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Álvaro Cepeda Samudio
*De Wikipedia, la enciclopedia libre
Alvaro Cepeda Samudio (Ciénaga (Magdalena), 30 de marzo de 1926 - †Nueva York, 12 de octubre de 1972) Escritor y periodista colombiano. Estudio periodismo en la Universidad de Columbia, New York Estados Unidos por espacio de dos años 1947 - 1949. Fue director de los diarios El Nacional y Diario del Caribe de Barranquilla. Autor de cuentos como "Todos estábamos a la espera" (1954), conjunto de cuentos como "Los Cuentos de Juana" (1972) y novelas como "La casa grande" (1954). Caracterizado como un innovador de la narrativa contemporánea de Colombia. La coherencia, simplicidad y llanidad de sus relatos, le imprimen un sello característico, propio de la pluma de este insigne escritor; Muchos críticos han tratado de establecer la influencia de Ernest Hemingway en las obras de Cepeda, sin embargo, como tal es una discusión aun por resolver, dado a los muchos elementos autóctonos que resaltan en sus escritos. Probablemente, su obra cumbre, "La Casa Grande" ha sido la más publicada. Álvaro Cepeda Samudio experimentó en el campo de la cinematografía con un cortometraje llamado, "La Langosta Azul" del cual fue el actor, guionista y productor. Posteriormente dirigió un documental sobre el carnaval de Barranquilla de 1961. El crítico Daniel Samper Pizano resalta en Cepeda un notable don creativo, supuestamente ataviado por las múltiples ocupaciones administrativas del escritor en sus años de labores. Perteneció al Grupo de Barranquilla, tertulia intelectual en la que participaron Gabriel García Márquez, Alonso Fuenmayor, Germán Vargas y el pintor Alejandro Obregón, entre otros. Murió de una enfermedad terminal (cáncer) en el Memorial Hospital de Nueva York, un 12 de Octubre de 1972.
Fragmento de “Todos estábamos a la espera”
Y de pronto me quedo solo con la muchacha y las paredes se van alejando en cuatro direcciones y estamos allí solos, la muchacha y yo, y el negro, con los botones dorados de su chaqueta y su brillante escoba, se aleja empujado por la huida de las paredes mientras la muchacha de las revistas desaparece detrás de las carátulas multicolores que le hacen muecas. Yo le hablo. En la enorme soledad de la estación mi voz y la voz de la muchacha van llenando lentamente todos sus vacíos. Y después ya no hablamos más. La muchacha se duerme contra la madera lustrosa de los bancos y yo estoy velando su sueño derrotado. (...) Nos habíamos olvidado de nuestro miedo. No supimos cuándo entró; estaba mirándonos cuando alzamos la cabeza para pedir los tragos. La vimos al mismo tiempo, pero yo me quedé solo mirándola. Cuando me levanté, todas las monedas que estaban paradas de canto comenzaron a rodar. Yo le dije: "He estado esperándote Madeleine". Y luego: "Ahora vendrás todas las noches". Ella siguió mirándome y asintió. Cuando salíamos oí su voz diciéndome: "Ya no me necesitas más. Déjame ir ahora". Yo le tomé la mano y se la apreté con fuerza. Mientras cruzamos la calle veíamos a Madeleine a través de la vitrina que había comenzado a esperar.
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Carlos Rivera
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