldad.

Esa primera persona, que se reviste con otra apariencia, puede decir "[sentí la arena] rebotar debajo de mis zapatones y tuve la agradable sensación de sentirme payaso" (TEE:47), e inmediatamente, sin transición alguna, fijar la condición para la aceptación de sus actos: "Todos estaban ya en el redondel cuando yo entré y no me han mirado siquiera. Estaban esperando que yo llegara para comenzar, pero no me han dicho nada" (TEE:47). Y con propiedad afirma la validez del artificio: "Cuando fui a ocupar mi puesto he pasado frente al domador que está todavía tratando de pegar una melena de papel amarillo a sus leones de cartón" (TEE: 47). Queda, así, sustentado el contexto para la aparición del objeto del deseo, en medio de la irrealidad de la escena, en un lugar ubicado en el recinto de ese circo ficticio y aceptado como verdad:

"Mientras se viste, la muchacha quiere saber todas las cosas que yo no sabría contestar. Yo le digo pequeñas palabras, monosílabos, pero ella insiste. ¿Cómo es mi nombre? Yo no sé [...] ¿Para qué quiero hablar con ella? Tampoco sé. Quise oírle la voz cuando la vi saltando sobre los caballos. ¿Te gusta mi voz? Sí. Pero ¿quién soy yo? Y tengo que contestarle: "Hoy decidí vestirme de payaso". [TEE: 49]

En adelante, el problema narrativo se resuelve mediante la elaboración de imágenes sutiles que conllevan el desencadenamiento de las acciones:

"Ahora está frente a mí con unos pantalones verdes y una blusa blanca [...] Sobre la cama angosta y desordenada hay una guitarra verde con las cuerdas hacia abajo. Me he sentado en la cama y he pasado los dedos sobre la madera y momentáneamente se han coloreado de verde. "Yo creía le digo- que las guitarras verdes sólo existían en los cuentos". "Esa guitarra es para dar serenatas, por eso es verde" [...] Ahora he tomado a la muchacha de la mano y hemos salido de la tienda con la guitarra. "Vamos a buscar a alguien que sepa tocar esta guitarra". [TEE: 49,52]

Hasta llegar a la superación de la ambigüedad inicial, y a la justificación del final abierto:

"[El payaso] de la nariz morada dice: "¿A que no saben por qué la guitarra de éste es verde?". Todos los payasos se agarran la cabeza y dan volteretas como buscando qué decir. El de la nariz morada dice por fin: "Porque no está madura todavía". Yo me aparto con rabia y les digo: "No, no es por eso; sino porque es para dar serenatas". Ahora los payasos se ponen furiosos. El de la nariz morada se arranca la nariz y la tira contra el suelo. Los demás se quitan las pelucas y tiran los zapatones contra las silletas de los palcos y se van todos a buscar al director. Ya no parecen payasos. Sólo yo estoy todavía vestido de payaso cuando vienen a llamarme para irnos a buscar a Sammy [] El hombre de la casaca roja [...] está tocando asordinadamente su dulzaina. "No lo he olvidado todavía" y sigue tocando. De pronto deja de tocar, recoge su gorra y dice: "Vamos a buscar a Sammy, yo siempre quise tocar la dulzaina acompañado por una guitarra". La dulzaina sigue sonando cuando cruzamos la calle y yo comienzo a sentir en mi mano la mano tibia de la muchacha de los caballos". [TEE: 54]

En este cuento se plantea la búsqueda del objeto poético, en una situación de irrealidad que sustenta la inocencia como forma de estar en el mundo. El final es abierto porque la búsqueda no concluye, aunque el hallazgo que se configura a lo largo de la narración ("... comienzo a sentir en mi mano la mano tibia de la muchacha de los caballos") podría suplir la carencia que minuciosamente se ha revelado.

