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Poesía joven de Perú
*Textos y selección de Ricardo Venegas
En los ochenta, y luego de una intensa experiencia con grupos como Kloaca (junto con quienes fundaron la revista Macho Cabrío, en Arequipa), los poetas peruanos se sumergieron en un proceso de individualismo ascendente. Esta tendencia se ha vuelto más homogénea en las recientes generaciones. El aislamiento que apunta a visiones particulares remarca la actualidad de la creación poética peruana. La presente es una reunión de los herederos de César Vallejo, poesía que destila universalidad donde se inscriben Enrique Verástegui, Roger Santiváñez y Domingo de Ramos. Poesía del infortunio como signo distintivo que rememora desde la decapitación del primer Tupac Amaru en el Cusco, hasta la caída sucesiva de palabras de Trilce; también celebra y evoca la espiritualidad de un pueblo con raíces antiquísimas. Raúl Zurita ha escrito sobre la identidad y el temperamento de esta tradición: "Vallejo ve literalmente ‘la letra en que nació la pena’, y lo que nos está diciendo entonces es que en estas tierras el dolor es inextirpable porque está incrustado en las partículas mismas del idioma que debíamos hablar."
Timareo
Ana Varela Tafur
En Timareo no conocemos las letras y sus escritos Y nadie nos registra en las páginas de los libros oficiales. Mi abuelo se enciende en el candor de su nacimiento y nombra una cronología envuelta en los castigos. (Son muchos los árboles donde habitó la tortura y vastos los bosques comparados entre mil muertes.) ¡Qué lejos los días, qué distantes las huidas! Los parientes navegaron un mar de posibilidades lejos de las fatigas solariegas. Pero no conocemos las letras y sus destinos y nos reconocemos en la llegada de un tiempo de domingos dichosos. Es de lejos la ciudad y desde el puerto llamo a todos los hijos soldados que no regresan, muchachas arrastradas a cines y bares de mala muerte. (La historia no registra nuestros éxodos, los últimos viajes aventados desde ríos intranquilos.)
Ana Varela. Iquitos, 1963. Docente y periodista cultural. Perteneció al grupo cultural URCUTUTU. Fue becaria del Programa Aschberg para Artistas de la unesco y de la agencia española aeci. Dirigió la revista cultural Varadero y editó Hojas de hierba. Publicó con Percy Vílchez El sol despedazado. Con Lo que no veo en visiones ganó en 1991 el Premio de la v Bienal de Poesía Premio Copé. En 2000 publicó Voces desde la orilla. Es representante de la amazonia peruana, región marginada por la cultura oficial.
XXIII
Lorenzo Helguero
"Quiero escribir, pero me sale espuma…"
César Vallejo
Escribe con la punta del zapato, escribe lo que sea, pero escribe, escribe con el puño, en arrebato de sapiente animal: almuerza y vive. Mide –opcional– la sílaba y la rima y ordena como quieras tu estructura, llega de un salto a la alcanzable cima de la alada palabra que fulgura. Mira voraz, y sensualmente toca la palabra; colócala en tu boca y engúllela sin sal y con la pluma. Escribe, aunque incomode el nuevo modo escribe con la frente y con el codo: poeta, escribe, y que te salga espuma.
Lorenzo Helguero. Lima, 1969. Estudió Lingüística y Literatura en la Universidad Católica de Perú. Primer Premio de Poesía en los Juegos Florales de la Universidad Católica (1991). Ha publicado los poemarios Sapiente lengua y Boletos (1993), Beissán o el abismo (1996), El amor en los tiempos del cole (2000) y Poeta en Washington D.C. (2004). Uno de los primeros en destacar en la llamada generación poética peruana del noventa. Se desenvuelve por la antipoesía, la ironía, y la vuelta a la tradición.
