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FUMARADAS


El velo


01/11/2006

CARLOS Rivera

Desde mi absoluto respeto a todas las ideologías políticas y creencias religiosas debo manifestar mi asombro por la intolerancia que están generando símbolos como el velo, el yihab o el crucifijo por parte de quienes los consideran políticamente incorrectos en nuestras sociedades occidentales. Creo que en una sociedad verdaderamente libre la gente puede manifestar lo que le parezca en sus signos externos. Lo digo a propósito de esa azafata de una compañía aérea británica, que fue sancionada por llevar un crucifijo visible en su jornada de trabajo. También lo digo por los que en nuestra sociedad se oponen al velo, al yihab o al burqa. Eso de "si quieres vivir aquí tienes que ser como nosotros", que es la retahíla de moda, me parece una falta de respeto y un evidente signo de intolerancia, en tanto y cuanto no sea un obstáculo para la comunicación o la identificación de una persona. En tales casos considero razonable que un Estado civilizado pueda invadir temporalmente ese territorio privado de un rostro oculto, al igual que un docente está obligado, por motivos de interacción humana, a exigir en el aula la identificación de una niña cuyo rostro esté oculto por un velo. Por lo demás, creo que se equivocan aquellos que consideran políticamente incorrecta la exhibición del velo, en sus diversas variantes, en el trabajo o en cualquier otro aspecto de la vida cotidiana. Como ocurre en Francia, que prohíbe a las mujeres adultas llevar ese pañuelo que oculta el rostro o parte del rostro. Me parece una intromisión en la decisión personal de esas mujeres al exhibir tal atuendo por respeto a la tradición o a las costumbres de su país de origen.
Si en una sociedad como la nuestra cada cual es libre de vestirse como le venga en gana ¿por qué inmiscuirse en ese tema del velo o del pañuelo islámico que es signo de la diversidad con la que convivimos? Con relación a este asunto leí hace unos días un artículo de opinión de Timothy Garton Ash en el que aludía a Jack Straw , ministro de Exteriores británico, quien sugirió que las musulmanas inglesas debían descubrirse el rostro al entrar en una consulta médica. Decía el articulista que en Inglaterra la palabra "sugerir" tiene el sentido expresivo de "quizás le gustaría a usted hacer tal cosa", una sutilidad de los buenos modales británicos equivalente a "dar una orden". ¿Se puede ser sutilmente intolerante, como el señor Straw? ¿O decir como el señor Chirac y su gobierno que el yihab, el burqa o el niqab son más o menos un problema político que atañe al Estado y que con esas cosas no se juega?
Cierto es que en los países de origen de las mujeres que utilizan tales clases de velo son menos tolerantes con nuestros modos de vestir occidentales. Una conocida de mi familia, casada con un persa encantador y discreto, no tuvo más remedio que utilizar el chador cuando estuvo en Irán. La familia del marido no la hubiera admitido de ninguna otra manera. Pero estamos hablando de una sociedad como la nuestra, no de un régimen contaminado por el fanatismo religioso. Aquí estamos obligados, por civilidad y por respeto a la libertad personal, a no competir en valores de intolerancia con esos países en los que el velo, en ocasiones, sirve para tapar la huella de los malos tratos físicos. Si bien hay que reconocer que en esos países de origen son cada día más mujeres quienes toman la libre decisión de llevar el velo.
Cualquier ley de imposición o prohibición del velo será como cambiarle el sentido a la célebre oración del doctor Torga : "Libertad que hay en nosotros, sacrificado sea tu nombre".
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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