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Dos sonetos de Severo Sarduy
AUNQUE UNGISTE EL UMBRAL Y ENSALIVASTE...
Aunque ungiste el umbral y ensalivaste no pudo penetrar, lamida y suave, ni siquiera calar tan vasta nave, por su volumen como por su lastre.
Burlada mi cautela y en contraste -linimentos, pudores ni cuidados- con exiguos anales olvidados de golpe y sin aviso te adentraste.
Nunca más tolerancia ni acogida hallará en mí tan solapada inerte que a placeres antípodas convida
y en rigores simétricos se invierte: muerte que forma parte de la vida. Vida que forma parte de la muerte.
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EL ÉMBOLO BRILLANTE Y ENGRASADO...
El émbolo brillante y engrasado embiste jubiloso la ranura y derrama su blanca quemadura más abrasante cuanto más pausado.
Un testigo fugaz y disfrazado ensaliva y escruta la abertura que el volumen dilata y que sutura su propia lava. Y en el ovalado
mercurio tangencial sobre la alfombra (la torre, embadurnada penetrando, chorreando de su miel, saliendo, entrando)
descifra el ideograma de la sombra: el pensamiento es ilusión: templando viene despacio la que no se nombra.
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Se permite la reproducción de los textos siempre que se
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Carlos Rivera
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