La indefinición del plano realidadirrealidad constituye el sustrato conceptual de la forma sensible del relato, en la cual se articula el montaje de tres elementos principales: la irrealidad del circo, la irrealidad del amor y la irrealidad del deseo. El juego verbal desemboca en la eclosión de un mundo sumergido, en el cual se permiten las sombras y la sensualidad. La única manera de acoger el surgimiento y hallazgo del objeto deseado, es un discurso que amortigüe la contundencia de los referentes de la realidad consciente. La irrealidad es aceptada como el resultado necesario de la transformación del mundo, en beneficio de la realidad poética; es el concepto y su forma inmanente.

Desde luego, la irrealidad es sólo aparente: El hallazgo del objeto del deseo implica el reconocimiento auténtico de la verdad narrativa. Se acepta la representación del mundo, en el mismo momento en el cual se accede al mundo del circo imaginario. Creer en la existencia de ese recinto es aceptar la verdad del amor. Y también está en juego la percepción de la especial vibración, cálida y persistente, de las cosas y los seres de este mundo posible.


2.

"Todos estábamos a la espera": Yo en los otros. El tiempo del recuerdo.




Este cuento es la declaración de la necesidad de identificarse en otros, para existir con propiedad; para acertar con el pensamiento y la palabra sobre el tema de la existencia. Pero también es la puesta en escena del tiempo y espacio del recuerdo, en la cual, notoriamente, hay un punto de inflexión con la aparición del Yo, autocreado y efímero: El narrador recuerda cómo comenzó a ver el mundo desde un 'Nosotros' unificador, pero en algún momento nace su Yo olvidado, que implica un tiempo anterior en su narración. El recuerdo del Yo dentro del recuerdo del Nosotros, es el eje temático, espacial y temporal de
Todos estábamos a la espera.

Podrían señalarse dos tópicos de la historia: La formación del deseo de contar; y la formación del Yo a través del recuerdo. Y estos tópicos se correlacionan con la fragmentación del discurso, como se establece en la imagen de un espacio visto desde la abstracción:

"Y de pronto me quedo solo con la muchacha y las paredes se van alejando en cuatro direcciones y estamos allí solos, la muchacha y yo, y el negro, con los botones dorados de su chaqueta y su brillante escoba, se aleja empujado por la huida de las paredes mientras la muchacha de las revistas desaparece detrás de las carátulas multicolores que le hacen muecas. Yo le hablo [...] En la enorme soledad de la estación mi voz y la voz de la muchacha van llenando lentamente todos sus vacíos. Y después ya no hablamos más. La muchacha se duerme contra la madera lustrosa de los bancos y yo estoy velando su sueño derrotado". [TEE: 58-59]

Esta es la sintaxis necesaria para la imprecisión de la memoria, que guía la narración hacia su tema central:

"Nosotros no dijimos nada porque él siguió hablando y nosotros dejamos de oírlo de pronto. Era que habíamos comenzado a recordar. Y nos fuimos apartando poco a poco a medida que los recuerdos se alejaban. Llegamos a una estación. Había buses plateados y ventanillas numeradas en negro en el fondo del gran corredor. Allí habíamos comenzado, sentados en unas butacas tibias por el calor de los cuerpos [...] No sabíamos si esperábamos o si nos esperaban. Allí habíamos comenzado. Pero antes era yo. Yo solo viajando sobre las carreteras de ladrillos rojos. Yo frente a la vendedora de revistas [...] y la voz de la muchacha preguntando a qué hora sale el bus y un negro que le da la hora que yo conozco; porque he estado esperando toda la noche en esta estación". [TEE: 58]

Surge un mundo desolado, y, por consiguiente, un motivo para nombrarlo. El suceso que despierta el deseo de contar, se presenta en tres momentos (inicial, intermedio y final):

Inicial:

