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FUMARADAS


Datos sensibles


11/10/2006

CARLOS Rivera

Si usted quiere viajar a los Estados Unidos de América adquirirá inmediatamente la condición de sospechoso. Cumplidos, en parte, los pronósticos de George Orwell y la amenaza del Gran Hermano que vigila, debemos considerar también lo que Jonathan Littell anunciaba en su novela Les bienveillantes : para la estricta seguridad norteamericana las calles están llenas de psicópatas y sádicos y, al contrario de lo que escribiera Littell, no son inofensivos. Así que debe usted tener en cuenta a la hora de volar en avión hacia el país paradigmático de la democracia y de la libertad no sólo ir ligero, muy ligero de equipaje, sino sus datos sensibles. Aunque no figuren en el convenio de seguridad que la Unión Europea ha firmado con los americanos, debe tener sumo cuidado con su condición racial, su condición ideológica y su condición sexual. Cierto es que los europeos no han consentido que tales condiciones figuren en los 34 datos de la Relación de Pasajeros o PNR en sus siglas inglesas, pero, para su tranquilidad personal, tome precauciones, so pena de ser considerado sospechoso de actividades terroristas si es usted africano, de la raza calé, oriental o simplemente moreno de verde luna. Si es homosexual no se delate ni en sus gestos ni en sus comportamientos, procure caminar como John Wayne al llegar a la aduana y, por si las moscas, no hable, no haga entender que no es anglosajón de rostro pálido, no vaya a ocurrirle como al Príncipe Felipe en Los Angeles, al bailarín Joaquín Cortés o a Morales , el Ministro de Asuntos Exteriores de Venezuela.
El solo hecho de viajar hacia ese grande y hermoso país de Estados Unidos es más peligroso que la travesía en un cayuco. El convenio de seguridad firmado con Europa no garantiza su intimidad personal, por supuesto. La CIA y el FBI podrán inmiscuirse en su identidad, en su correo electrónico, en su teléfono móvil y en su teléfono fijo, en su domicilio y en sus cuentas bancarias así como en los motivos que le hacen emprender tan largo como arriesgado viaje. Europa, la digna y vieja Europa, sigue siendo enseñoreada en sus principios éticos por la nación que presume de haberla salvado de la barbarie del nazismo. Europa, la digna y vieja Europa, presume, sin embargo, de haber obtenido la compensación de preservar los datos sensibles de aquellos y aquellas que se atrevan a comprobar lo sumamente peligroso que es viajar y vivir en estos tiempos. Aunque, desde nuestra perspectiva europea, estamos convencidos de que los peligrosos son ellos, los que declaran guerras por doquier; los que están promoviendo una brutal regresión de los derechos individuales tan fatigosamente adquiridos. Peor lo tiene México, ese pobre país en cuya extensa frontera ha decidido Mr. Bush edificar un muro ignominioso para protegerse del advenimiento de los "espaldas mojadas", los "pelaos" que huyen de sus siervas y miserables condiciones de vida. Ese muro dicen que costará más millones de dólares que las guerras económicas emprendidas por los yanquis en los últimos tiempos. Como una nueva muralla china confirmará la lastimera letanía histórica: ¡Pobre Mexico, qué lejos estás de Dios y qué cerca de los Estados Unidos!
Todavía, me temo, seremos testigos de nuevos atentados contra las libertades y los derechos humanos. La misma Europa, contagiada por la paranoia americana, tiene miedo por tierra, mar y aire de todas aquellas personas que desde la geografía del hambre amenazan nuestras fronteras.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
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