Inútiles aires que moldean los días
Miguel Ildefonso
entre los bosques de tu sueño se abriga mi alma atado al sol que entre las hojas borra el tiempo ella era una mujer que había mirado siempre pasar el tren desde la puerta de su casa ella sólo soñaba con viajar en algún tren no quería saber hacia dónde se dirigían los trenes que pasaban por la puerta de su casa cuando pasaba el último tren de la noche ella podía soñar que viajaba en el primer tren de la mañana en toda su vida habrá visto cientos y cientos de trenes pasar por la puerta por la ventana o por el espejo de su casa de día los trenes vienen –decían todos de noche los trenes se van– pero para ella todos los trenes se iban sin llevarla ella sólo quería que un tren –cualquier tren– de día o de noche la llevara se había hecho un vestido floreado se había comprado una maleta había imaginado que al voltear un pañuelo blanco se despedía desde el último vagón cuando pasaba el primer tren de la mañana ella quería rogaba que el próximo tren parase en la puerta de su casa pero nunca los trenes pararon ni en la puerta ni en la ventana ni en el espejo y aunque una vez se colocó el vestido y cargó su maleta nunca un tren ni de día ni de noche paró sólo el pañuelo que había bordado en años se fue diciendo adiós por el riel que pasaba por la puerta de su casa vacía
Miguel Ildefonso. Lima, 1970. Estudió Literatura en la Universidad Católica de Perú. Ha publicado Vestigios, Canciones de un bar en la frontera, Las ciudades fantasmas y M.D.I.H.. Ha sido antologado, entre otros, en La generación del noventa y Poesía peruana Siglo xx. Dirige la revista virtual El Malhechor Exhausto. Ha ganado, entre otros, el Primer Premio Poesía Juegos Florales Universidad Católica (1995) y el Primer Premio Copé de Oro Poesía (2002). Sus temas del amor, la soledad, la muerte, buscan emparentarse con sus iconos que vienen de la poesía simbolista, de los vanguardistas, y los beatniks.
Diatriba
Tania Guerrero Sotomayor
Solía odiar sus partes inmortales levantarme en sueños y clavarle la realidad en las sienes, como Nosferatum. Cruzarle las agujas. Sí, también a veces, lo confieso, despertaba su tristeza que desplegaba como contaminante y le ponía petardos de dinamita en sus alas de cernícalo. Sí, jajaja que divertido era todo aquello, ella llorando y yo cagándome de la risa, sus ruleros colgándole y la crema que le chorreaba por el cuerpo. No había nadie. La noche me tragaba como una morsa, me lamía la conciencia y yo le gritaba: ¡Estás jodida Vieja! ¡Estás jodida! ¡Te reventé el secreto! No paraba de reír, es entonces cuando ella levantándose limpiábase los mocos cogía un bastón, quitábase del rostro la crema y los ruleros del pelo, pasaba sobre mi cadáver y entre sollozos se paraba frente al espejo. Era yo.
Tania Guerrero. Huaraz, 1971. Autodidacta y promotora cultural. Ganadora del i Concurso de Poetas Jóvenes de la Región Chavín. Directora de la revista de literatura Aspermia. Ha dirigido varios programas radiales dedicados a la literatura y el rock. Ha realizado encuentros literarios, recitales poéticos y performances como Reinventar el amor (en coordinación con la poeta Carmen Ollé) y Encuentros de Narración Oral Quechua-Castellano. Ha publicado Tiempo kinto. Proviene del norte de Perú, la sierra de Huaraz. En su poesía hay una voz femenina que mete el dedo en sus heridas, en sus silencios. Hay también una suerte de desencantamiento por la pasión.
Ángel de la pérdida
José Carlos Yrigoyen
¿Piensas que vine hasta aquí para buscar santidad, que imagino este lecho un lugar sagrado? Inesperadamente, una tarde de sábado, aparecí yo por este barrio miserable, y entre otros muchachos, más robustos y apuestos, fuiste tú el elegido; así que no busques referencia religiosa a esto, sólo el satisfacer un puro deseo reservado a tu cuerpo curtido en blasfemias: por primera vez, a tu costado, hacer mío el gesto cómplice del ángel que se acuesta y antes de quedarse dormido besa la espalda de aquel a quien desposa.
José Carlos Yrigoyen. Lima, 1976. Estudia derecho en la Universidad de Lima. Ha publicado en diferentes revistas de literatura, así como El libro de las moscas (1997), El libro de las señales (1999) y Lesley Gore en el infierno (2003). Del El libro de las señales, que es un solo poema, se ha dicho que es el "poema más ambicioso de la Generación del ’90". Hay también lecciones de Pound y de Jorge Eduardo Eielson. De este libro se ha dicho también que "integra la intensidad lírica a un marco narrativo y un trasfondo de tensiones dramáticas, con referencias al fascismo, el Holocauto judío y el ‘fin de la historia’ luego de la caída del muro de Berlín".