"Una noche llegó alguien a quien nunca habíamos visto. Como si conociera el lugar desde mucho antes, como si él supiera de nosotros. Tomó un banco y lo acercó al nuestro. Luego dijo: "Voy a quedarme aquí. Tiene que llegar a este bar". Nadie lo miró. Pero nosotros sí. Tenía el pelo negro, una pipa labrada y un saco grueso. No dijimos nada y él puso sus billetes sobre el mostrador y comenzó a tomar lentamente. "Hace tiempo que estoy esperando", dijo y golpeó la pipa contra la palma de la mano abierta y dura. "Me salí de la carretera con los catorce que me tocaban a mí. Caminé detrás de ellos hasta que encontré un pequeño claro de arena blanca. Entonces oí que él ya había terminado. Ya su ametralladora no sonaba. Estaban de espaldas. Yo comencé a llorar. Cuando él llegó su ametralladora volvió a sonar. Yo me dije que no quería oír más. Y ni siquiera oí cuando las balas se callaron. Seguramente me dijo que lo siguiera y yo lo seguí, pero ya no oí más". Nosotros no dijimos nada porque el siguió hablando y nosotros dejamos de oírlo de pronto. Era que habíamos comenzado a recordar [...]" [TEE: 58].

Intermedio:

"Y otra vez las estaciones repetidas a lo largo del cansancio que había comenzado hacía muchas semanas. Y por fin he llegado a esta estación [...] Cuando la voz vieja conocida que anuncia las llegadas y las salidas anunció el nombre que esperábamos, ya éramos nosotros. Y subimos a nuestro bus. Ahora estamos en este bar todavía a la espera. Nos rodea gente, cada uno con su espera. Estamos estrechamente unidos en que todos sabemos que estamos a la espera pero no nos conocemos, ni siquiera hablamos. Solamente "nosotros" hablamos de vez en cuando. Y ahora ha llegado este hombre y nos ha hablado, nos ha dicho cosas que no hemos preguntado. Secretamente sabemos que ha de seguir hablando y hablando, que mañana vendrá y hablará otra vez, y seguirá viniendo todas las noches. Vamos a tener miedo, miedo de que nos interrumpa a cada momento cuando nos ponemos a parar monedas de canto sobre la madera humedecida por nuestros vasos. Y de que pregunte cuándo nos ponemos a jugar con los círculos de agua que hay debajo de cada trago". [TEE: 59-60]

Final:

"Yo sé que nos está mirando y espera que volvamos la cabeza hacia él para seguir hablando. Pero tenemos miedo y no queremos mirarlo, no podemos mirarlo porque tenemos los ojos redondeados sobre los vasos. No podemos oírlo pues alguien ha vuelto a meter monedas en el tocadiscos y hemos hecho tapones de música para nuestros oídos. Y para distraernos pensamos: -la foca azul tiene una pelota blanca y roja sobre la nariz - cómo se llamará la foca - tonto no ves que se llama Carstairs - no ese no es el nombre de la foca - es el nombre del whisky - pero no es lo mismo - yo siempre quise ver las focas - vamos a verlas una tarde cuando haya verano - no, ya he perdido el interés y de propio no son tan reales como esta foca azul - aquellas también tendrán pelotas rojas pues yo las llevaré - llevaremos pelotas blancas y pelotas rojas, las más grandes y más blancas y más rojas que podamos conseguir - llevaremos pelotas para dárselas a las focas - sí tal vez podríamos ir un día cuando haya verano - y después iríamos a un cine, me gusta el cine - creo que me gustaría ver una película que se llame los rinocerontes hacen pompas de jabón en la que esté Susan Peters que cuando yo era pequeño se parecía a una muchacha que llevaba sus libros amarrados con una correa verde - hubo un tiempo cuando veía todas las películas - cuando no se tienen sueños, cuando no esperamos nada, tenemos que meternos en las salas de cine y tomar los sueños prestados de las películas- también yo iba al cine todos los días a hacer míos todos los sueños-. Dejamos de pensar y nos pusimos a jugar otra vez con las monedas". [TEE: 60-61]

La indefinición de la experiencia humana en el contexto urbano, que se sugiere en este cuento, no podía conducir sino a un final abierto por el cual "La Espera", ese nombre que no concluye nada, adquiere un nuevo sujeto, que hace recomenzar el ciclo de sus espacios y tiempos en sombras:

"Nos habíamos olvidado de nuestro miedo. No supimos cuándo entró; estaba mirándonos cuando alzamos la cabeza para pedir los tragos. La vimos al mismo tiempo, pero yo me quedé solo mirándola. Cuando me levanté, todas las monedas que estaban paradas de canto comenzaron a rodar. Yo le dije: "He estado esperándote Madeleine". Y luego: "Ahora vendrás todas las noches". Ella siguió mirándome y asintió. Cuando salíamos oí su voz diciéndome: "Ya no me necesitas más. Déjame ir ahora". Yo le tomé la mano y se la apreté con fuerza. Mientras cruzamos la calle veíamos a Madeleine a través de la vitrina que había comenzado a esperar". [TEE: 61]





3.- "En la 148 hay un bar donde Sammy toca el contrabajo": La soledad sin final



Cuando no se puede acudir a la esperanza de encontrar un portal para reposar el espíritu, podría ser útil refugiarse en un bar, donde la música se ofrezca como un bálsamo transitorio para acompañar el olvido. Tal vez eso atrajo al "muchaho alto y delgado, el de la pequeña soledad", que, en un gesto autobiográfico, haría participar al mismo Cepeda Samudio en esta historia.

Primero la explicación:

"Era porque siempre había estado solo. Porque la soledad le había atado las manos a la larga línea de madera de los bares. Y aun en medio de la gente, en el centro de ese tumulto quieto, lleno de otras soledades quizás más profundas que la de él, siempre estaba solo. Se abría paso en el silencio pesado, contenido, casi negro, trabajosamente, pues su soledad era demasiado pequeña y se perdía entre esas soledades tan antiguas y gastadas contra las paredes de las cantinas. Y él no lo sabía. Él estaba solo. Solo con su soledad que todavía era demasiado pequeña para llenarle el cuerpo alto y delgado". [TEE: 129]

Así, se dice que por la circulación humana corre un fluido inevitable: la soledad. Y que ella es infinita para uno, como lo es para todos. La condición para soportarla es no saber afirmativamente si los demás conocen el medio para escapar de la agobiante sensación de vacío de la vida: cualquier solución vale por sí misma, sin que nadie la haya usado ni la promueva. Pero evadirse es un acto poético, y la poesía es lucidez; por lo cual cada vez nos hacemos más conscientes de la ignorancia propia acerca de la felicidad.

"Las veía a lo largo del bar. Y no podía nombrarlas con nombres de mujeres y de hombres. Pero eran solamente soledades. Sammy, Sam Carlton con su gran soledad yendo más allá del tamaño de su pequeño cuerpo, honda, llena de blues y de recuerdos que comenzaban en algún pueblo de Georgia, negra y cada día más y más simple y desesperante [...] Sammy no había hablado con nadie de esto: él lo adivinó, el muchacho alto y delgado, el de la pequeña soledad". [TEE: 129-130]

"Y Penny Shannon, con su vientre llano donde había fracasado su hijo mulato, diciendo las palabras, nada más las palabras, de los spirituals. Y, sin saberlo, él comenzó a hacer más grande su soledad y la de Penny Shannon". [TEE:130]

Nombrar para poseer, es la salida que se propone, pero después hay que aceptar la derrota en ese intento. La soledad y el silencio son incontenibles.