Muerte lingüística
Alberto Valdivia Baselli Un ejército de palabras sumidas en el espasmo es la muerte. ¿Hablaremos/ detenidamente/ algún avisado/ algún tembleque sabrá/ del espasmo de la sílaba? ¿Compararemos comas, levitaremos el punto a la altura la exclamación dubitará compases y silencios? Una norma rota una antinomia súbita, la agramaticalidad es la muerte. ¿Sufre la palabra retirada/ se distiende de gruesas correcciones/ se agencia de novísimos desgarros en el pleonasmo? Notaremos en la lejanía un peligro de puntos y comas entre vorágines de morfemas impotentes/ lúcidos y destituidos a la pena. Destruiremos/ sin cesar/ el fonema, escribiéndolo. Instruiremos/ con prisa y con angustia/ a la norma en pies quebrados irrumpiremos fácilmente en la grafía/ cerrando los ojos mientras todos hablen de la muerte/ la palabra enmudecerá de dios y el hombre equilibrará con sintagmas su silencio su palabra en blanco temblará sobre presagios y el final y el punto romperán en equidistancia. El abismo de carne que nos evidencia es la mala pesadilla de tu nombre en sus adjetivos sestean frágiles demiurgos en su lengua diminuta nos disforzamos de pronombres/ porque así no evitamos señalar verdad a la distancia. La música de todo espasmo doloroso ha de venir en nombres propios articulados en las fosas de tu boca una a una notas anotadas y temibles letras en la saliva/ de la lengua todos los sinónimos hablan del rescate una a una cada muerte olvida el luto en la homofonía que el silencio provee muerte blanca muerte dental y muerte en la boca que calla. Somos el tatuaje de la lengua/ la legua de la distancia y un renglón ene entre lenguas y leguas que va callándose silencio/ que va forjando suspensivos que corta y quiebra la hilera de latidos un apóstrofo muerde la carne dolida que pronunciada ya no suena. Llueven haches dolorosas a la boca del que muere se cierra en espesura el ojo del hombre que cae/ la voz no dicha discierne las imágenes posibles el hombre muere/ no hay duda de ello/ sólo mudez y anáforas el hombre muere y se debilita en el tiempo y la palabra se muda con el hombre pieles y destinos y música/ muere nadie en la oscuridad ausculta la forma de su voz nadie en ausencia de la lengua descifra la gesta la palabra bajo tierra ha inventado todas nuestras muertes la muerte bajo tierra imagina mayúsculas, gritos/ la muerte cubierta de lenguaje la palabra decide el momento del silencio.
Alberto Valdivia: Lima, 1977. Ensayista, poeta y narrador. Ha publicado Patología y La región humana. Su poesía ha sido incluida en antologías nacionales (Poesía peruana Siglo xx, Copé, 1999) e internacionales como Aldea poética (Madrid, 1997) o International Library of Poetry (Maryland, 2002). Poemas suyos han sido traducidos al inglés, alemán y francés. Ha publicado en diferentes revistas especializadas de Perú, como Evohé, Hydra o Fórnix; y del extranjero, como la revista Tsé Tsé (Argentina). La suya es una poesía reflexiva, de ideas, llena de intuiciones, de fuentes teológicas, filosóficas y esotéricas que pretenden liberar la "región humana" de las antiguas creencias que la encadenan.
Dejo todo hoy
Alexandra Talavera
Dejo Tu Nombre Y El Mío En el árbol de al lado En el parque señalado Y Dejo también En el lugar indicado Las estaciones del año La banca astillada El libro deshojado El suelo calmado El sol extasiado La rama quebrada La noche constelada Con lluvia derramada Sí Hoy Dejo Todo Porque Siento algo De Dentro Para Fuera Que me dice Que tengo que dejar Esta solaz forma de amar Que tu cuerpo No vendrá Que el amor Ya escapó Que La banca La pileta Y El mendigo corazón Están invisibles para ti Para la gente Y Para mí Para el amor En conclusión O viceversa
Alexandra Talavera. Puno, 1983. Autodidacta y promotora cultural de los centros culturales UYARIK ARU y la Casa del Corregidor. Coeditora del boletín De mulas búhos y otros escribientes. Ha publicado en la antología Solamente palabras (España). Joven promesa de la poesía peruana escrita por mujeres. Proviene del sur de Perú, Puno, donde nacieron autores muy importantes como Gamaliel Churata y Carlos Oquendo de Amat. Su poesía trasunta del tema amoroso al existencial. Busca una parquedad o síntesis que ha sido un registro poco desarrollado por la poesía escrita por mujeres.
*www.jornada.unam.mx/2006/09/10/sem-ricardo.html
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Carlos Rivera
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Ars poética
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