"La voz de Sammy venía del back-room, a través de la puerta cerrada. Pero Ritta estaba sentada entre la voz y él, la soledad de Ritta entre la voz de Sammy y la soledad pequeña del muchacho. Y Ritta no dejaba que la voz fuera oída por nadie más que por ella. La perseguía desesperada y aún los más pequeños sonidos los retenía y no dejaba que nadie los oyera. Pero él sabía que Sammy estaba cantando y podía ver las palabras, verlas, no oírlas, pues Ritta se quedaba con todo el sonido [...] Él se quedaba allí, al lado de Ritta, al lado de su paquete plateado de cigarrillos, viendo las palabras iguales que Sammy decía frente al micrófono en el back-room, y sintiendo que Ritta trataba de llenar su soledad con la música que Sammy ponía sobre las palabras de las canciones. Pero era tan ancha... tan sola, que ni aun la música podía llenarla. Esto lo había imaginado el muchacho alto y delgado, el de la soledad pequeña. Pero no podría decirlo por seguro. Apenas lo había imaginado. Y luego olvidado otra vez. Como ya había comenzado a olvidar todo". [TEE: 130-131]

Finalmente, ha de separarse uno de sus recuerdos, porque el significado de la vida es inaprensible. Nunca podrá definirse el ser humano, que se pierde en el tiempo. La muerte ocupará su lugar, llegado el momento.



4. "Proyecto para la biografía de una mujer sin tiempo" (fragmento) "Intimismo"
Lecciones para abrir los ojos del entendimiento




Sobre la base de una 'física imposible', aparece la libertad absoluta para nombrar las cosas y conocerlas: "[...] La luz no avanza. Está ahí, sujeta al tablero de los mosaicos como una cinta de la cual no se puede decir que es brillante, ni siquiera blanca, pero es que no puede decirse que es de ningún color porque no lo tiene o su nombre no se conoce" ("Proyecto...") [TEE: 113]. El ser humano puede conocer el mundo solo desde la subjetividad, que unifica la idea y el objeto. Posteriormente, la sensación (producto de los sentidos) fecundará el verbo y se podrá contar la existencia, como ocurre en "Intimismo": "El aire que le había llenado el cuerpo, formándolo por dentro, dándole volumen le trajo el olor. La sensación llegó hasta el hombre, única y perfecta. Dominándolo todo. Invadiendo las sensaciones vigentes. Haciéndose única [...]" [TEE: 127].

Los dos textos perfilan la propuesta estética de Cepeda Samudio, en relación con los fundamentos conceptuales de la vida mental representada en su obra. Estas lecciones de raciocinio conducen a entender la imagen de una época de nuestra Historia, ya que la imagen misma ha sido borrada por el vendaval de los acontecimientos. Nos queda el testimonio.




5.
Conclusión




Los textos estudiados delimitan la temática de un pensamiento libre. Se trata de un ser consciente de su fragilidad y mortalidad. La nostalgia por la vida impregna cada historia. Esta es la postura intelectual que dio origen a las actuales expresiones de la literatura colombiana.

Todos estábamos a la espera es la representación de un mundo conocido exhaustivamente. Un mundo soñado y deseado, que no ha existido porque nuestra Historia fue obstruida por la negación de la inteligencia. Cepeda Samudio fue la vanguardia, pero era más fácil seguir la huella de la humanidad común y corriente, y equivocamos el camino.

Adquiere consistencia la idea de estudiar, en primera instancia, la literatura del Caribe colombiano, en la búsqueda de las resonancias del universo cepediano; y, en una etapa posterior, las obras del ámbito nacional, con el mismo propósito. Hay razones muy evidentes para pensar que nuestra literatura ha desarrollado la temática y los elementos retóricos que germinaron en los cuentos de Cepeda. Esta perspectiva de estudio literario enriquecerá la compresión de la representación estética de nuestra Historia. En otro momento, tras la apropiación de un conocimiento más profundo del panorama literario colombiano iluminado por Cepeda, habrá que afrontar el estudio de La casa grande, la novela que tanto se ha leído sin saber lo necesario respecto a su autor y su influencia en otros escritores.




NOTAS:

(1) En concordancia con la idea socrática: Una medida "que separa el conocimiento de la opinión, y que caracteriza al conocimiento como el arte de hacer distinciones (dialéctica), y de ofrecer justificaciones (logon didonai ). Esta será una medida que delimita, una que define, que diferencia; una medida para la cual toda confusión, toda ignorancia, toda tensión no resuelta nace de una falta de límites, es decir, de una diferenciación inadecuada". (c.f. Julio del Valle, "Entre la mesura y la desmesura: La medida humana como problema: de Sófocles a Platón". En: Estudios de Filosofía, Edición Virtual, No 3, 1996, Publicación del Instituto Riva Agüero, Pontificia Universidad Católica del Perú. http://www.pucp.edu.pe/invest/insti/ira/filo3).

(2) Generalizando la caracterización del libro, que hace Álvaro García Burgos en su artículo "La modernidad como estética en Todos estábamos a la espera". En: La Casa de Asterión, Volumen 1, Número 3, Octubre-Noviembre-Diciembre de 2000, Universidad del Atlántico, Barranquilla-Colombia.
http://www.lacasadeasterion.homestead.com/v1n3juana.html

(3) Álvaro Cepeda Samudio, En el margen de la ruta (periodismo juvenil 1944-1955), Recopilación y prólogo de Jacques Gilard. Bogotá, Editorial Oveja Negra, 1985, p. 493.

(4) Acogiendo la definición de la Real Academia de la Lengua (Diccionario): "Figura que se comete cuando la persona que habla lo hace como si platicara consigo misma, o cuando refiere textualmente sus propios dichos o discursos o los de otras personas, o los de cosas personificadas" (Pag:525,2) 1992.

(5) Álvaro García Burgos considera que este hecho corresponde a "las inscripciones de la modernidad como estética y visión del mundo" en esta obra de Álvaro Cepeda Samudio, las cuales estudia "entrando en los procedimientos narrativos modernos: la experimentación formal, el juego del lenguaje, la dialéctica del silencio y el ruido; y en las isotopías que construyen una visión del mundo igualmente moderna: la soledad y desarraigo, la crítica, el vacío, el caos, la desesperanza, la búsqueda y la espera, la cotidianidad y trascendencia, la músicamarginalidad".("La modernidad como estética y visión del mundo en Todos estábamos a la espera, de Álvaro Cepeda Samudio", monografía, Universidad del Atlántico, Departamento de posgrados, Especialización en literatura del Caribe colombiano, 1999, Introducción).

(6) En el margen de la ruta..., p. 8.

(7) Álvaro Cepeda Samudio, Todos estábamos a la espera, Bogotá, Plaza & Janes, 2ª Edición, aumentada, 1980. Las citas de este texto tienen como referencia las iniciales TEE seguidas del número de la página. Respecto al libro Todos estábamos a la espera, cabe citar la siguiente anotación, tomada de la introducción de la monografía referida en la nota número 5: "[...] es la primera obra que publicó Alvaro Cepeda Samudio. Este libro ha tenido tres ediciones: la primera realizada en la ciudad de Barranquilla en la Librería Mundo, del cinco de agosto de 1954; la segunda de una editorial internacional, Plaza y Janés, veintiséis años después, en abril de 1980; y la última de Ancora editores en 1993. En la edición de 1954 aparecen los cuentos "Hoy decidí vestirme de payaso", "Todos estábamos a la espera", "Vamos a matar los gaticos", "Hay que buscar a Regina", "Un cuento para Saroyan", "Jumper Jigger", "El piano Blanco", "Nuevo intimismo" y "Tap Room"; la de 1980 incluye tres relatos más, "Proyecto de para la biografía de una mujer sin tiempo", "Intimismo", rescatados en 1977 y 1978 por Jacques Gilard del archivo del Sabio Catalán Ramón Vinyes y en las colecciones de El Nacional de Barranquilla, respectivamente; el otro cuento es "En la calle 148 hay un bar donde Sammy toca el contrabajo", rescatado por Daniel Samper Pizano de entre los papeles de Cepeda y que aparece en la Antología del Instituto Colombiano de Cultura".



*© Carlos Raúl Morales



* lacasadeasterionb.homestead.com/v3n11sam.html
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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